Educación del carácter: hacia una pedagogía de las virtudes

En los últimos años, expertos de distintos países han recuperado una concepción "clásica" de la educación, basada en una visión integral de la persona y no limitada a los aspectos intelectuales. En esta entrevista, Concepción Naval, Apolinar Varela y Aurora Bernal, de la Universidad de Navarra, aportan ideas para aplicar este enfoque en la escuela.

Aurora Bernal, Concepción Naval y Apolinar Varela, investigadores de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra (España), reflexionan sobre la educación del carácter.

Los griegos entendían la educación en un sentido muy amplio: la palabra paideia reunía en su significado a la vez la educación intelectual, física y espiritual; la transmisión de saberes y habilidades, pero también de valores. Algo de esa concepción clásica de la educación volvió a cobrar fuerza en los últimos años, con la aparición de investigaciones sobre la “educación del carácter“.

Para conocer más sobre esta perspectiva, Eduprensa entrevistó a Concepción Naval, Apolinar Varela y Aurora Bernal, investigadores de la Universidad de Navarra, España, quienes realizaron un estudio de campo sobre la situación de la educación del carácter en escuelas secundarias de Argentina, Colombia y México. Naval, Varela y Bernal estuvieron en Buenos Aires para presentar los resultados de su investigación y participar del Congreso “Educación del carácter en Latinoamérica: retos y oportunidades”, que se realizó en la Universidad Austral, auspiciado por la Templeton World Charity Foundation.

–¿Qué es la educación del carácter?

Concepción Naval: –Es un concepto clásico que se ha recuperado en los últimos años. Viene a recordarnos que la educación de la persona completa no se reduce a los aspectos intelectuales, sino que también hay otros aspectos necesarios para que la persona se desarrolle en plenitud, sea feliz y pueda afrontar las cuestiones que la vida trae, además de ser un ciudadano y profesional competente. Estos aspectos tienen que ver con la educación afectiva, moral, social, estética, que ayuda al desarrollo de la persona en cuanto tal. Esto tiene que estar armonizado: cuando unos aspectos se desarrollan mucho y otros en cambio quedan muy reducidos, esa persona va a tener dificultades en la gestión de sí misma, en la relación con los demás, y en el aporte que pueda hacer a la sociedad. En definitiva, la educación del carácter es lo que clásicamente se ha llamado educación de la personalidad: el desarrollo emocional, social, moral de la persona.

“Cuando unos aspectos de la persona se desarrollan mucho y otros en cambio quedan muy reducidos, esa persona va a tener dificultades en la gestión de sí misma, en la relación con los demás, y en el aporte que pueda hacer a la sociedad”

–¿Cuál es el origen de este modo de entender la educación?

CN: –Los griegos hablaban de dos dimensiones de la educación: la intelectual y la del carácter. Eran las dos caras de la misma moneda. Eso ha tenido muchísimo devenir a lo largo de la historia. Ese aspecto práctico de la educación se ha entendido de maneras muy diversas: se ha puesto más el acento en la libertad y la autonomía, o en aspectos estéticos; en los últimos años se ha puesto más el foco en los aspectos relacionados con lo socioemocional o con la resiliencia. La educación del carácter recupera el concepto de hábito, no entendido como rutina o como repetición mecánica, sino como actos que, al repetirse, generan capacidades y disposiciones que mejoran a la persona. Aristóteles tenía una de las definiciones de educación más sencillas y quizás más ricas: “Educar es aprender a alegrarse con aquellas cosas que nos hacen bien y aprender a entristecerse con aquellas cosas que nos hacen daño”.

–¿Cómo debería integrarse la educación del carácter a la currícula? ¿Puede ser una materia en sí misma, o es transversal a las demás materias?

