Ariel Fiszbein: “En Argentina ha habido complacencia con respecto a los problemas educativos”

Miembro del Consejo Asesor de Eduprensa y director del Programa de Educación para el Diálogo Interamericano, el especialista reconoce que los bajos rendimientos y la deserción en secundaria son un desafío en toda América Latina. También destaca el rol de una sociedad civil organizada, que permita garantizar cierta estabilidad en las políticas educativas.

Ariel Fiszbein es doctor en Economía y director del Programa de Educación para el Diálogo Interamericano.

Ariel Fiszbein, uno de los miembros del Consejo Asesor de Eduprensa, es director del Programa de Educación para el Diálogo Interamericano, una organización de líderes regionales que elaboró el informe Construyendo una educación de calidad: un pacto con el futuro de América Latina, donde analizaron opciones de política educativa para la región. Es doctor en Economía de la Universidad de California y se especializó en políticas sociales. Desde 1991 trabajó en el Banco Mundial. En esta entrevista, habla sobre los principales retos educativos que enfrenta América Latina y sobre los avances de los últimos años en algunos países que han priorizado la educación.

–¿Cuáles son los desafíos educativos compartidos por la mayoría de los países latinoamericanos?

–Llama la atención cómo, a pesar de las grandes diferencias entre los países, hay tantas cosas en común. El primer desafío, el más obvio, es el bajo rendimiento académico. Hay dispersión dentro de América Latina, en la evaluación regional TERCE se ven diferencias importantes, pero cuando comparamos América Latina con el resto del mundo vemos que sistemáticamente se desempeña peor de lo que se esperaría para su nivel de ingresos y desarrollo económico. Otro tema común es el abandono en el secundario. De manera general, creo que los sistemas educativos latinoamericanos son ineficientes. Ha crecido la inversión educativa en la última década, pero la mejora en los resultados es proporcionalmente mucho menor, tanto en términos de aprendizaje como de graduación. Las tasas de graduación en América Latina son bajas, no solo en secundaria sino también en el nivel terciario. Ahí aumentó muchísimo la tasa de matriculación, pero es un engaño, porque las tasas de graduación son muy bajas. Dependiendo del país, entre 25 y 40% de las personas que empiezan la universidad se gradúan.

–La Argentina tendía a percibirse como una excepción en términos educativos dentro de América Latina. ¿Hasta qué punto eso era así efectivamente? ¿En qué se retrocedió y en qué se avanzó?

–Creo que fue así en su momento, pero ya no lo es. Hace 30 años no teníamos el tipo de datos que existen hoy como para contar con un punto de referencia, pero creo que es indudable que en las últimas décadas Argentina ha perdido ese liderazgo tan fuerte que tenía en América Latina. Y lo vemos en las pruebas, en las tasas de graduación. Uno también ve cosas muy buenas: eso tiene que ver con que es un sistema sumamente desigual. Vas a encontrar “islas” de buen desempeño, algunas grandes, pero el promedio no permite sentirnos especialmente orgullosos.

Cuando uno mira la educación en Argentina y la compara con otros países de América Latina, lo que salta a la vista es que en las últimas décadas ha habido complacencia con respecto a las reformas educativas. Estuvieron orientadas a meterle más plata al sistema y no a un esfuerzo de mejorar realmente la gestión. Eso termina reflejándose en los resultados.

“En la Argentina, en las últimas décadas ha habido complacencia con respecto a las reformas educativas. Estuvieron orientadas a meterle más plata al sistema y no a un esfuerzo de mejorar realmente la gestión”.

–¿Qué hacen los países latinoamericanos que sí están mejorando sus resultados?

–Podemos dejar de lado el caso de Chile, que ya viene desde hace varias décadas con esfuerzos que han llegado a un punto de inflexión, en el que se está cuestionando el futuro de las reformas educativas. Más allá de lo que pienses del modelo chileno, no cabe duda de que la política educativa ha sido una prioridad política de primer nivel en el país. Han hecho inversiones enormes en recursos financieros pero también en recursos políticos, y en ese sentido el contraste con la Argentina es grande.

