“En la escuela, cada día es un nuevo comienzo”

Maggie Macdonnell, la ganadora del Global Teacher Prize 2017, cuenta cómo encara el desafío de enseñarles a los adolescentes esquimales de Salluit, en el Ártico canadiense. Sus premisas: ser humilde, construir vínculos con los alumnos y dejar los prejuicios en la puerta del aula.

Maggie Mac Donnell, docente canadiense ganadora del Global Teacher Prize, con dos alumnas.

Maggie Macdonnell ganó este año el Global Teacher Prize, el premio al “Mejor docente del mundo” que otorga la Fundación Varkey en Dubai. Ella enseña a adolescentes en Salluit, una localidad aislada en el Ártico canadiense, con poco más de 1.300 habitantes,a la que solo puede accederse por avión. Sus alumnos son esquimales pertenecientes a la comunidad aborigen inuit, que en los últimos años enfrentó un grave problema de suicidios juveniles. Maggie conversó con Eduprensa en Mendoza, donde recibió la distinción “Domingo Faustino Sarmiento” de la Dirección General de Escuelas.

–¿Por qué decidiste ser docente?

–Estaba buscando oportunidades para contribuir a Canadá. Había trabajado unos cinco años en tareas de desarrollo comunitario o desarrollo internacional, principalmente en África del Este, donde adquirí muchas habilidades y tenía la esperanza de aplicarlas dentro de las fronteras de mi propio país, por lo que busqué oportunidades para enseñar en comunidades indígenas. En parte, quería aprender más sobre nuestra historia desde adentro, porque la historia entre la población colonizadora y la indígena es muy controvertida.

–De acuerdo con varios estudios, el suicidio adolescente en Argentina va en aumento. ¿Cómo puede ayudar la educación a hacerle frente a este problema?

–Las razones detrás del suicidio pueden ser muy complejas.Por una parte, el sistema educativo tiene que entender por qué la juventud se encuentra en esa situación de vulnerabilidad,por qué sienten dolor, y después armar programas para apoyarlos. Por ejemplo, en la aldea donde trabajé, tuvimos la suerte de realizar un taller de prevención de suicidios. A lo largo de dos o tres días, vinieron capacitadores que formaron a mis alumnos en cómo ayudar a las personas que presentan pensamientos suicidas, cómo acercarles los recursos y el cuidado adecuado. Ese es un ejemplo de algo que pueden hacer los docentes para aquellos alumnos que estén en situaciones de vulnerabilidad o tal vez no tengan muchas personas en quienes confiar. Los docentes pueden terminar cumpliendo ese rol para que el alumno pueda hablar con ellos, o pueden crear un ambiente en el aula donde el alumno no se sienta avergonzado de sus pensamientos suicidas. Porque lo peor es que haya una persona suicida encerrada en sí misma, sola con sus pensamientos, y que sienta que no los puede expresar. Cuando pueden expresar esos sentimientos, se presenta una oportunidad para trabajar a través de ellos.

–En la clase magistral que diste en Global Education and Skills Forum, abordaste los beneficios del aprendizaje basado en proyectos. ¿Cómo hacés para encontrar proyectos con los que trabajar con tus alumnos, y cómo te asegurás de cubrir los contenidos curriculares?

–Hay un método que siempre empleo. Se llama el ABCD del desarrollo. Es el desarrollo de la comunidad basado en recursos (Asset-Based Community Development). Cuando llegamos por primera vez a una comunidad, por lo general realizamos un diagnóstico basado en las necesidades. Es decir, vemos todo lo que hace falta. Sin embargo, muchas veces existen muchas cosas ahí también, oportunidades con las que se puede trabajar si se abren los ojos. Entonces, una parte es identificar los talentos, recursos y oportunidades que existen dentro de la comunidad en la que trabajás. Por ejemplo, en mi comunidad creamos un gimnasio porque era, en parte, una necesidad, pero también había muchos recursos y apoyo para realizarlo. Teníamos acceso al espacio, teníamos acceso a la financiación, teníamos socios y aliados de la comunidad para ayudarnos. Siempre hay oportunidades para el aprendizaje por proyectos, sobre todo si se utiliza para atender una necesidad de la comunidad.

–Entonces, no te enfocás en las necesidades en primer lugar…

–A veces, las necesidades van a ser obvias. La gente va a hablar de ellas de todas formas. Pero también necesitás saber cuáles son las fortalezas, talentos y recursos porque, cuando se adopta un abordaje basado en las necesidades, la gente se desanima o se siente abrumada por todas las problemáticas. También es importante ver que dentro de la comunidad puede haber muchos recursos, talentos y fortalezas. Incluso, a veces puede ser solamente en términos de intereses. Por ejemplo, mis estudiantes estaban muy interesados en estar en forma y en el ejercicio físico.Como esa oportunidad no había sido desarrollada apropiadamente, era imposible ver ese recurso hasta encontrar mejores formas de apoyarlo.

