Eliminaron las clases magistrales: bajó la repitencia y el abandono

La comunidad educativa del ISPI N° 9073 José Manuel Estrada, de Santa Fe, impulsó una transformación de la escuela a partir de tres pilares: aprendizaje centrado en el estudiante, transparencia administrativa y pedagógica, y liderazgo distribuido. Ese cambio cultural se tradujo en una mejora de los desempeños y las trayectorias de los estudiantes.

ISPI 9073 “José Manuel Estrada” (Santa Teresa, provincia de Santa Fe)

Hace un par de años, los problemas del ISPI N° 9073 José Manuel Estrada, una escuela privada de Santa Teresa (provincia de Santa Fe), eran similares a los de la mayoría de las escuelas secundarias de la Argentina: altos índices de repitencia, abandono y sobreedad, gran cantidad de materias no aprobadas al final del año, dificultades en la continuidad de los estudios superiores. El panorama se complicaba aún más con cuestiones organizativas: escasa participación de las familias,  comunicación deficiente y dificultades administrativas, como información redundante y uso excesivo de papel.

“Todo ello nos llevó a analizar la normativa nacional, provincial y jurisdiccional, y los recursos con los que contábamos, que no eran muchos”, cuenta Ariel Rotondo, el director de la escuela, la única secundaria en un pueblo de 3200 habitantes. Como consecuencia de ese proceso, en junio de 2015 le dieron forma a un cambio de formato pedagógico que logró transformar la realidad de la institución.

Rotondo sintetiza los tres pilares fundamentales en los que se basó el cambio:

1) Aprendizaje centrado en el estudiante. Decidieron poner en práctica metodologías como el aprendizaje basado en proyectos, en problemas, desafíos, casos, etcétera. Además, priorizaron el trabajo en equipo y el aprendizaje colaborativo. Utilizaron “rutinas de pensamiento”: estrategias cognitivas que consisten en preguntas o afirmaciones abiertas para promover el pensamiento en los estudiantes. Las clases magistrales prácticamente desaparecieron. Los exámenes escritos y orales fueron reemplazados por “un sistema de rúbricas a partir de criterios de evaluación unificados que posibilitan a los docentes asumir un papel de facilitadores y guías“, cuenta Ariel. Además, pusieron el foco el desarrollo de la vocación y la construcción de un proyecto de vida, a través del trabajo en proyectos por curso y en talleres plurigrado opcionales.

Las clases magistrales desaparecieron, y los exámenes escritos y orales fueron reemplazados por un sistema de rúbricas que posibilitan a los docentes asumir un papel de facilitadores y guías

2) Transparencia administrativa y pedagógica. El director explica que este eje apunta a “trabajar en una escuela abierta en todo sentido, desde lo edilicio a lo curricular y lo administrativo, con una fuerte apertura a la comunidad”. Esto implicó la digitalización de casi todas las gestiones administrativas y organizativas, lo que permitió “ahorrar papel y agilizar los tiempos”, además del “seguimiento y la evaluación permanente de los procesos de enseñanza y aprendizaje y el trabajo en equipo”. Las familias tienen acceso a la información en tiempo real, “respetando la privacidad y fomentando la identidad institucional y las responsabilidades compartidas”.

3) Liderazgo distribuido. Rotondo explica: “Se establecieron espacios que permiten la participación de todos los actores, la habilitación de los tiempos y espacios que favorecen la escucha permanente, y la creación de diferentes niveles de tutorías, incluso entre pares“. La consigna: “Todos enseñan, todos aprenden”.

El proceso de transformación requirió de un gran esfuerzo de capacitación en ejercicio, especialmente en cuanto a trabajo por proyectos y retos, resolución de problemas, método de análisis de casos, evaluación por competencias, uso de rutinas de pensamiento y estrategias de trabajo colaborativo.

“Esto significó una ‘reculturalización’ del plantel docente y también de las familias, formados en formatos más tradicionales y verticales los primeros, y educados en esos formatos las segundas. Tuvimos que trabajar fuertemente en el pasaje de una cultura individualista dentro del aula, que se trasladaba a los estudiantes a través del desempeño en evaluaciones y calificaciones; a una cultura colaborativa, en la que se aprende con el otro“, cuenta Ariel.

“Tuvimos que trabajar fuertemente en el pasaje de una cultura individualista dentro del aula, a una cultura colaborativa, en la que se aprende con el otro”, relata Ariel Rotondo

Los resultados no se hicieron esperar: la aplicación de todas estas estrategias en conjunto, con los ajustes necesarios a lo largo del tiempo, permitió que desde 2015 comenzaran a reaccionar favorablemente los indicadores que preocupaban a los docentes y directivos de la escuela. No solo disminuyeron la repitencia y el abandono, sino que también lograron avances como “la mejora en el interés, en la argumentación y en la autoestima, así como el reemplazo de las fotocopias por el uso de libros y medios digitales”.

A modo de reflexión sobre el proceso de transformación que atravesó la escuela, Rotondo plantea: “Estamos convencidos de que se necesita un tiempo considerable para cambiar la cultura pedagógica en la que fuimos formados, por una cultura pedagógica en la que cada uno es responsable de su propio aprendizaje con el otro”. Y agrega: “También creemos que nuestro modelo no debe servir de ejemplo para otros, sino que simplemente puede ser fuente de inspiración para que otros puedan encarar procesos de transformación a partir de su propia realidad”.

 

2 Comments

  1. Verdadero cambio centrado en el desarrollo humano, inteligencia emocional y empoderamiento de loss estudiantes a que liberen su potencial, como sus habilidades creativas, innovativas y de responsabilidad aplicada.

  2. Felicitaciones. Pronto la ministra de educación provincial aparecera para sacarse una foto y luego se publicara que es un proyecto provincial.

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