Cristina Gómez: “El peor favor que le puedo hacer a un chico es no exigirle”

Candidata al Global Teacher Prize 2019, esta profesora de Rosario enseña en barrios vulnerables expuestos a la violencia y defiende la necesidad de mantener la "vara alta" para los estudiantes de contextos vulnerables. Su convicción: una educación de calidad es la mejor herramienta para romper el círculo de la pobreza.

En sus clases, María Cristina Gómez utiliza programas de juegos como Kahoot, con contenidos que produce ella misma para las distintas materias que enseña.

María Cristina Gómez se recibió de profesora en 1985 y, desde entonces, transitó todos los niveles del sistema educativo (menos el jardín de infantes). Es docente de Historia, Formación Ética, Ciudadanía y Sociología en las escuelas N°572 El Ceibo y Santa Margarita, en Rosario, y acaba de quedar entre los 50 finalistas al Global Teacher Prize, el premio al “mejor maestro del mundo” que se entregará en Dubai en marzo de 2019.

María Cristina trabaja en barrios vulnerables de Rosario, donde la violencia asociada al narcotráfico es una amenaza constante. Ese contexto la llevó a desarrollar estrategias que lograran quebrar el círculo vicioso del fracaso escolar y la deserción. Entre otras actividades, trabaja como mediadora en la Fundación Fonbec e impulsa el Modelo de Naciones Unidas a través de Asociación Conciencia Rosario. Además, creó la página www.profecristinablog.com como herramienta de trabajo para agilizar las clases, ayudar con las tareas y motivar a los alumnos, ayudándolos a encontrar material educativo adicional a través de sus teléfonos celulares.

Si llegara a ganar el premio de un millón de dólares que ofrece Fundación Varkey, María Cristina planea utilizarlos para fortalecer su proyecto “Polo Educativo Rosario”: “Tiene que ver con recoger las experiencias innovadoras que hay en las escuelas periféricas. Quiero darle forma, hacer investigación, publicar, difundir las buenas prácticas y llevarlas a otras escuelas que lo necesitan, las de zonas vulnerables de Rosario pero también las de todo el país. En las escuelas hay mucha necesidad de recibir nuevas experiencias, metodologías, estudios de casos”.

María Cristina trabaja en barrios vulnerables de Rosario, donde la violencia asociada al narcotráfico es una amenaza constante. Ese contexto la llevó a desarrollar estrategias para quebrar el círculo vicioso del fracaso escolar

–¿Cómo es el contexto en el que trabajás?

–El contexto es difícil, sobre todo en una de mis escuelas. Pero uno cuando entra al aula se olvida de eso, piensa en cada chico en particular. Y de hecho todo lo que hacemos es para que el contexto no influya, para que dentro de la escuela tengan otras oportunidades y otros intereses que hagan que cualquier oferta de afuera no tenga cabida. Por eso siempre he tratado de trabajar con programas de alta exigencia educativa, como el Modelo de Naciones Unidas. Es un proyecto enorme, trabajás todo el año, en varias materias. Eso hace que el chico tenga que estudiar como nunca, con unas ganas enormes de representar el país que le tocó. Eso hace muy atractivo lo que sería normalmente tedioso: estudiar mucho. Lo hacen con un gusto enorme.

–¿Cómo hace la escuela para competir con la propuesta del narcotráfico, que puede resultar más atractiva en lo inmediato?

–Se compite con valores, con estímulo, ofreciendo cosas diferentes. Se consigue haciendo alianzas entre la escuela y la sociedad civil, a través de ONG. La escuela está en el territorio, entonces uno tiene que buscar alianzas con la sociedad civil del territorio. Porque la educación es un asunto de todos. Nosotros en la escuela podemos aportar algo importante, pero el primer educador de un chico es su familia. Es importante recuperar la alianza entre la familia y la escuela, que los papás de los chicos vean que la exigencia o que los valores que proponemos desde la escuela tienen un correlato en el futuro, y que acompañen la labor de la escuela. Antes había una coherencia entre la escuela y la familia, ahora eso no pasa.