CN: –Hay muchos modos de entender cómo llevarla a la práctica. Puede ser como una materia aislada, o como unos contenidos que se dan a través de otras materias, o como si fuera un currículum oculto: algo que está ahí, que inspira, pero que no está explícito. Nosotros aportamos una visión complementaria. Por supuesto, se necesita un cierto conocimiento. Para ser justo, necesitas saber qué significa ser justo, necesitas conocer algo sobre la justicia. Ese es un conocimiento que se tiene que adquirir, pero la práctica es tan importante como el conocimiento. Nadie aprende a ser justo si no hace acciones justas. O sea que necesitamos un aprendizaje experiencial de estas actitudes, de estas virtudes, y al mismo tiempo un cierto conocimiento. En algunos colegios lo implementan a través de las sesiones de tutoría, en otros a través de materias como Ciencias Sociales, Literatura o Religión. Es realmente importante el ejemplo que los niños reciben, sea en las familias o en la escuela. Es la escuela entera la que está educando, no solo el profesor: desde quien recibe al niño y le dice buenos días, hasta quien le da clase.

“Aristóteles tenía una de las definiciones de educación más sencillas y quizás más ricas: ‘Educar es aprender a alegrarse con aquellas cosas que nos hacen bien y aprender a entristecerse con aquellas cosas que nos hacen daño'”

–¿Esto se está aplicando ya en algunas escuelas argentinas?

CN: –Hay programas de educación del carácter, aunque no recibe la misma denominación en todos los lugares: a veces se habla de educación cívica, educación ética, educación en valores. Nuestro programa se centra en siete virtudes ético-morales y en torno a ellas hemos desarrollado algunas guías. Esas virtudes son la justicia, el autocontrol o templanza, compasión, gratitud, humildad, coraje y honestidad.

En los últimos tres años hemos relevado lo que se está haciendo en secundaria, a la vez que promovemos mejores prácticas y más investigación. En nuestro trabajo de campo hemos elegido dos escuelas de Argentina, dos de México y dos de Colombia. Varios miembros del equipo viajaron y pasaron un mes en cada país, para poder conocer las escuelas, hablar e intercambiar con las familias, los maestros, los alumnos y los directivos. En todas esas escuelas –públicas y privadas, confesionales y laicas, de distintos niveles socioeconómicos– había programas de educación del carácter.

–¿Cómo es una buena práctica para aprender a ser justo?

Aurora Bernal: –En general, hemos considerado buenas prácticas a aquellas que tengan una coherencia global. Los valores y hábitos se enseñan desde las asignaturas; además se cuida el ambiente escolar, las relaciones de los profesores con las familias, la integración de esa intención formativa en las actividades extracurriculares, por ejemplo en prácticas de servicio a la comunidad. Hemos visto proyectos muy creativos. Por ejemplo en una comunidad desfavorecida de Colombia, para sacar a esos niños e interesarlos por algo distinto, les hicieron participar de un programa de música en el que escribían canciones, escribían letras con crítica social.

La clave del éxito son prácticas coherentes, con muchas acciones dentro de la escuela, en las que se intenta involucrar a todos los miembros de la escuela, desde el personal docente, alumnos, familias, hasta el personal no docente. Toda la vida escolar está impregnada de fomentar esas buenas acciones. También es importante que lo evalúen, que vayan detectando cambios en las relaciones y en el entorno. El éxito está en que el equipo docente pueda apoyarse en las familias y en las autoridades, y que entre todos impulsen un proyecto adaptado a sus circunstancias. En alguna escuela habrá profesores más creativos, entonces se pueden aprovechar las artes. En otro habrá profesores más capaces para organizar actividades de servicio a la comunidad. No hay un único modelo. Lo que sí es importantísimo es que toda la comunidad educativa se involucre.

“Nuestro programa se centra en siete virtudes ético-morales fundamentales: la justicia, el autocontrol o templanza, compasión, gratitud, humildad, coraje y honestidad”

–¿Cómo se trabaja con los docentes?

AB: –En Argentina, Colombia y México hemos encontrado profesores muy pluriempleados. Eso lleva un estrés y un cansancio que dificulta el trabajo. También dificulta la construcción de una pertenencia al proyecto y a la escuela, sobre todo en secundaria.

