La hora de la innovación

La transformación del sistema educativo, en particular de la secundaria, está en el centro de los debates actuales sobre educación. El desafío interpela a las políticas educativas, pero también a las escuelas y los docentes individuales.

Alumnos, docentes, funcionarios y especialistas en educación suelen estar en desacuerdo en varias cuestiones. Sin embargo, hay un punto en el que todos parecen coincidir: ya no es posible seguir postergando la transformación del sistema educativo, sobre todo en la secundaria, donde los resultados de aprendizaje y los indicadores de deserción son alarmantes. La discusión sobre la innovación ha ocupado el centro de la agenda educativa en la Argentina, al igual que en otros países de la región y del mundo.

“Cambio e innovación educativa: las cuestiones cruciales” fue, justamente, el título del XII Foro Latinoamericano de Educación, organizado por Fundación Santillana en el Centro Cultural de la Ciencia. Allí Axel Rivas, codirector de Educación de CIPPEC, presentó un documento en el que discute el concepto de innovación y reflexiona sobre qué pueden hacer las escuelas y qué puede aportar la política educativa para construir una educación que garantice los “derechos del aprendizaje del siglo XXI”.

“Ya muchos países han comenzado a discutir activamente que el currículum no debe ser una serie de obligaciones sino una serie de derechos –señala Rivas en el documento–. Esto es parte de un cambio de época. Supone pensar en un modelo educativo que permite transformar el mundo más que reproducirlo”. Esa es la clave de esta concepción de derechos del aprendizaje del siglo XXI, basada en la necesidad de “enseñar contenidos fundamentales para crear capacidades de actuar en los estudiantes”.

¿Cuáles son esas capacidades? Existen distintas “listas” que enumeran las “habilidades del siglo XXI”. Según un documento del Foro Económico Mundial, estas habilidades incluyen 6 formas de alfabetización –lectoescritura, matemática, científica, tecnológica, cultural y cívica–, 4 competencias –pensamiento crítico y resolución de problemas, creatividad, comunicación y colaboración– y 6 cualidades de personalidad –curiosidad, iniciativa, perseverancia, adaptabilidad, liderazgo y conciencia social y cultural–.

Las políticas transformadoras

“La innovación no es sinónimo de incorporación de tecnologías, sino que implica pensar nuevos formatos pedagógicos e institucionales”, planteó Andrés Delich, director de la oficina argentina de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), en la apertura del Foro.

Max Gulmanelli, secretario de Gestión Educativa del Ministerio de Educación y Deportes, citó a Santiago Bilinkis y graficó la encrucijada de la innovación a partir de un ejemplo: “Imagínense que les anuncian que están clasificados para las Olimpíadas de 2020. Pero no saben en qué disciplina. ¿Cómo se preparan?”. Según Gulmanelli, “ese es el desafío actual de la escuela: los chicos que hoy están en primer grado van a terminar su escolaridad en 2028 y se van a jubilar en 2080, en un mundo que no sabemos cómo será”. Por medio de sus estudiantes, los docentes pueden contribuir a moldear el futuro: “Nuestros estudiantes van a inventar el mundo que viene. Cómo será ese mundo depende, en alguna medida, de lo que les enseñemos”.

Otra voz oficial fue la de Mercedes Miguel, secretaria de Innovación y Calidad Educativa de la Nación. Entrevistada por Melina Furman, Miguel destacó la creación de la Red Federal para la Mejora de los Aprendizajes, que reúne a las 24 jurisdicciones y la Nación, donde se están discutiendo los lineamientos de la nueva Escuela Secundaria 2030. “Hay un enorme consenso con respecto a los cambios que necesita el nivel medio”, aseguró la funcionaria.