Creo que hay que seguir apostando a las actividades que tienen que ver con mostrarle al chico que el estudio importa, que también se puede avanzar estudiando, y mostrarle elementos nuevos que le puedan resultar atractivos. Por ahí no se enganchan con la materia pero sí se enganchan con un buen profesor, con alguien que los lleve a las Olimpíadas de Matemática, o a los programas de acercamiento a las empresas como los de Junior Achievement. Hay mucha oferta de cosas muy atractivas que deben entrar más a la escuela. En los sectores acomodados entran, pero no tanto en las escuelas de mayor vulnerabilidad. Eso requiere también cambiar el chip del docente: tener coraje para implementar estas metodologías, y que las instancias administrativas de los ministerios de Educación sean flexibles para que sea más fácil participar. Los recursos están. Creo que hay que ser creativo y armarse de paciencia para poder ponerlos en práctica.

“Todo lo que hacemos es para que el contexto no influya, para que dentro de la escuela los estudiantes tengan otras oportunidades y otros intereses que hagan que cualquier oferta de afuera no tenga cabida”

 

–¿Cómo surge la idea del blog?

–El blog, que ahora es una página, empezó con la idea de poder proporcionarles a los alumnos unos contenidos que en general no estaban a su alcance, porque no tienen libros o porque no les resultan atractivos. Entonces se trata de darles un apoyo con soporte tecnológico. En la página web yo voy publicando videos, actividades, y también se publica lo que ellos hacen. Además, permitió que superáramos el problema de los celulares, que siempre es tan complicado en la escuela. El celular dejó de ser el enemigo para ser parte de la solución. Ahora vamos a buscar la información del blog desde los celulares. Y eso porque en la Escuela Santa Margarita no tenemos wifi. Es una escuela parroquial; cuando fue Conectar Igualdad nosotros no recibimos nada, porque somos una escuela privada, pero en realidad tenemos condiciones de mayor necesidad que una escuela de gestión pública del centro, adonde van estudiantes de un nivel socioeconómico mucho más acomodado que seguramente tienen computadoras en casa.

–Ciertos programas educativos “compensatorios” a veces desestiman la calidad educativa en contextos de vulnerabilidad social. Vos sos una defensora de la exigencia. ¿Por qué?

–Yo no estoy para nada de acuerdo con esas corrientes. Creo que el peor favor que le puedo hacer a un chico es no exigirle, no pedirle que se supere. Miremos a Messi, por ejemplo: él practica todos los días incluso aquello que le sale bien. Tiene una conducta de trabajo y de esfuerzo. Yo aspiro a lo mismo para mis chicos. Pareciera que se subestima a los chicos que están en barrios más humildes o que tienen menos oportunidades. La mejor oportunidad que yo les puedo dar es que tengan la mejor educación posible, que les permita romper el círculo de la pobreza o de la situación social que les tocó vivir y que no eligieron.

Si yo no pongo esa vara alta, para que el chico sea fuerte, resiliente, para que pueda salir adelante, cuando termine la secundaria –si es que la termina– no le va a ir bien en el trabajo, porque quizá no va a tener los hábitos necesarios, no va a saber hacer las operaciones básicas de matemática, no va a saber interpretar un texto. Le tengo que dar herramientas para la vida, para el trabajo y para que sea un ciudadano libre que pueda elegir. Si yo bajo la vara pensando que no van a salir adelante, no llegamos a nada. Muchos de mis ex alumnos ya están terminando sus carreras, insertados en empresas excelentes. Hemos buscado apoyarlos, porque para exigirles también hay que buscar apoyos. A los que se destacaban y tenían dificultades económicas les hemos conseguido becas para acompañarlos en su tránsito por la secundaria y la universidad.

