Desiree Pointer-Mace: “El docente es un sembrador de posibilidades”

Desiree Pointer-Mace, especialista en formación docente de Alverno College, vino a Buenos Aires como profesora invitada del Departamento de Educación de la UCA.

Desiree Pointer-Mace es doctora en Educación de la Universidad de California, Berkeley, especialista en formación docente. Es decana asociada y profesora de la Escuela de Educación de Alverno College (Milwaukee, EE.UU.), institución que aplica un enfoque de enseñanza basado en aptitudes. Pointer-Mace estuvo en Buenos Aires para dictar varios cursos de posgrado en la Universidad Católica Argentina, que este año lanzó dos profesorados (en Educación Inicial y en Educación Primaria) basados en el modelo pedagógico desarrollado en Alverno. 

–El rol del docente se ve desafiado por la irrupción de nuevas tecnologías y nuevos modelos pedagógicos en las aulas. ¿Cuáles son las aptitudes que debe tener hoy un buen maestro?

–En Alverno College utilizamos la evaluación basada en aptitudes en toda la universidad, no solo para formación docente. Hay aptitudes generales que utilizamos para formar profesionales en las carreras de Letras, Historia, Biología, Enfermería, etcétera. Los colegas de la Universidad Católica Argentina nos encontraron porque estaban buscando modelos innovadores que pudieran ayudarlos a reimaginar la formación docente en Argentina.

En la Escuela de Educación definimos un marco en el que utilizamos cinco aptitudes que enseñamos, evaluamos y auto evalúan nuestros alumnos. La más obvia se llama conceptualización: entender el contenido y la teoría, tener un conocimiento profundo de la asignatura que estás estudiando. Además, esa persona debe tener la aptitud de comunicación, debe ser capaz de comunicar bien el contenido, debe entender cómo escuchar, cómo usar las TIC, cómo expresar este contenido que entiende en profundidad. Tercero, debe ser capaz de gestionar efectivamente los espacios y entornos de aprendizaje. Si querés que tus alumnos trabajen en grupo, o que trabajen online, tenés que coordinar eso, gestionarlo de manera efectiva. Además, tenemos la aptitud de diagnóstico: debemos observar a nuestros alumnos, colegas y organización, y debemos preguntarnos cuáles son sus necesidades. La quinta aptitud es la interacción inclusiva, la pedagogía del corazón: cada uno de nosotros recuerda a aquellos docentes que demostraron confianza, entusiasmo, pasión, compasión, interés, curiosidad hacia nosotros.

–La última aptitud subraya la importancia de la mirada del docente. Esa mirada afectuosa e interesada en el otro puede volverse difícil para aquellos docentes que trabajan en escuelas en las que no se sienten valorados ni reconocidos por sus alumnos. ¿Cómo sostener esa mirada en circunstancias tan difíciles?

–Yo empecé mi carrera profesional como maestra de nivel inicial en una ciudad con un alto nivel de pobreza. También Milwaukee, donde yo trabajo, es una ciudad con muchos problemas de violencia y segregación. También en esos lugares podemos enfocarnos en aptitudes y no solamente en contenido. Cada día, cuando una docente llega a su aula, inmediatamente va a tener alguna presión desde arriba y alguna presión desde abajo. Desde arriba la presionan para que se asegure de que esos chicos están aprendiendo el contenido, pero desde abajo también hay necesidades en los alumnos, en la comunidad. Por ejemplo, si la noche sucedió un episodio violento fuera de la escuela. La docente no puede negar que eso ha pasado, porque eso va a afectar las vidas de esos chicos que están en su aula ese día.

Creo que los docentes, directivos y funcionarios tenemos la responsabilidad y la oportunidad todos los días de orientarnos a las necesidades de los chicos. Por ejemplo, en contextos muy violentos cada vez más docentes están implementando la “plena atención”: cinco minutos, al principio del día o después del recreo, para centrarnos y encontrar un espacio de silencio. En esos contextos, uno como docente puede por lo menos pararse frente a los alumnos, respirar profundo dos veces y luego abrir los ojos y mirar quién me necesita en este momento.

Los docentes de contextos desfavorecidos y los que enseñan en lugares más privilegiados tienen las mismas oportunidades cada día. Van a tener distintos recursos, distintos desafíos, pero a la vez un maestro en los dos contextos puede identificar qué necesita una persona bien preparada para la vida, y cómo tomar decisiones ahora para favorecer ese camino.