Los dos ejes cruciales, según planteó Miguel, tienen que ver con el desarrollo profesional docente y con la discusión de un nuevo régimen académico (que incluye desde los mecanismos de evaluación, acreditación y promoción, hasta el trabajo por proyectos interdisciplinarios y el aprendizaje servicio). “Hay escuelas que ya están haciendo cosas excelentes, a veces incluso por fuera de las normas”, reconoció. Sobre la responsabilidad de las autoridades políticas en promover la innovación, Miguel sostuvo: “Necesitamos generar marcos que permitan la diversidad y la flexibilidad en los modos de lograr los objetivos. Nos falta confiar en que es posible llegar al mismo lugar de distintas maneras”.

Innova Schools, una experiencia innovadora en Perú.

 

Experiencias disruptivas

En el Foro también se presentaron algunas iniciativas innovadoras que se han vuelto referencias internacionales, como Horizonte 2020. Su ex director, Xavier Aragay, explicó la reforma educativa implementada por Jesuitas Educación en 8 escuelas de Cataluña, donde rediseñaron la arquitectura escolar, los cursos son más numerosos, los docentes trabajan en equipo, y las materias tradicionales y los exámenes han sido reemplazados por el trabajo en grupo por proyectos.

También se destacó la experiencia de Innova Schools, una cadena de colegios privados de Perú, que desarrolló un modelo educativo disruptivo destinado a la clase media emergente de ese país, con matrículas a precios accesibles. El modelo está centrado en la integración de tecnología (blended learning, o aprendizaje semipresencial), y combina un 70% del tiempo de aprendizaje con docentes, con un 30% de trabajo en las computadoras dentro de la escuela. Innova llegará a 50 colegios en 2018, con los que atenderá a alrededor de 40 mil estudiantes.

Horizonte 2020 e Innova Schools tienen varios elementos en común. Además de ser iniciativas aplicadas en el ámbito iberoamericano y privado, ambas funcionan en un nivel intermedio entre la escuela o el docente individual y el sistema educativo: lo que Axel Rivas llama el nivel de los “ecosistemas”, es decir, redes de escuelas y proyectos. Rivas define a los ecosistemas de innovación educativa como “vulneraciones sistemáticas dela matriz escolar tradicional que parecen haber funcionado, que logran crear una estabilidad en el tiempo, una forma de sustentabilidad adaptativa, una nueva institucionalidad”.

 

Un nuevo “para qué”

La sustentabilidad y la “reinstitucionalización” resultan cruciales para que la innovación adquiera estabilidad y no resulte efímera. Innovar, en este sentido, no significa eliminar el orden y las rutinas, sino crear un orden y unas rutinas nuevas: “Si hay un lugar común del que tiene que escapar la innovación educativa es el del espontaneísmo pedagógico”, afirma Rivas, para quien no es posible sostener una experiencia innovadora desprendiéndose de “las obligaciones, las rutinas, los ejercicios, los controles, incluso las evaluaciones”.

Otra característica que comparten varias iniciativas innovadoras es que colocan en el centro el deseo de aprender del alumno, le proponen desafíos que lo motiven y potencian su autonomía. En esta línea, Rivas destaca cuatro motores para el aprendizaje: el primero de ellos es el sentido, es decir, que los estudiantes encuentren el valor y el para qué de lo que hacen en la escuela. Otros motores tienen que ver con el reconocimiento de la diversidad de los alumnos, la creación de altas expectativas con respecto a sus capacidades, y la apuesta por un aprendizaje colaborativo susceptible de lograr transformaciones concretas de la realidad.

Mientras algunos expertos anuncian el “fin de la escuela” tal como la conocemos, otros aseguran que la única forma sostenible de cambiar la matriz escolar es desde dentro. Como parte de este segundo grupo, Rivas está convencido de que el secreto de la innovación educativa es transformar la mirada hacia los estudiantes. “¿Qué pensamos de nuestros alumnos? ¿Qué sentimos que son capaces de hacer? ¿Hasta dónde pueden llegar? ¿Cuáles su techo?”. Frente a estas cuestiones, su respuesta apela a la confianza: “El secreto de la innovación educativa es sentir que nuestros alumnos pueden cambiar su mundo y quieren hacerlo. Y pueden cambiar el nuestro”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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