Argentina necesita un plan educativo a largo plazo

En los últimos años se han desarrollado planes educativos nacionales, con distintos niveles de aprobación y aplicación. El desafío es que no logran consolidarse como políticas de estado más allá de los diferentes gobiernos. Otros países de la región, en cambio, han logrado acordar planes a mediano plazo con metas claras, financiamiento e indicadores de monitoreo.

Contar con un plan educativo a largo plazo con prioridades claras es esencial para generar compromisos que trasciendan los distintos gobiernos. CRÉDITO: C.C. Chapman / Flickr

Educar a una persona lleva al menos unos veinte años, es decir, cinco gestiones de gobierno. Por lo tanto, un solo periodo de gobierno es insuficiente para implementar políticas educativas sostenidas en el tiempo, que permitan mantener un mismo rumbo en el largo plazo.

Contar con un plan educativo a largo plazo con prioridades definidas, metas y estrategias realistas, presupuesto que defina cuánto y en qué se invierte y cuál será la fuente de financiamiento, acciones a ejecutar y responsabilidades, así como una contraparte de monitoreo y evaluación, es esencial para generar compromisos que trasciendan los distintos gobiernos. Ese es el punto de partida del informe “¿Qué planes educativos se intentaron impulsar en la Argentina?”, del Observatorio Argentinos por la Educación.

A nivel mundial, 94 países cuentan con un plan nacional de educación reciente, mientras que en la región son 15 los países con planes multianuales, según datos de UNESCO. El informe del Observatorio describe algunos planes educativos desarrollados en países de América Latina como Brasil, Ecuador, Colombia, México y Perú. Para cada uno de ellos, se identifican las metas, los objetivos, las acciones prioritarias y los indicadores de monitoreo. En varios casos se trata de planes decenales (Brasil, Colombia, Ecuador), es decir, que comprometen a mediano plazo a más de un gobierno. Otros se enmarcan en planes de desarrollo nacional más amplios (Perú, México). Ciertos planes han sido aprobados por el Poder Legislativo (Brasil), otros han involucrado participación ciudadana (Colombia) o han sido sometidos a consulta popular (Ecuador).

Otros países de la región con planes nacionales de educación. Entre 2009 y 2019.

“Algunos planes educativos son de estricta ‘hechura ministerial’, sectoriales; otros han sido resultado de mecanismos participativos que tomaron un tiempo razonable para su expresión y  consolidación; otros son multisectoriales y se enmarcan en planes globales de desarrollo estratégico; y alguno ha sido resultado del debate parlamentario, expresado como ley. Esta condición permite también explicar procesos diferenciales de institucionalización y continuidad“, analiza Nancy Montes, investigadora y docente de FLACSO y especialista de la OEI.

El informe del Observatorio repasa las iniciativas recientes de este tipo en nuestro país, como el Plan Decenal de Educación (2010), el Plan Nacional de Educación Obligatoria y Formación Docente (2012), el Plan Nacional Argentina Enseña y Aprende (2016) y el Plan Maestro (2016). El Plan Decenal, liderado por el ex ministro de Educación Juan Carlos Tedesco desde la Unidad de Planeamiento Estratégico y Evaluación de la Educación Argentina, no llegó a implementarse; mientras que el Plan Maestro tampoco logró convertirse en ley.  

Actualmente rige el Plan Nacional Argentina Enseña y Aprende (2016-2021), elaborado a partir de la Declaración de Purmamarca del Consejo Federal de Educación y aprobado por la la Resolución N°285/16. Este plan fue el resultado de mesas de trabajo con referentes de distintas jurisdicciones y delinea 7 ejes y 14 objetivos para ser cumplidos en su período de duración. 

Guillermo Jaim Etcheverry, presidente de la Academia Nacional de Educación, opinó: “La formulación y el cumplimiento de planes destinados a proporcionar educación de calidad al mayor número posible de nuestros ciudadanos resulta fundamental para saldar nuestra grave deuda educativa. La Argentina ha formulado demasiados planes en el pasado reciente, muchos con metas tan ambiciosas que, de su simple lectura, resulta evidente que serán imposibles de cumplir. Es preciso identificar unas pocos objetivos humildes y poner todo el esfuerzo en que se cumplan en la realidad. Por ejemplo, lograr que todos los estudiantes comprendan lo que leen, adquieran capacidad de abstracción y se ubiquen en el tiempo y el espacio históricos”.

1 Comment

  1. Sabemos que esos objetivos no se han cumplido. El alumno ha llegado a la culminación del nivel terciario con un déficit en comprensión lectora y pensamiento crítico reflexivo. Sólo un 30℅ lo logra.

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