En busca del “leapfrog”: un salto cualitativo para la reforma educativa

En inglés quiere decir "salto de rana". Se refiere a la posibilidad de lograr un progreso rápido en educación, que permita enfrentar tanto las desigualdades del presente como la incertidumbre del futuro. Rebecca Winthrop, miembro del Consejo Asesor de Eduprensa, explica por qué los sistemas educativos deben abordar ambos desafíos a la vez.

Rebecca Winthrop es doctora en Educación y directora del Centro para la Educación Universal de Brookings (Washington DC, Estados Unidos). Su investigación se enfoca en los desafíos de la educación en el mundo en desarrollo, especialmente en la mejora en la calidad de los aprendizajes y las habilidades para niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.

En esta entrevista, Winthrop –miembro del Consejo Asesor de Eduprensa– explica un concepto en el que ha estado trabajando recientemente: la necesidad de que las reformas educativas permitan un “leapfrog“, un salto cualitativo o progreso rápido (en inglés, literalmente, un “salto de rana”), para poder enfrentar a la vez las inequidades del presente y los desafíos inciertos del futuro.

–¿Qué deben hacer los sistemas educativos que quieren dar ese “salto de rana” (leapfrog)?

–Nos enfocamos en esta idea de leapfrog por dos problemas que detectamos a nivel global. Los denominamos inequidad de habilidades e incertidumbre de habilidades. En la mayoría de los países del mundo, la desigualdad en las habilidades es el gran problema de la educación actual. Muchos chicos quedan excluidos, mientras otros reciben una educación de calidad. Y el ritmo del cambio es muy lento. Hemos realizado una investigación en la que encontramos lo que llamamos una “brecha de 100 años”: llevará décadas, si no un siglo, lograr que los chicos más pobres del mundo accedan a una educación de calidad, aprendan habilidades, progresen académicamente, en los sistemas educativos actuales.

El segundo problema, referido a la educación del futuro, es la incertidumbre con respecto a las habilidades, que afecta a todos los chicos y a todas las escuelas, independientemente de sus condiciones actuales. El mundo del trabajo y los problemas sociales están cambiando muy rápido. Es difícil saber cuáles serán las habilidades más importantes para los chicos en un futuro incierto para el trabajo y el ejercicio de la ciudadanía. Lo que sí sabemos es que las habilidades propias de las materias básicas no son suficientes. Los estudiantes necesitan contar con habilidades del siglo XXI: aprender a aprender, empatía, resolución de problemas o creatividad.

El primer problema afecta la educación del presente; el segundo, la educación del futuro. Muchas personas (políticos, padres, docentes) dicen: “No podemos enfrentar los dos al mismo tiempo”. Pensemos por ejemplo en la provincia de Buenos Aires, que tiene una tasa de deserción del 50% en secundaria, y donde el 75% de los alumnos que sí están en la escuela obtienen bajos resultados de aprendizaje en Lengua y Matemática. Parece lógico pensar: “No me hables de las habilidades del siglo XXI, primero tengo que poder retener a mis alumnos y lograr que aprendan los conocimientos básicos”. Creo que esa aproximación es equivocada, y solo serviría para ampliar las brechas. Por eso llegamos a la idea de explorar innovaciones desde este concepto de leapfrog. La pregunta es cómo abordamos a la vez la inequidad y la incertidumbre de habilidades.

“El mundo del trabajo y los problemas sociales están cambiando muy rápido. Es difícil saber cuáles serán las habilidades más importantes para los chicos en un futuro incierto para el trabajo y el ejercicio de la ciudadanía.”

–¿Cómo definís el concepto de leapfrog?

–Creo que la traducción al español más apropiada sería “salto de rana”. Este concepto no es un heurístico dominante en educación, aunque sí en otras disciplinas. En un sentido coloquial, se refiere a un progreso rápido, que se salta etapas. Pensemos por ejemplo en las telecomunicaciones en África. En Estados Unidos y Europa, primero se expandieron los teléfonos de línea, se tendieron los cables por el territorio, y luego llegaron los celulares. En África no necesitaron pasar por esa etapa de teléfonos de línea, saltaron directamente a los celulares, en un proceso que es mucho más rápido y más efectivo.

En educación, lo pensamos de un modo ligeramente distinto. Tenemos los sistemas de escolarización masiva, que responden a una idea “nueva”: que todo chico tiene derecho a ir a la escuela y aprender a leer y escribir. Es una idea muy revolucionaria, que no tiene más de 200 años. La idea de leapfrog no implica deshacernos de esta idea, sino preguntarnos, dentro de estos sistemas educativos masivos, cómo transformamos dos cosas: qué aprenden los estudiantes, y cómo lo aprenden. Cualquier iniciativa que sirva para enfrentar simultáneamente estos dos problemas de manera más rápida se inscribe dentro del concepto de leapfrog.

–¿Cómo puede un gobierno planificar la educación a largo plazo, en medio de esta incertidumbre con respecto al futuro?