Brasil tuvo procesos de reforma importantes a nivel federal. Durante los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, con el liderazgo de Paulo Renato Souza, las reformas de financiamiento, medición de la calidad e incentivos sentaron las bases de mejoras importantes, empezando desde un nivel mucho más bajo que Argentina. Durante los gobiernos de Lula eso continuó, con modificaciones. Ahí uno ve que en Brasil, inclusive con el caos político que tienen ahora, la educación sigue siendo un tema importante. Un aspecto muy interesante de Brasil es el rol de la sociedad civil: hay una sociedad civil organizada, con participación del sector privado. Una ciudadanía que no solo demanda, sino que también se organiza institucionalmente para influir y hacer cosas. En esto la Argentina está en pañales, en comparación con países como Brasil o Colombia.

Esto se refleja tanto a nivel de políticas como de programas. Por ejemplo, en el tema de desarrollo de habilidades socioemocionales, gran parte del liderazgo viene de la sociedad civil, en particular el Instituto Ayrton Senna, que tiene centenares de empleados trabajando en programas de desarrollo de habilidades socioemocionales.

“Un aspecto muy interesante de Brasil es el rol de la sociedad civil: hay una ciudadanía organizada, que no solo demanda, sino que también se organiza institucionalmente para influir.”

Colombia es otro país que ha tenido un compromiso político importante en educación. En educación preescolar hay una organización que se llama AEIOTU, financiada por una fundación privada que pertenece a la mayor cadena de supermercados del país. AEIOTU atiende directa e indirectamente a 70.000 chicos, desarrollando currículum y materiales propios, que el Estado incorpora en sus escuelas.

Otro caso interesante es Ecuador, donde tuvieron el coraje político de hacer cosas difíciles. Ellos reformaron el sistema de formación docente, cerraron institutos, elevaron los criterios para ser admitido y las calificaciones necesarias para poder estudiar docencia. También subieron los sueldos. Estas son historias de coraje político, mientras que en Argentina hay una sensación de complacencia con la problemática que enfrenta. El país tiene una enorme dificultad para tomar decisiones complicadas y gestionar el sistema educativo.

–¿Qué importancia tiene la continuidad de los ministros de Educación para poder sostener una reforma?

–Javier Corrales, profesor en Williams College, hizo un trabajo sobre la duración de los ministros hace unos 20 años. Nosotros lo actualizamos y vimos divergencia en las tendencias. En Chile, por ejemplo, ha caído la rotación de los ministros. El promedio para América Latina es de alrededor de dos años. En general los procesos de reforma han estado asociados a ministros que duraron. Renato Souza fue ministro durante dos períodos presidenciales en Brasil. Cecilia María Vélez, en Colombia, estuvo dos períodos presidenciales. Leonardo Garnier que impulsó una reforma interesante en Costa Rica, estuvo varios años. Ahí hay un factor para tener en cuenta. También es importante el perfil de los ministros, en qué medida es el “premio consuelo” o es un cargo con proyección importante.

“El promedio de duración de un ministro de Educación en América Latina es de alrededor de dos años. En general, los procesos de reforma han estado asociados a ministros que duraron”.

–Con los cambios de gobierno, la política educativa también sufre cambios de orientación.  ¿Es posible lograr un acuerdo político transversal a los partidos para hacer de la educación una política de Estado?

–Indudablemente, si hay cambios políticos importantes, se van a reflejar en las políticas públicas en el sector educativo. Eso es parte de vivir en democracia. Al mismo tiempo, uno aspiraría a que hubiera ciertas políticas de Estado en las que no hubiera giros de 180 grados. Hay dos modelos: uno basado en acuerdos sociales amplios, y otro que se apoya en acuerdos tecnocráticos de élite. Cuando hay una sociedad civil organizada y fuerte –y los medios tienen un rol importante en ese sentido–, eso ayuda a evitar vaivenes muy grandes, estabiliza las decisiones a nivel político. Creo que es interesante ver, en este momento tan duro de transición política en Brasil, cómo la sociedad civil sigue trabajando para mantener los esfuerzos en el sector educativo. Por otro lado, el modelo más elitista-tecnocrático funciona por ejemplo en Perú, un país que ha tenido bastante inestabilidad política. Sin embargo, en los últimos diez años, el Ministerio de Educación se ha mantenido en su gestión. Hay un equipo técnico y rotan los ministros, pero no llegan y tiran todo por la borda.

Descargá el informe “Construyendo una educación de calidad”

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