Comunidades de Aprendizaje: transformar la escuela a partir del diálogo

Las interacciones respetuosas y el diálogo son el centro de este modelo pedagógico, plantea la pedagoga brasileña Adriana Fernandes Coimbra. A partir de un clima de altas expectativas, la "queja" se reemplaza por la colaboración entre familia y escuela. El disparador: una invitación a soñar entre todos una escuela nueva.

Adriana Fernandes Coimbra Marigo es una pedagoga brasileña especializada en el modelo de Comunidades de Aprendizaje.

“Las interacciones y el diálogo son fundamentales para el aprendizaje”, define la psicóloga y pedagoga brasileña Adriana Fernandes Coimbra Marigo, investigadora especializada en Comunidades de Aprendizaje, la propuesta pedagógica que aplican varias provincias argentinas con el apoyo de CIPPEC y del instituto Natura.

Fernandes Coimbra Marigo es psicóloga de la Universidad de Uberaba (en Minas Gerais, Brasil) y doctora en Educación de la Universidad Federal de San Carlos (UFSCar, en São Paulo). En su visita a la Argentina, conversó con Eduprensa sobre el modelo de Comunidades de Aprendizaje, que actualmente se implementa en 68 escuelas en las provincias de Salta (21), Santa Fe (26), Chaco (11), Corrientes (5) y en el municipio bonaerense de Pilar (5). Las escuelas son de todos los niveles educativos y de diversas modalidades.

–¿Cómo cambia el funcionamiento cotidiano de las escuelas que implementan el modelo de Comunidades de Aprendizaje?

–Cambian hacia una organización democrática. La participación de la comunidad es fundamental: familiares, voluntarios que no necesitan ser académicos; puede participar cualquier persona que tenga altas expectativas con los alumnos y alumnas. Cambia el clima escolar: se transforma en un clima de altas expectativas. Se supera la queja de los profesores, algo que es muy común en las escuelas, porque hay más personas involucradas en las acciones.

–¿Han realizado mediciones de impacto en los aprendizajes?

–Una característica fundamental de la propuesta de Comunidades de Aprendizaje es que se sustenta en evidencia científica, publicada en función de los criterios de la comunidad científica internacional. Estas investigaciones encuentran que las escuelas están logrando los mejores resultados de aprendizaje, que van de la mano con interacciones más respetuosas, algo que es clave en la propuesta. Las interacciones y el diálogo son fundamentales para el aprendizaje. Por eso recreamos un contexto de interacciones y diálogo que beneficie los aprendizajes, no solo de los contenidos escolares (lenguas, matemática, ciencias) sino también de los valores sociales y éticos. Las pruebas oficiales de evaluación muestran los buenos resultados de las escuelas que forman parte de este modelo.

“Las interacciones y el diálogo son fundamentales. Por eso recreamos un contexto de interacciones y diálogo que beneficie los aprendizajes, no solo de los contenidos sino también de los valores sociales y éticos”

–¿Qué feedback reciben de las escuelas que implementan este modelo?

–En la investigación que hacemos hay participación de todas las partes: maestros, alumnos, familias, voluntarios. Ellos dicen que hay un cambio importante en la escuela, en las interacciones, en las relaciones familiares y en las relaciones con los pares. Estamos en una sociedad súper competitiva: la propuesta estimula que los alumnos dejen de competir y favorece una lógica de colaboración, de solidaridad. Hay un clima de confianza entre todos y todas, hay un sentido nuevo para la escuela. Los niños van a la escuela con otra mirada, porque ahí encuentran apoyo, pueden hablar sin miedo. Esto los fortalece para dar continuidad a sus estudios y llegar a la universidad, algo que antes no se les ocurría, porque muchos vienen de familias muy pobres que viven en barrios vulnerables, donde quizá las expectativas son otras.

Cambia el clima escolar: es un clima de altas expectativas de todas las partes. En algunos casos los papás no tenían altas expectativas acerca de sus hijos, y cuando entran a estas escuelas y se encuentran con personas que sí creen en las capacidades de los niños y niñas, entonces la mirada de los familiares también cambia. Empiezan a ver que es posible llegar a la universidad, soñar con otras cosas. Ese cambio se inicia en la escuela pero atraviesa los muros de la escuela y alcanza a las familias y al barrio.

–¿Cuáles son los pasos para que una escuela implemente el modelo de Comunidades de Aprendizaje?

