Daniel Córdoba: pasión por la Física

Desde hace 26 años, el profesor Daniel Córdoba coordina todos los sábados un taller de Física en la Universidad Nacional de Salta que ya es un clásico. Este año, 8 de sus alumnos fueron admitidos en institutos de excelencia para seguir carreras científicas.

Daniel Córdoba es profesor de Física e investigador en Enseñanza de la Física en la Universidad Nacional de Salta (UNSa).

Daniel Córdoba es casi una leyenda en Salta. Su taller “Física al alcance de todos” logra convocar todos los sábados a 230 alumnos de la capital provincial y sus alrededores: todos ellos, jóvenes contagiados de la pasión por la Física que Daniel enseña desde hace más de 25 años. La de Daniel es una historia de convicción docente y resistencia: durante años, el taller de los sábados fue “clandestino”, sostenido sin el apoyo de las autoridades –y sin pedir permiso– en un aula de Universidad Nacional de Salta (UNSa).

El taller arrancó en 1991 como una actividad de extensión del Instituto de Educación Media de la UNSa. En 1995, los directivos decidieron cerrarlo por considerarlo una actividad “elitista”, aunque Daniel señala que el taller era, por el contrario, un espacio donde los alumnos se “reciclaban”: “La mayoría eran chicos que pasaban de estado gaseoso a sólido, sin escalas intermedias, en lo que se refiere a estudios y logros”. Al encontrarse con la Física fuera del espacio escolar, los estudiantes lograban conectarse con la disciplina desde su curiosidad: ahí radica una de las claves del éxito del taller.

“Los sábados iba a jugar al fútbol al predio de la Universidad. Un día me di cuenta de que no pedía permiso para usar las canchas; los sábados había solo dos serenos. Entonces se me ocurrió: si nadie pide autorización para usar las canchas de fútbol, también podría utilizar las aulas sin pedir permiso, y eso hice: me instalé con mi taller, con autorización exclusiva de los padres”, recuerda Daniel, orgulloso de haber sostenido un proyecto que “nació en el aula, no en el escritorio de un funcionario”.

“Comencé con dos estudiantes. A veces no venía nadie, pero paulatinamente el taller ‘clandestino’ fue creciendo, ya no con alumnos del Instituto, sino de otras escuelas”, cuenta el profe Córdoba, designado “Ciudadano destacado” de Salta por su trabajo ad honorem en el taller. Con el tiempo, la matrícula se multiplicó por 100, el taller consiguió presupuesto propio, y Daniel fue reclutando colaboradores entre sus mejores alumnos: hoy son 16 docentes, de los cuales 8 están rentados.

Desde hace años, el taller es noticia en Salta porque sus alumnos han llegado a copar el prestigioso Instituto Balseiro de Bariloche. Hubo algún año en que el 23% de los ingresantes al Balseiro eran ex alumnos de Daniel. Este 31 de julio, 8 de los jóvenes que participan del taller como ayudantes abandonarán Salta para empezar a cursar sus estudios de carreras científicas: 6 ingresaron al Balseiro y otros 2 fueron admitidos en el Instituto de Tecnología Nuclear Dan Beninson, de Ezeiza.

Algunos de los alumnos viajan más de 4 horas para llegar al taller. Desde el año pasado, Daniel logró que el Estado (por medio de un acuerdo entre la Universidad, la provincia y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica) aportara becas para el comedor, para que sus estudiantes del interior de la provincia pudieran quedarse a la tarde a seguir aprendiendo. Divididos en tres niveles, algunos chicos pasan todo el sábado en el taller, preparándose para las Olimpíadas de Física o simplemente disfrutando del placer de aprender con otros.

Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid ya están estudiando el fenómeno para una tesis doctoral: ¿cuál es la receta mágica que logra que 200 jóvenes salteños madruguen todos los sábados para estudiar Física de manera extra curricular? “A diferencia de la escuela, yo no tengo un público cautivo. Sé que las clases tienen que enganchar; sino, el sábado siguiente los chicos no vuelven”, reconoce Daniel. La base de su credo: “Aprender es un acto emocional. Requiere lidiar con las emociones, con el no me sale y el no entiendo. Aprender ciencia te exige andar con un problema no resuelto en la cabeza y saber esperar el ¡eureka!”.

Daniel pasó de ser un profesor clandestino de Física a dar charlas en empresas sobre cómo avanzar cuando todo parece estar en contra. Antes iba a congresos de didáctica de la física, ahora lo convocan a dar su testimonio en encuentros gerenciales. Contra el prejuicio de que las ciencias duras son “difíciles”, este docente asegura: “El entusiasmo sostenido a largo plazo es mucho más importante que ser un genio. El talento se construye lidiando con las emociones, aprendiendo a festejar los errores en vez de sancionarlos, porque cometer un error es un paso necesario para descubrir un camino alternativo”. Con 26 años cumplidos, el taller de los sábados entraña una lección que trasciende la física: es un testimonio de lo que puede lograr la combinación justa de perseverancia, convicción y pasión por enseñar.

 

 

 

 

 

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