Advierten sobre los vaivenes en la evaluación educativa

Desde 1993 no hubo constancia en aspectos claves de la evaluación educativa: cómo evaluar, cada cuánto tiempo, en qué áreas, y cómo difundir los resultados. A partir de 2005, las pruebas perdieron comparabilidad por cambios metodológicos.

FOTO: Ministerio de Educación de la Nación

De acuerdo a la Ley de Educación Nacional, el Ministerio de Educación de la Nación tiene la responsabilidad principal respecto a la evaluación del sistema educativo. Esta tarea, que se realiza a través de pruebas estandarizadas, tiene más de 25 años en el país: se ha mantenido con los diferentes gobiernos desde 1993. Sin embargo, no ha habido constancia en aspectos claves de la evaluación educativa: cómo se evalúa, cada cuánto tiempo, en qué áreas y niveles, de qué manera, y cómo se difunden los resultados. 

Esa es una de las principales conclusiones del informe “La frecuencia de evaluaciones nacionales”, del Observatorio Argentinos por la Educación, con autoría de Silvia Montoya, directora del Instituto de Estadísticas de la UNESCO.

El informe señala cambios en la frecuencia de la evaluación educativa: ha sido anual, bienal y trienal. Entre 1993 y 2000 se realizaron pruebas muestrales anuales en el nivel primario en matemática y lengua. Entre los años 2002 y 2016 se realizaron evaluaciones muestrales en el nivel primario, con frecuencia anual al inicio (2002-2003), luego con frecuencia bienal (2004-2007) y más tarde trienal (2008-2013). A partir de 2005, las pruebas perdieron comparabilidad por cambios metodológicos.

También se ha oscilado entre evaluaciones censales (aplicadas sobre el total de la población objetivo) y muestrales (aplicadas sobre un conjunto de alumnos representativo del total). Desde 1993, la mayoría de los años se implementaron pruebas muestrales en el nivel primario, con excepción del año 2000, cuando se realizó la primera evaluación censal en 6° grado, en cuatro áreas (Matemática, Lengua, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales). Recién en 2016 se retomaron las evaluaciones censales en primaria (2016, 2017 y 2018). En secundaria, en cambio, ha habido evaluaciones censales anuales en el período 1997-2000; diez años después se retomaron con frecuencia trienal (2010-2015), luego anual (2016-2017) y, más recientemente, bienal (2018-2019).

“En el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, a los cuales Argentina adhiere, uno de los desafíos que tiene el país es definir una política de evaluación que permita una dirección clara y el establecimiento de mediciones intermedias para lograr que todos los niños, niñas y jóvenes tengan una educación de calidad”, afirma Silvia Montoya, autora del documento.

El informe señala que ha habido inconstancia en las áreas de estudio y la población objetivo de las pruebas. En secundaria, entre 1993 y 2005 se evaluó solo Lengua y Matemática, mientras que a partir de 2007 se incorporaron –con frecuencia cambiante– Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. En cuanto a la población objetivo, hubo años en que se evaluó solo a los estudiantes del último año de escolaridad, mientras que en otros años también se aplicaron pruebas muestrales en el noveno año de estudio (2°/3° año de secundaria, según la estructura de cada provincia). 

Todas estas variaciones generan poca previsibilidad para los diferentes actores del sistema educativo, plantea el informe. Además, los cambios en metodología que afectan la comparabilidad de resultados, la baja tasa de respondientes en ciertas provincias y las demoras en la difusión de resultados también constituyen desafíos para la política de evaluación.

Los cambios en metodología que afectan la comparabilidad de resultados, la baja tasa de respondientes en ciertas provincias y las demoras en la difusión de resultados también constituyen desafíos para la política de evaluación

Natalia Krüger, investigadora de la Universidad Nacional del Sur y CONICET, sostiene que “la utilidad de la evaluación educativa radica en cuestiones metodológicas que podrían ser mejoradas, como su periodicidad, la comparabilidad entre rondas y la representatividad de las muestras”. Y agrega: “Para extraer el máximo provecho de tan rica y costosa información, es necesario que las bases de datos sean de libre acceso, resguardando la identidad de las escuelas y los alumnos. Esto no siempre ha sido así durante las últimas décadas, lo que afecta la transparencia de los resultados y dificulta la investigación educativa”.

Al respecto, Guillermo Jaim Etcheverry, presidente de la Academia Nacional de Educación, afirma que –dado el tiempo transcurrido desde que el país comenzó a evaluar su sistema educativo– “resulta preocupante el hecho de que no se haya institucionalizado aún en todo el país la realización de estas evaluaciones, con una metodología y una planificación uniformes, ya que ellas son hoy consideradas imprescindibles en la mayoría de los sistemas educativos del mundo”.

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