–Si les damos a los jóvenes la capacidad de aprender cosas nuevas, es decir, la habilidad de aprender a aprender, podrán superar los desafíos que se les presenten. En Brookings hicimos un estudio en más de 100 países en el que, a partir de las políticas públicas y las currículas, relevamos cuáles son las habilidades que los gobiernos consideran necesarias en un mundo cambiante. Encontramos que el 75% de los países están enfocados en habilidades académicas básicas y en las habilidades para el siglo XXI. Entre estas últimas, las más frecuentes son pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas y trabajo colaborativo. No son las únicas, pero sí las cuatro más importantes, que les permitirán a los chicos adaptarse rápidamente en el futuro.

“El 75% de los países están enfocados en desarrollar habilidades académicas básicas y en las habilidades para el siglo XXI, sobre todo pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas y trabajo colaborativo.”

Nos sorprendió encontrar este abanico de habilidades como objetivo de la política educativa en el 75% de los países que estudiamos. No sabíamos que este enfoque había arraigado tan profundo. Sin embargo, solo el 14% de los países tenía una idea clara o un plan concreto sobre cómo desarrollar ese abanico de habilidades a lo largo del tiempo, mientras un chico avanza en su trayectoria educativa. Hay un deseo muy grande por encontrar maneras de implementar este enfoque. Una de las cuestiones que exploramos con esta idea de leapfrog es ver qué podemos aprender de las innovaciones educativas.

Para la investigación hicimos dos cosas: por un lado, revisamos investigaciones; por el otro, relevamos el panorama de innovaciones educativas a nivel global, y armamos un catálogo con 3000 innovaciones. En líneas generales, este camino de leapfrog tiene dos partes: los elementos centrales, referidos a cuestiones que es imprescindible cambiar para poder transformar la educación, y los elementos de apoyo.

Descargar la tabla en formato pdf

–¿Cuáles son esos elementos en los que es necesario innovar para lograr un progreso rápido?

–Entre los elementos centrales, el desafío es avanzar hacia una enseñanza y aprendizaje cada vez más centrados en el estudiante. El modo tradicional de enseñanza es la clase magistral, en un aula, enfocada en que los alumnos entiendan y recuerden los conceptos. Si a eso se le agregan instancias más interactivas, por ejemplo discusiones en grupo entre los alumnos, eso los ayudará a poder aplicar los conceptos y analizar. Pero además, es necesario dar lugar al aprendizaje lúdico, que permite que los chicos exploren, hagan preguntas, experimenten. Esto se puede introducir de muchas maneras, por ejemplo, trabajando por proyectos.

Por otro lado, es fundamental transformar el modo en que se reconoce el aprendizaje, tanto dentro de la escuela (a esto lo llamamos progresión) como afuera (verificación). Normalmente, la progresión en la escuela se reconoce de manera predeterminada, por medio de exámenes. La idea es avanzar hacia modos más individualizados de evaluación, donde se respeten los tiempos de cada alumno. La verificación, en cambio, tiene que ver con el reconocimiento del aprendizaje fuera de la escuela, por parte de otros actores de la sociedad (por ejemplo, los empleadores). Típicamente, son las instituciones educativas las que certifican qué es lo que un chico sabe hacer: los diplomas son indicadores de las competencias de una persona. Pero también es posible pensar en modelos regidos por la industria, donde los empleadores o las instituciones terciarias tengan un rol más importante en la certificación de las competencias de los egresados de secundaria.

“El desafío es avanzar hacia una enseñanza y aprendizaje cada vez más centrados en el estudiante. Es necesario dar lugar al aprendizaje lúdico, que permite que los chicos exploren, hagan preguntas, experimenten”.

Entre los elementos de apoyo, es importante contar con una mayor diversidad de personas y de espacios de aprendizaje. En promedio, por cada docente las escuelas cuentan con 0,5 profesionales de apoyo. Mientras que, en salud, por cada médico hay 5 profesionales. Los docentes están sobrecargados: es importante aliviar esa sobrecarga, por ejemplo con miembros de la comunidad que se acerquen a la escuela para compartir sus saberes. Hay muchos ejemplos interesantes sobre cómo los padres, o los alumnos de años superiores, pueden ser educadores muy efectivos al participar de la vida escolar.

Los otros elementos de apoyo son la tecnología y los datos: aquí el desafío es orientarlos cada vez más hacia los resultados. No sirve introducir la tecnología en procesos de enseñanza analógicos, que es lo que suele hacerse, particularmente en América Latina. Hay investigaciones que señalan que las nuevas tecnologías están siendo utilizadas de maneras que refuerzan los modos tradicionales de enseñanza-aprendizaje. Lo mismo con los datos: es fundamental empezar a usarlos no solo para cumplir con requerimientos administrativos, sino para transformar las experiencias de aprendizaje.

Sé el primero en comentar

Su dirección de correo no será publicada.


*