La práctica reflexiva, un nuevo modelo de formación docente

Àngels Domingo, doctora en Pedagogía por la Universidad Internacional de Cataluña, explica la importancia de brindar a los maestros una metodología que les permita reflexionar de manera sistemática sobre sus éxitos y fracasos en el aula, para que puedan aprender de la experiencia y desarrollen las competencias necesarias para el siglo XXI.

Àngels Domingo es cofundadora y directora de la Plataforma Internacional Práctica Reflexiva.

Àngels Domingo es doctora en Pedagogía por la Universidad Internacional de Cataluña y trabaja como docente, consultora e investigadora en varias instituciones. Se ha especializado en el desarrollo docente como elemento clave de la innovación pedagógica, y estuvo  de visita en Buenos Aires recientemente para participar del primer Simposio Internacional de Práctica Reflexiva, realizado en la Universidad de San Andrés, con la participación de referentes de 14 países de América Latina y Europa. También vino a presentar la Plataforma Internacional Práctica Reflexiva, creada en 2011, y en la que ya participan 37.000 docentes de 52 países del mundo, entre ellos varios argentinos.

–¿Cómo definirías la práctica reflexiva?

–Es un término de origen americano, que se utiliza en distintas profesiones. En el caso de los docentes, es un modelo de auto-formación permanente por parte del profesor, en el que la propia experiencia se hace objeto de reflexión, con el fin de poder aprender tanto del éxito como del fracaso. El ejercicio de aprender del fracaso lo tenemos todos; sin embargo, pocas veces reflexionamos sobre el éxito.

–¿Cómo se inserta esa reflexión en las rutinas profesionales de los docentes?

–La propuesta es sistematizar la reflexión y, para eso, se precisa aprender una metodología que nos ayude a revisar la práctica con el fin de mejorarla. En el horario laboral del docente no suele haber mucho tiempo para la reflexión sistemática. Pero es un recurso importante para incorporar a nivel personal e institucional: las escuelas deberían empezar a destinar reuniones a la reflexión metodológica guiada, con el fin de que todos los docentes puedan aprovecharla, construyendo una comunidad profesional de aprendizaje.

“En el horario laboral del docente no suele haber mucho tiempo para la reflexión sistemática. Pero es un recurso importante para incorporar a nivel personal e institucional.”

–¿Cuál es la propuesta de la Plataforma Internacional Práctica Reflexiva?

–La plataforma funciona como un lugar de encuentro y de intercambio de conocimiento entre docentes. Los docentes pueden acceder de manera gratuita a esta web, que se alimenta de las experiencias de expertos y formadores de muy diversos lugares del mundo. Hay 37.000 miembros, todos ellos docentes o investigadores, de 52 países distintos, entre ellos la Argentina. Cada uno tiene la oportunidad de socializar su experiencia y de nutrirse de nuevos conceptos. Impulsamos esta plataforma con la intención de apoyar la identidad docente y fortalecer la profesión.

–¿Qué espacio tiene la práctica reflexiva en la formación docente?

–Es una tendencia emergente. La investigación nos ha demostrado que la práctica reflexiva es de los pocos formatos de formación que impacta directamente en la práctica del docente. Durante mucho tiempo la formación se ha realizado con un modelo transmisivo: el experto viene, explica, y luego el docente llega a su escuela y no puede practicar muchas de las cosas que aprendió, o no tiene las condiciones necesarias. Nosotros proponemos una formación que desde el principio articule teoría y práctica en el mismo espacio. Y lo más interesante es hacerlo en equipo, con un grupo de colegas.

“La práctica reflexiva es de los pocos formatos de formación que impacta directamente en la práctica del docente.”

–Otra de tus especialidades es el desarrollo de competencias docentes. ¿Cómo se hace para aplicar en el aula este enfoque centrado en competencias?

–UNESCO me envía a diferentes países para apoyar el proceso de implementación de las competencias, tanto en la currícula como en las prácticas de aula. Lo que he percibido es que el concepto de competencia no está bien comprendido. Se confunde la competencia con las habilidades, con el saber hacer. Capacidades, habilidades y competencias son términos distintos. La capacidad es un conocimiento, estar preparado para. Pero no implica acción, ahí falta el entrenamiento, la experimentación. El segundo nivel formativo sería poner esa capacidad en ejercicio: eso genera una habilidad. Quien tiene una habilidad, se ha entrenado y sabe hacer. Pero cuando un profesor, además de estar capacitado y haberse entrenado en el saber hacer, es capaz de unir todas sus habilidades cognitivas, sociales, empáticas, experienciales y ponerlas al servicio de la resolución de una situación concreta en el aula, eso es la competencia. Entonces entendemos competencia como la movilización que un docente hace de todos sus recursos cognitivos, psicológicos, sociales, para resolver con éxito una situación de aula, en un contexto de inmediatez y de incertidumbre.

–¿Qué competencias son imprescindibles para los docentes actuales?

–Los docentes nos hemos formado en teorías pedagógicas del siglo XIX, cursamos el profesorado durante el siglo XX, y estamos enseñando a estudiantes del siglo XXI. Por lo tanto, tenemos que adquirir una competencia profesional que se llama saber desaprender. Hay que desaprender ciertos modelos, esquemas mentales que ya no funcionan, porque la sociedad ha cambiado y la información ahora circula por todas partes. A todos nos cuesta que nos saquen de nuestra zona de confort. La plataforma procura apoyar ese ejercicio reflexivo para que el cambio se haga desde la propia convicción del docente: no una innovación por imposición, sino por convicción.

La competencia reflexiva ya se está contemplando en la formación de maestros y profesores. La capacidad de reflexionar sobre la propia práctica hay que aprenderla en la universidad o en los profesorados. No podemos formar profesionales sin capacidad de auto-formarse. La autogestión de la propia formación, ser responsable de formarme yo mismo a partir de mi práctica, es fundamental.

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