–Empezamos presentando la propuesta a los profesionales de la escuela, porque tienen que tener muy claro el modelo y cuál es su papel. Tienen que tomar la decisión, porque es una elección, no una imposición de la secretaría o el ministerio. Es una elección del profesorado de la escuela. Después hay una sensibilización, cuando los profesionales entran en contacto más próximo con las teorías, los resultados y cómo funciona el modelo. Después hablamos acerca de eso también con los familiares, para que ellos también puedan hacer su elección. Por parte de los familiares, es muy probable que lo elijan. Nunca he viso a un familiar que se oponga a este modelo.

Después de la decisión, empiezan las acciones: hay tertulias con libros clásicos, hay grupos interactivos, la vida de la escuela se transforma. Y poco a poco los maestros van internalizando el modelo, conociendo las teorías con mayor profundidad. La comunidad sueña la escuela que quiere tener, junto con los maestros y maestras. Pueden soñar por ejemplo con talleres para alfabetización de los papás y mamás, o con más actividades, o más libros. Luego se organizan comisiones mixtas de trabajo para buscar la concreción de esos sueños; allí se planean las acciones necesarias. En estas comisiones hay participación de los familiares, no solo de los profesionales. De esa manera todos se comprometen con la realización de estos sueños: la escuela, la familia y los voluntarios caminan en la misma dirección. Hay evaluaciones continuas acerca de los resultados, si se están logrando esos sueños o no. Eso poco a poco va habilitando el diálogo con respeto y la escucha a las personas de la comunidad.

“La comunidad sueña la escuela que quiere tener, junto con los maestros y maestras. Luego se organizan comisiones mixtas de trabajo para buscar la concreción de esos sueños”

–¿Cómo funciona el rol del director en estas comunidades?

–El papel del equipo directivo es fundamental. Es un liderazgo compartido entre muchas personas, con el profesorado pero también con la comunidad. Las personas de la dirección de la escuela organizan una comisión gestora, con representación de cada comisión mixta. Si, por ejemplo, la escuela decide que uno de los sueños es mejorar el aprendizaje, se forma una comisión para eso; otra comisión puede ser para buscar voluntarios; otra, para pensar en la convivencia. Ahí hay tres comisiones diferentes, que deben ser compuestas por un maestro, un estudiante, un familiar y un voluntario. Cada comisión tiene un representante rotativo que está en contacto más directo con la coordinación de la escuela, para que esta coordinación acompañe lo que pasa en la escuela. Entonces la coordinación es compartida.

–¿El modelo se aplica en escuelas públicas y privadas?

–Las Comunidades de Aprendizaje pueden aplicarse en cualquier tipo de gestión y en distintos contextos sociales. A veces en los contextos más vulnerables hay más problemas porque las familias trabajan mucho, entonces hay dificultades para acompañar a sus hijos. O no tienen formación académica, entonces hay muchas dificultades entre la escuela y los familiares, y eso se va profundizando a medida que avanza la escolarización. Este modelo ofrece una respuesta para esa brecha que se da a veces en los contextos más vulnerables. En general tenemos una queja de la escuela de que las familias no participan, no apoyan. En esta propuesta, en cambio, hablamos mucho de cómo debe ser el diálogo con las familias. Tradicionalmente, cuando las familias son llamadas a la escuela, es para que los maestros se quejen de sus hijos. Aquí no: llamamos a los familiares para pensar juntos cómo superar los desafíos de aprendizaje que tenemos en la escuela.

–¿Puede haber aprendizaje en el aula sin diálogo con las familias?

–El diálogo y las interacciones son clave en esta propuesta. En nuestra sociedad no aprendemos solamente en la escuela, sino en todos los sitios: en la calle, en las iglesias, en las familias. En esta propuesta son importantes todas las interacciones, en el sentido de promover el máximo aprendizaje. El diálogo no es mera conversación: es un diálogo donde se puede argumentar con evidencias, con respecto a la posición de la otra persona, sin perder de vista el sentido de la escuela, que es promover el aprendizaje.

En los barrios vulnerables, hablamos con los familiares sobre la importancia de que se involucren en la educación de sus hijos para que ellos tengan un futuro diferente. Es un diálogo igualitario, horizontal. Los profesores hablan de sus conocimientos, y las personas de la comunidad y los familiares también hablan de sus conocimientos. Hay aportes de las dos partes. No es fácil, porque no siempre escuchamos a las personas con conocimientos más prácticos, que no tienen titulaciones académicas. A veces no le prestamos mucha atención a lo que dicen, no lo tenemos en cuenta. La propuesta implica un cambio en la propia actitud de los profesores. Así los familiares se van sintiendo más cómodos para adentrarse de a poco en la escuela y participar.

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