“Pareciera que se subestima a los chicos que están en barrios más humildes o que tienen menos oportunidades. La mejor oportunidad que yo les puedo dar es que tengan la mejor educación posible, que les permita romper el círculo de la pobreza”

–Estás participando en un premio que busca jerarquizar a los docentes. ¿Cómo ves hoy el rol docente en Argentina y qué se puede hacer para mejorar el prestigio de los maestros?

–Creo que cuando uno quiere mejorar, tiene que empezar por casa. Yo soy docente y veo que la educación está en crisis. Nosotros como parte importante del sistema también tenemos que mirar hacia adentro y ver en qué cosas estamos fallando. No somos actores inocentes; no es que el sistema va mal y nosotros somos maravillosos. Yo creo que por un lado el docente no tiene incentivos para mejorar, aunque muchos lo hacen igual. Para ascender en la carrera, o en lo que debería ser una “carrera docente”, por ejemplo, la formación está subvaluada frente a la antigüedad. ¿Qué incentivo tiene un chico joven, un profe que hace 5 años que está ejerciendo la profesión, para seguir formándose? Si cuando va a un concurso le van a puntuar más la antigüedad que un posgrado. Yo voy a un concurso y tengo más puntos porque soy más vieja. No debería ser así. Eso va depreciando el rol docente. La formación también tiene que mejorar, porque se ha ido deteriorando, igual que la escuela secundaria.

–¿Algún alumno que recuerdes especialmente de estos 30 años de docencia?

–Tengo muchas historias. Siempre digo que tenemos que mostrarlas para que los chicos vean que se puede. Por ejemplo, hay una alumna de hace no mucho tiempo, que llegó a mi escuela para repetir tercer año, después de haber sido “invitada” a retirarse de otras dos instituciones donde no la dejaban repetir. Una chica que terminó con casi 20 años la secundaria. Cuando la tuve, le di la oportunidad de que viniera al Modelo de Naciones Unidas. Muchos me decían: “¿Te vas a llevar a esta chica, que es repetidora?”. Pero en mis clases era muy buena, opinaba con mucho criterio y tenía buena actitud. La llevé y quedó fascinada; al año siguiente volvió a ir. Los chicos que van a ser “autoridades” en el Modelo pasan por una serie de exámenes muy exigentes. Ella y otra compañera fueron autoridades al año siguiente. La chica se transformó completamente. Ahora tiene una beca del programa Escalar (Programa de Acompañamiento a la Educación Superior) y hace dos meses entró a trabajar en una empresa muy importante vinculada con la carrera que está estudiando, Recursos Humanos. Nadie apostaba nada por esa nena, y mirá.

–¿De qué se trata el trabajo de “educación por la paz” en el que participa tu escuela?

–Son distintos colegios de Rosario los que trabajan en el programa de Educación por la Paz, sobre todo escuelas que están más expuestas a la violencia. Este año hicimos la primera Expo Edupaz, con 7 escuelas del cordón de Rosario. Todas mostraron sus acciones por la paz. Eso es enorme, es el trabajo comprometido de docentes y chicos por cambiar verdaderamente esta cultura de violencia. Por iniciativa de los chicos, una de las instituciones nos regaló a cada una de las escuelas una bandera de la paz pintada por los alumnos. El símbolo es el siguiente: cuando en la escuela se arría la bandera argentina, hasta el día siguiente se sigue viendo, desde muchos lugares, el mástil de la escuela. Al arriar la bandera argentina, ellos ponen en el mástil la bandera de la paz, para que hasta el día siguiente todos vean, desde lejos, el símbolo de la paz. Creo que hay que seguir difundiendo eso: la cultura de la fraternidad, hacer por otro lo que a mí me gustaría que hicieran por mí. Esa es la regla de oro: no solamente evitar el mal, sino dar el primer paso. Ser el primero en comprender, el primero en dar la mano, el primero en sonreír a la mañana cuando llegamos. Todo eso es construir la paz.

 

 

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