La biblioteca, un espacio de encuentro entre secundaria y sala maternal

En la biblioteca “Lobo, ¿estás?” de la Escuela de Comercio N° 18 “Reino de Suecia”, de Parque Patricios, los estudiantes del nivel medio leen junto con los niños que asisten a la sala maternal que funciona dentro del colegio. Allí la lectura se ha vuelto el eje de construcción de una comunidad educativa cada vez más inclusiva.

La biblioteca "Lobo, ¿estás?" funciona como un espacio de articulación entre la secundaria y la sala maternal a la que asisten los hijos de los alumnos.

La lectura literaria entraña un encuentro con uno mismo y con el autor. Pero también puede dar lugar al encuentro con el otro: con esa premisa, la biblioteca “Lobo, ¿estás?” de la Escuela de Comercio N° 18 “Reino de Suecia”, en Parque Patricios (CABA), se volvió un espacio de articulación entre la secundaria y la sala maternal integrada por los hijos de los alumnos adolescentes. Este año, la biblioteca ganó el premio Vivalectura de Fundación Santillana en la categoría Escuela.

A la sala maternal “Huellitas del Reino”, que pertenece al programa Primera Infancia de la Ciudad, asisten niños de entre 45 días y 3 años, hijos de estudiantes de la secundaria, con el objetivo de que los adolescentes puedan continuar con su escolaridad. “El hecho de que una sala maternal comparta el espacio dentro de una escuela media, nos hace pensar en la necesidad de articular e integrarnos como comunidad escolar en general y como comunidad lectora en particular”, explica Victoria Sastre Echarri, bibliotecaria de la escuela secundaria.

La biblioteca se volvió un espacio de articulación entre la secundaria y la sala maternal a la que asisten los hijos de los alumnos adolescentes.

Tan importante se ha vuelto la biblioteca para la comunidad educativa, que Pablo, uno de los pequeños lectores de un año y medio, dijo varias veces “lobo” antes que “mamá”. Los libros álbum y la poesía son los protagonistas en esta biblioteca compartida, que empezó reuniendo a los alumnos padres y madres con sus hijos, y que luego fue incorporando al resto de los estudiantes de la secundaria. “Estas lecturas generaron gran interés en los adolescentes, y les aportaron la posibilidad de reencontrarse con las lecturas infantiles”, cuenta a Eduprensa María Laura Galli, coordinadora pedagógica de la sala maternal.

La biblioteca compartida empezó a funcionar el año pasado, dos veces por semana. “El armado del espacio generó mucha curiosidad entre los estudiantes, quienes al poco tiempo se sumaron al armado durante los recreos”, relatan las impulsoras del proyecto, en el que también participan las docentes Paola Costanci, Vanina Vázquez y Verónica Miguez. El entusiasmo se fue contagiando, y cada vez más alumnos se acercaron a la biblioteca para leer allí.

Tan importante se ha vuelto la biblioteca para la comunidad educativa, que Pablo, uno de los pequeños lectores de un año y medio, dijo varias veces “lobo” antes que “mamá”.

Durante los recreos, la biblioteca propuso momentos de lectura de poesía infantil y armado de materiales para ser utilizados en los encuentros semanales: móviles colgantes, mandalas literarios, búsqueda, lectura y copia de poesías para armar el corpus poético. “Armamos semanalmente una mesa de libros para que los estudiantes lean durante los recreos y conozcan diversos autores. En esta mesa incluimos también literatura infantil. Paralelamente, conformamos una mesa de libros en la sala Huellitas para acercar los libros a las alumnas madres, quienes generalmente pasan en ese espacio los recreos junto a sus hijos”, señala Sastre.

A lo largo del año, la biblioteca sostuvo dos encuentros de lectura semanales. “En los primeros encuentros, observamos todo lo que los lectores hacen con los libros: mirar, apilar, tirar, leer, chupar, morder“, describe la bibliotecaria. Otras actividades incluyeron la lectura de poesía con títeres y objetos tejidos; lectura de poesía con objetos rodantes (trompos, etc.); pequeños susurradores y teléfonos de lata.

“Nos hemos planteado, primeramente, que los destinatarios fueran los niños de la sala Huellitas y sus madres, estudiantes de la escuela media. Luego, los estudiantes de la escuela media, que han intervenido como mediadores de lectura y como lectores de poesía infantil. Todos aquellos que comparten este espacio y esta experiencia (estudiantes, alumnas madres, alumnos padres, maestras, bibliotecaria, profesores y preceptores)  han asumido el rol de ser lectores y de escuchar lecturas, de manera horizontal y placentera”, sostiene Sastre.

“Todos aquellos que comparten este espacio y esta experiencia han asumido el rol de ser lectores y de escuchar lecturas, de manera horizontal y placentera”, explica la bibliotecaria.

El trabajo cotidiano se ha centrado en generar diariamente mayor articulación. “Nos parece fundamental contar, principalmente, con libros de alta calidad literaria y estética. Nuestros esfuerzos y nuestra pasión se orientan a generar un vínculo fuerte con la palabra literaria en general y la palabra poética en particular, entre todo los que hacemos la comunidad educativa”, continúa la responsable del proyecto.

Además de reencontrar a los adolescentes con la lectura por placer y de ubicarlos en el rol de mediadores de lectura, la biblioteca compartida permitió visibilizar a la sala maternal dentro de la escuela. “A futuro, queremos hacer de este espacio un lugar al que puedan venir chicos de otros jardines similares al nuestro”, concluye Galli, y anticipa que el premio se destinará a seguir fortaleciendo la biblioteca, es decir, a seguir potenciando la lectura como espacio de construcción de una comunidad educativa inclusiva.

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