–¿Cómo lidiás con la frustración que a veces genera enseñar a adolescentes?

–Trato de ser siempre paciente y recordar que solo soy una persona en un momento en un panorama histórico muy largo. En mi contexto particular, mis alumnos manifiestan sus asuntos con un comportamiento desafiante. Vemos lenguaje vulgar en el aula, mucha oposición a la autoridad, mucho rechazo a trabajar, etc. Podés ser paciente, evitar hacer juicios, entender que estos son comportamientos o reacciones normales a circunstancias anormales que ese adolescente está afrontando, tal vez porque perdieron amigos a causa del suicidio, porque han presenciado violencia doméstica, porque sobrevivieron a una agresión sexual. Tal vez ese sea el motivo por el cual no participan en público durante las clases, o son tímidos. Por supuesto, puede ser una tarea frustrante, pero otra expresión que me gusta es: “Cada día es un nuevo comienzo”. Cualquiera haya sido el problema que el alumno te dio ayer, lo dejás en la puerta. Los alumnos llegan a la mañana siguiente, les sonreís y les das la bienvenida, les mostrás que estás feliz de que vengan, y comenzás otra vez. Por supuesto, los adolescentes te van a poner a prueba. Hay que tratar de no personalizarlo y recordar que uno es solo un momento en esa historia, que puede ser una larga historia que se remonte a generaciones. En mi caso, tenía que ver con cómo la comunidad indígena veía el sistema escolar. No puedo esperar un punto de vista romántico y maravilloso cuando hemos tenido cien años de experiencias desagradables en nuestro sistema educativo.

–Muchas de las escuelas rurales argentinas presentan desafíos similares a los que enfrentás en Salluit. ¿Cómo recomendás que los docentes se acerquen a la comunidad en estas escuelas?

–Una lección que he aprendido, y que me sirve mucho cuando llego a un lugar nuevo, es pensar que tenemos dos ojos, dos orejas y una sola boca. Entonces, hay mucho que aprender desde lo visual, con nuestros oídos también, antes de pronunciar un juicio de valor o realizar una afirmación como “esta situación es así” o “este niño tiene este potencial”. Realmente se necesita asimilar mucha información antes de poder hablar. Entonces cuando llegás como un forastero, tenés que ser paciente y gentil, no realizar juicios de valor rápidamente, evitar los estereotipos que tal vez te hayan transmitido antes de llegar a la comunidad; por ejemplo, que no les interesa la escuela, o que tienen tal problema, o que la gente está desmotivada. Hay que tratar de dejar esos estereotipos en la puerta. Presentarse como un alumno, alguien que todavía aprende. A veces, como docentes, se nos ve como personas que lo saben todo o que están subidas a un pedestal de autoridad. Hay que ser humilde, mostrar que también estás dispuesto a aprender, y entender sus problemáticas de manera apropiada, porque seguramente la gente está dando lo mejor de sí. Si su mejor esfuerzo no se parece a tu mejor esfuerzo, es probable que se deba a que están arrancando desde una línea de partida ubicada mucho más atrás.

–¿Cuáles son, en tu opinión, las mejores prácticas docentes?

–Una es crear un espacio acogedor, seguro y feliz para tus alumnos. Demostrarles que te importa que hayan asistido ese día. Hacerlos sentir especiales simplemente por haber elegido asistir a la escuela y estar en ese ambiente educativo.

Concentrarse en construir relaciones con los alumnos. Aprender sus nombres. No invadir su privacidad si no están listos para eso. Mostrarles que estás abierto y que querés aprender sobre ellos y conectarte con sus familiares y amigos.

El trabajo en equipo es importante. En mi escuela siempre decimos que el trabajo en equipo hace al trabajo soñado (“Team work makes dream work”). Es necesario colaborar con el cuerpo docente. A veces me siento incómoda habiendo ganado el Global Teacher Prize yo sola, porque he dependido de muchos de mis compañeros docentes para realizar experiencias maravillosas para nuestros alumnos. Entonces, el trabajo en equipo hace que los sueños se concreten.

Involucrá a tus alumnos en problemáticas locales. Transformalos en ciudadanos locales. Como estamos vivenciando la globalización de forma tan repentina, incorporá cuanto contenido global sea posible, y creá experiencias para los alumnos de manera tal que puedan seguir el camino desde ciudadanos locales hacia ciudadanos globales.

Hernán González Francés

 

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