Apolinar Varela: –Es que si yo tengo que estar en tres colegios a la vez, no pertenezco a ninguno. No acabo nunca de establecer un vínculo con esa escuela. Eso dificulta muchísimo y lleva a los docentes a situaciones límites. Encima la profesión docente está muy mal reconocida en los tres países que investigamos. Complica muchísimo tener un equipo docente que no se siente identificado con ningún colegio, con un ideario o con un equipo. Esto tiene efectos perjudiciales en la educación. Si yo no me siento a gusto, voy a faltar más al colegio. Eso acaba diluyendo el talento de los niños. La capacidad del niño de aprender, de asimilar modelos valiosos, también se va diluyendo. Si un niño sale de casa a las 7 de la mañana para ir a la escuela, y en el colegio nadie presta atención, luego llega a casa y está solo, al final los únicos referentes para los niños son sus pares. O los youtubers, o Messi. Pese a todo, los niños siguen apostando por sus padres. Cuando les preguntas en quién se inspiran, te mencionan a sus padres y sus madres.

–¿En qué aspectos puede ser preventiva una buena educación del carácter? ¿Qué frutos puede dar fuera de la escuela?

CN: –Es preventiva y es proactiva. Si se cultivan, esas virtudes te hacen fuerte como persona para desarrollarte y para enfrentar las situaciones que te toquen. También pueden tener un efecto correctivo, que permita reconducir ciertas situaciones: frente al bullying, por ejemplo, ejercitar la compasión, saber comprender al otro, aprender a escucharlo, a empatizar con él. El movimiento de recuperación de la educación del carácter en los últimos 10 o 20 años plantea que esta es, sobre todo, una vía de prevención. La idea es que ser fuerte, tener carácter, te va a ayudar a protegerte. Nos parece importante promover este enfoque, porque abre muchas oportunidades para los niños y los jóvenes.

“Si yo tengo que estar en tres colegios a la vez, no pertenezco a ninguno. No acabo nunca de establecer un vínculo con esa escuela. Complica muchísimo tener un equipo docente que no se siente identificado con ningún colegio, con un ideario o con un equipo”

–¿Se trata de un enfoque religioso? ¿O más bien de una cuestión antropológica?

AB: –El primer esbozo de la educación del carácter puede encontrarse en la Ética a Nicómaco de Aristóteles, que no era religioso. Luego es verdad que las religiones en sus tradiciones han reconocido la virtud de la justicia, la gratitud, la piedad, la generosidad. Pero no hace falta tener una fe para entender que los hábitos operativos buenos hacen crecer al hombre en su capacidad, lo hacen ser más libre. Las distintas religiones, en su visión moral del hombre, han considerado los hábitos operativos buenos. Luego cada religión pone el acento en cuestiones diferentes. Las culturas orientales no tienen nada que ver en su origen con las distintas confesiones cristianas; sin embargo, hay un reconocimiento bastante común de cuáles son los hábitos que hacen crecer a la persona. Al ahondar, uno ve lo mismo, mientras que las diferencias resultan más superficiales. Es una cuestión antropológica, no religiosa.

1 Comment

  1. Buenos Días.
    Quiero felicitarlos por la publicación de la investigación; me siento muy identificado con los resultados y reflexiones de los autores. La tarea docente es de por sí compleja, ya sea si se encuentra inmersa en contextos sociales, económicos y culturales o por las constantes luchas por el derecho a un digno salario y la propia subsistencia.
    Sin embargo, también soy critico de los Centros de Formación Docente (CFD)que reproducen docentes titulados, adscritos a la ideología del CFD, sin capacidad de autocrítica y provistas sólo de formación muy básica que se reproducen, con suerte, en el aula.
    Por ello la Formación Docente en algunos de los CFD, se hallan carentes tanto de un sano rigor académico, como de la formación como “profesional de la educación”, de los valores y en una Pedagogía del carácter basadas en las virtudes tales como: la justicia, templanza, compasión, gratitud, humildad, coraje y honestidad.
    Considero que se deben recuperar estos pilares, además de otros, que antaño eran los cimientos de un sistema educativo modelo para formar tanto a los nuevos profesionales de la educación como al futuro ciudadano comprometido con la realidad.
    La crítica que hago pretende ser constructiva, yo mismo soy autocrítico, ya que busco la formación de calidad que permita desarrollarme como profesional de la educación.
    Un gran abrazo. Nestor David Brizueña.

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