–Algunos docentes con muchos años de trayectoria se sienten exhaustos y cuentan los días para la jubilación. ¿Es posible para estos docentes recuperar la motivación? ¿Cómo se puede lograr?

–En los Estados Unidos nuestro desafío es que casi el 50% de los docentes abandonan la carrera profesional en sus primeros 5 años de enseñanza. Eso es un derroche de la inversión en formación docente. Tenemos que formar personas que van realmente a ser maestros, pero además, directivos, supervisores y ministros deben buscar maneras para ofrecer a los docentes con más experiencia oportunidades para re-inspirarse.

Podemos ofrecer un espacio y un tiempo breve, una oportunidad de colaborar, en que los docentes en ejercicio puedan escuchar a otros, compartir sus conocimientos, consultar con sus colegas, entrar en oportunidades innovadoras de aprendizaje, involucrarse en una tarea interesante y creativa. Los conocimientos y habilidades del siglo XXI también deben entrar en la formación docente continua. No queremos que los docentes vayan a capacitaciones en las que se aburren, y luego vuelvan al aula para seguir igual que antes. Esas personas merecen oportunidades de aprendizaje interesantes, relevantes, creativas. Con eso creo que podríamos re-inspirar a los docentes.

–El enfoque basado en aptitudes implica relativizar la importancia de una currícula centrada en contenidos, dejar de entenderla como una lista de ítems con los que hay que cumplir.

–Exactamente. No es una mirada nueva: John Dewey, Paulo Freire, Augusto Boal ya dijeron eso. Estamos vinculando el aprendizaje con el mundo, con el futuro, con el respeto a la persona, sus saberes y sus posibilidades. Allí tenemos una oportunidad maravillosa para cambiar el mundo. Cada vez que un docente llega a su escuela, tiene la capacidad de mejorar el mundo para sus alumnos. Es un honor y un placer.

Cuando estamos realizando una tarea no solo para una calificación final, sino como una oportunidad para mostrar evidencias y aptitudes, esa mirada nos permite que los alumnos vayan mucho más allá de la consigna, porque hay un techo abierto de evaluación. Se pueden ir adonde ellos quieran ir. Esa es la clave: estoy armando un viaje para este chico. Estoy formando una futura madre, una jefa de gobierno, un periodista.

–¿Cuál es hoy la principal tarea del docente?

–Hay un libro de literatura infantil que se llama El violín de Ada, de Susan Hood, basado en una historia real. Se trata de una orquesta de instrumentos reciclados de Paraguay. Fue creada en el vertedero Cateura en Asunción, Paraguay, utilizando los recursos de la comunidad, cosas recicladas, basura. Es decir: aun en los contextos más desfavorecidos, si cambiamos la mirada, podemos construir música a partir de la “nada”. El maestro de esa orquesta, Favio Chávez, dice que sin las personas esos instrumentos serían solamente basura. Pero si realmente miramos a las personas que nos rodean, las fortalezas de la comunidad, podemos lograr cosas maravillosas.

Ese es el poder del maestro. Es tener la imaginación para buscar recursos y oportunidades de aprendizaje. Cualquier persona puede tomar decisiones pequeñas, cotidianas, para buscar un mundo mejor. Estuve dando un curso de posgrado al que vinieron varios docentes que enseñan en Villa Soldati. Su colegio, Nuestra Señora de Fátima, se ve maravilloso. Tiene edificios lindísimos, tiene 2600 alumnos, desde jardín maternal hasta nivel terciario. Este colegio empezó hace 60 años en una conversación en la que un sacerdote español, el padre Leoncio, se encontró un día con un chico del barrio y le preguntó: “¿Por qué no estás en la escuela?”. Y el chico dijo: “Padre, no tengo escuela”. Entonces ahí, en Villa Soldati, hace 60 años, el padre Leoncio decidió hacer algo en vez de hacer nada.

Creo que esa es la oportunidad que cada docente tiene cada día. Quizás no vamos a fundar una escuela de 2600 alumnos, pero también hay cosas chiquitas que luego pueden florecer. Un tenedor tirado en la basura puede ser parte de un violín, que una niña puede utilizar para tocar El cisne. Cada día tenemos que buscar esa oportunidad. Oportunidades chiquitas, aperturas chiquitas, que nos permiten sembrar posibilidades.

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