Las 5 habilidades de los docentes del futuro

Conocimiento sólido de su materia, capacidad de actuar como facilitadores, buenas competencias sociales, foco en el "afuera" de la escuela y análisis de datos serán imprescindibles para los educadores en 2030, sostienen desde Fundación Varkey.

Crédito: Global Partnership for Education - GPE

En un escenario global caracterizado por el cambio tecnológico rápido, el desafío de preparar a los jóvenes para los trabajos del futuro requerirá de nuevos perfiles de docentes. En Fundación Varkey hicieron el ejercicio de imaginar cómo deberían ser los educadores en el año 2030, e identificaron 5 habilidades fundamentales –varias de las cuales, en rigor, siempre han definido a un “buen docente”–.

A continuación, las 5 habilidades que no podrán faltarles a los maestros del futuro. Fundación Varkey invita a maestros y profesores de todo el mundo a revisar esta lista y participar de una encuesta (en inglés) para votar cuáles serán las habilidades docentes fundamentales en 2030.

1. Conocimiento sólido de su materia

Desde siempre, un buen docente es aquel que conoce muy bien los temas que enseña (y, habitualmente, un apasionado por su materia). Pero en aulas equipadas con dispositivos tecnológicos y conectadas a Internet, ese conocimiento se vuelve más importante que nunca, porque el maestro tiene que ayudar a sus estudiantes a entender e interpretar la información que encuentran en la Web.

No se trata, claro, de recitar montones de datos y reglas desde el pizarrón. Desde Varkey afirman que “un docente es alguien que conoce su materia lo suficientemente bien como para entender qué es lo que los estudiantes pueden descubrir por su cuenta, y con qué necesitarán ayuda, permitiéndoles lograr una comprensión más profunda de los temas”.

En otras palabras, únicamente un docente muy preparado en su área puede enseñarles a los alumnos de manera que no solo aprendan datos, sino que sepan cómo utilizarlos y sean capaces de aprender durante toda su vida.

2. Ser un facilitador

Aunque el concepto de “facilitador” es resistido por algunos gremios docentes, desde Varkey sostienen que este aspecto de la tarea pedagógica resulta cada vez más central en los sistemas educativos desarrollados.

Ser facilitadores del aprendizaje implica trabajar para que los estudiantes puedan desarrollar las habilidades que necesitarán en el futuro, para poder insertarse en el mundo laboral y desarrollar sus proyectos de vida.

Mientras los trabajos rutinarios tienden a desaparecer, reemplazados por la automatización tecnológica, surgen nuevas prioridades para la tarea docente. Enseñar lectura, escritura y matemática ya no alcanza: hoy resultan fundamentales habilidades como el pensamiento crítico, la comunicación, la colaboración y la creatividad.

No es fácil enseñar estas habilidades, pero los docentes sí pueden facilitar el aprendizaje de las mismas por medio de metodologías como el trabajo por proyectos, que involucran a los alumnos en la búsqueda de soluciones para problemas del mundo real.

3. Buenas habilidades sociales

Los docentes del futuro deberán ser expertos en estimular los aspectos sociales del aprendizaje, para que los estudiantes desarrollen las competencias de comunicación y colaboración que necesitarán en sus trabajos (y que no pueden ser reemplazadas por tecnología).

En la Argentina, como en muchos otros países, las encuestas de demanda de capacidades laborales suelen encontrar que las “habilidades sociales” suelen estar entre las más reclamadas por los empleadores. Algunas de las más requeridas: saber trabajar en equipo, tomar decisiones, resolver problemas y comunicarse de manera efectiva.

4. Foco en el “afuera” de la escuela

Cada vez más, los docentes tendrán que enfocarse en el aprendizaje fuera de los muros de la escuela, y recurrir a situaciones del mundo real como eje del proceso pedagógico.

El documento de Varkey menciona el ejemplo de Kiran Bir Sethi, una docente india finalista del Global Teacher Prize en 2015: con el objetivo de enseñarles a sus alumnos sobre los procesos de filtración del agua, los lleva de visita a comunidades de bajos recursos para que investiguen la calidad del agua disponible allí, y luego desarrollen prototipos de filtros que puedan servirles a las familias de esas comunidades.

En la Argentina y América Latina, este tipo de trabajo “puertas afuera” de la escuela también está muy desarrollado, de la mano de los proyectos de aprendizaje-servicio.

Otro modelo que pone el foco en el afuera es de la “clase invertida” (flipped classroom), en el que la “enseñanza” tiene lugar fuera del aula, habitualmente por medio de videos que los alumnos deben ver antes de la clase, mientras que el tiempo en la escuela se utiliza para realizar actividades y profundizar en la exploración del tema.

5. Análisis de datos

En la medida en que los sistemas educativos tienden a informatizarse, la tecnología funciona crecientemente como una herramienta clave para poder seguir el desempeño de los estudiantes. En este marco, los docentes del futuro necesitarán apelar al análisis de datos para detectar a los alumnos que tienen dificultades y ayudarlos a alcanzar todo su potencial.

Mientras crece la cantidad de evaluaciones y tareas que los alumnos resuelven online, los docentes se enfrentan con un número cada vez mayor de datos sobre el desempeño y los problemas de los estudiantes. Para poder procesar esa información y aprovecharla de la mejor manera posible, los maestros deberán ser hábiles analistas.

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