Helen Haste: “La escuela debe generar espacios para discutir temas polémicos”

De visita en Buenos Aires para presentar su libro Nueva ciudadanía y educación (Paidós), la doctora en Psicología y profesora de Harvard analizó las nuevas formas de compromiso político juvenil, el desafío que plantean los mecanismos virtuales de participación y la necesidad de preparar a los chicos para el debate con quienes piensan distinto.

Helen Haste es autora de seis libros y numerosos artículos académicos y de divulgación.

Helen Haste es doctora en Psicología de la Universidad de Bath (Inglaterra), profesora de la Graduate School of Education de la Universidad de Harvard y autora de varios libros sobre el desarrollo moral y cívico en la juventud. Estuvo de visita en Buenos Aires para presentar su reciente libro Nueva ciudadanía y educación. Identidad, cultura y participación (Paidós), y dialogó con Eduprensa sobre las nuevas formas en que los jóvenes se comprometen con la realidad social.

–En los 90 se solía decir que los jóvenes eran “apáticos”, que no les interesaba la política. ¿Hasta qué punto sigue vigente esa supuesta apatía?

–En los 60 y los 70 muchos jóvenes fueron muy activos y comprometidos políticamente: el movimiento pacifista, la oposición a la guerra de Vietnam, distintas corrientes que desafiaron al sistema y al establishment, la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y en otros países, el comienzo de los movimientos de mujeres. Fue una época de gran activismo político en ciertos sectores de la juventud. Eso decayó en los 80 y los 90. Pero tenemos que distinguir entre comportamientos políticos convencionales, como el voto y la participación en la política partidaria, y otros modos menos convencionales.

En los últimos 20 años emergió una suerte de pánico moral, una percepción de que los jóvenes no estarían interesados en la política y habría que hacer algo al respecto, porque esto amenazaría a la democracia. Pero en realidad, aunque los jóvenes no se involucren en la política partidaria, eso no quiere decir que sean “apolíticos”. La política no se limita al voto. Por ejemplo, si le preguntás a un adolescente “¿Estás interesado en la política?”, entre el 3 y el 5 por ciento te dirá que sí, y el resto te dirá que no. Ahora bien: si les preguntás si participan de alguna iniciativa vinculada con el medio ambiente, o si alguna vez participaron de alguna protesta por un tema que les importaba, muchos te dirán que sí. Alrededor de la mitad de los jóvenes suelen informar algún tipo de compromiso activo con alguna causa cívica. Pero no les interesa la “política” entendida como política partidaria. Entonces hay que distinguir entre el compromiso político de los jóvenes entendido en un sentido amplio, y un sentido más restringido enfocado solo en las elecciones. En algunas elecciones, por ejemplo la de Obama, sí hubo gran participación juvenil. En torno al Brexit también hubo gran participación: los jóvenes votaron a favor de permanecer en la Unión Europea. Creo que no deberíamos entrar en pánico. Deberíamos observar lo que los jóvenes están haciendo efectivamente, y tratar entender eso.

“Alrededor de la mitad de los jóvenes suelen informar algún tipo de compromiso activo con alguna causa cívica. Pero no les interesa la ‘política’ entendida como política partidaria.”

–¿Cuáles son las principales causas que despiertan el interés y la participación de los jóvenes?

–Eso varía mucho de país a país. Las injusticias suelen despertar la indignación de los jóvenes. Cuando los jóvenes perciben que algo es moralmente injusto, eso les molesta, los indigna, entonces sienten que tienen que hacer algo ellos mismos, en vez de esperar a que otros lo hagan o decir: “El gobierno tiene que resolverlo”. Cuando los jóvenes se ven interpelados por cuestiones que perciben como moralmente injustas, es más probable que se involucren, porque se sienten personalmente responsables. Las cuestiones que suelen entusiasmarlos tienen que ver con las injusticias, los asuntos ambientales, las inequidades vinculadas con las minorías. Todo aquello que afecta su sentido de lo que es correcto.

–En las últimas semanas hubo un debate mediático sobre el abordaje escolar de la desaparición de Santiago Maldonado. ¿Cómo deberían trabajarse las cuestiones políticas en el aula?

–La primera cuestión para reflexionar es ¿quién se va a molestar por esto? ¿quién puede protestar si traemos a la clase un asunto controversial? Y si tratamos en clase ese asunto, ¿podemos lidiar con los alumnos que se sentirán molestos o perturbados por el tema? ¿Tenemos los recursos necesarios para trabajar con ellos? Por ejemplo, abordar la cuestión de la violencia, o de la inseguridad, en un aula donde hay un alumno cuyo padre fue asesinado, es distinto que trabajar ese tema en una escuela de clase acomodada, donde quizás no haya esas experiencias directas. Es clave manejar la discusión de una manera sensible.

“Cuando los jóvenes se ven interpelados por cuestiones que perciben como moralmente injustas, es más probable que se involucren, porque se sienten personalmente responsables.”

Por otro lado, creo que deberíamos tratar estos temas polémicos en clase, porque es una parte importante de la educación cívica y moral. Tenemos que darles a los jóvenes la oportunidad de discutir e involucrarse con asuntos difíciles. Es fundamental que aprendan a participar de un debate cordial, que aprendan a dialogar de manera efectiva sobre temas relevantes. Si estás participando de una discusión, tenés que prestar atención a varios aspectos: por ejemplo, reconocer que hay distintos puntos de vista sobre el tema, saber usar evidencias para sostener tu posición. Participar en debates diseñados para explorar, confrontar y lidiar con asuntos difíciles, sin ser violento ni agresivo, es una parte importante del proceso educativo. Las escuelas deberían generar espacios para poder discutir estos temas polémicos.

Además: vivimos en un mundo real. ¿Deberíamos proteger a los chicos de ese mundo real? ¿No hablar de los asuntos polémicos es una forma de protegerlos? ¿Dejar la realidad fuera y ponerlos a practicar las conjugaciones verbales es una solución?

–Hoy se habla de “cibermilitancias”. ¿Hasta qué punto las redes favorecen la participación política? ¿Esa participación virtual puede tener un efecto inmovilizador?

–El desarrollo de los medios digitales es de gran importancia para pensar las nuevas formas de participación juvenil, para pensar la democracia y también los movimientos anti democráticos. Los nuevos medios cambiaron completamente los canales de comunicación. Cuando yo era joven, los diarios y los canales de televisión tenían el control de lo que leíamos y lo que veíamos. Nosotros solo éramos receptores de la información que ellos transmitían. Si un ciudadano quería impactar en la opinión pública, tenía que mandar una carta de lectores a los diarios, llamar por teléfono a un programa de TV, ir a una marcha o acercarse personalmente a un miembro del Parlamento. Pero era muy difícil hacer oír nuestras voces de manera directa. No había canales para eso.

“Participar en debates diseñados para explorar, confrontar y lidiar con asuntos difíciles, sin ser violento ni agresivo, es una parte importante del proceso educativo.”

Los nuevos medios, al menos en principio, pueden funcionar como esos canales. Técnicamente, ahora podemos contactar a cualquiera, mandar un mensaje que pueda ser recibido en todo el mundo. El problema es quién nos escucha. Tenemos los medios técnicos para hablar, pero la gente solo escucha aquello que le interesa: lo que llamamos un efecto de “eco”, o las burbujas de filtro, que implican que uno no accede a aquella información que no le interesa, y que pueden generar por ejemplo comunidades de extremistas. Entonces es una ilusión creer que, porque podemos decir lo que pensamos, alguien nos va a escuchar. De todas maneras, antes ni siquiera estaba la posibilidad de decirlo, no había dónde hacerlo. Ahora al menos puedo decirlo: esa posibilidad de hacer oír la propia voz es un comienzo, un giro en la manera en que circula la información en la sociedad.

Es cierto que no deberíamos exagerar el esfuerzo que supone hacer clic. Aunque tampoco subestimaría esas acciones, que implican decisiones. El voto funciona de una manera similar, es una pequeña contribución en una decisión mucho más amplia. Aunque pueda parecer trivial, no es necesariamente irrelevante poner “Me gusta”. Es una manera de elegir, tal vez con un impacto pequeño, pero un impacto al fin y al cabo. Es una forma de acción.

Aunque se los considere “nativos digitales”, ¿los jóvenes están más expuestos que los adultos a la manipulación en los nuevos medios?

–Tener las habilidades técnicas no significa tener mayores habilidades psicológicas o sociales para lidiar con la información o las interacciones en las redes. Es un desafío elevar los niveles de desconfianza de los chicos en las redes, por ejemplo frente a las interacciones con extraños, pero también frente a la circulación de ideas extremistas, que muchas veces llegan a niveles desagradables. Un joven que se siente preocupado por cuestiones vinculadas con inmigración o cuestiones raciales u homofóbicas puede caer en sitios extremistas que saquen provecho de esa vulnerabilidad. Es importante que ese joven pueda analizar el contenido de esos sitios y darse cuenta de que no están diciendo la verdad, que sus argumentos no se basan en evidencias, que no es cierto que los inmigrantes vienen a robar o que los musulmanes son peligrosos.

Es un tema fundamental de la agenda educativa actual. En estas cuestiones, el trabajo con los pares es quizás más importante que la enseñanza de los docentes. Los chicos deben aprender a protegerse entre ellos. Los docentes pueden ayudar, pueden plantear casos para debatir, pero la presión del grupo es fundamental. Una cosa es que el docente diga: “Estos argumentos son falsos, no le crean a este sitio”. Pero otra cosa es que el grupo de pares llegue a esa conclusión por sus propios medios. Es importante que los chicos puedan alertarse entre ellos, que no dependa de la intervención de un adulto que dice que algo es peligroso, porque ellos sienten que para los adultos todo es peligroso.

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