Las 6 capacidades que deberán tener todos los docentes argentinos

Dominar los saberes, actuar de acuerdo con los diversos modos de aprender de los estudiantes, dirigir la enseñanza, intervenir en la dinámica grupal pero también en la escuela y la comunidad, comprometerse con la propia formación. Estos son los ejes del Marco Referencial de Capacidades Profesionales aprobado por la Nación y las provincias.

CRÉDITO: Scott Akerman (Flickr)

¿Qué es un buen docente? Esta pregunta se puede responder de diferentes maneras, en función de los distintos niveles y contextos de enseñanza. Aun pese a la diversidad de la tarea docente, el Instituto Nacional de Formación Docente (INFoD) y los 24 ministerios de Educación provinciales decidieron identificar ciertas capacidades que son necesarias siempre. Trabajaron durante un año en la elaboración de un documento que surge de ese ejercicio: pensar cuáles son las capacidades que todo docente debe tener. Las resumieron en el Marco Referencial de Capacidades Profesionales de la Formación Inicial, que acaba de presentarse en el Consejo Federal de Educación.

Según explican desde el INFoD, el Marco es una herramienta de política curricular que busca “orientar a los institutos –sus directivos y docentes– en la tarea de formar futuros docentes, con el objetivo de mejorar las experiencias formativas y las prácticas de enseñanza“. En concreto, el documento define seis capacidades profesionales que deberán ser promovidas en quienes se forman como docentes en todo el país: a partir de ahora, se espera que todos los egresados de las carreras de formación docente las desarrollen.

Las capacidades que definieron los ministerios son las siguientes:

1. dominar los saberes a enseñar;

2. actuar de acuerdo con las características y diversos modos de aprender de los estudiantes;

3. dirigir la enseñanza y gestionar la clase;

4. intervenir en la dinámica grupal y organizar el trabajo escolar;

5. intervenir en el escenario institucional y comunitario;

6. comprometerse con el propio proceso formativo.

“Esta herramienta apunta a la formación en la práctica e interpela a uno de los diagnósticos más conocidos en el país: la centralidad de la formación teórica. Esto trae aparejada una desconexión entre la formación inicial y los desafíos concretos que encuentran luego los docentes en el aula“, explicó Cecilia Veleda, directora ejecutiva del INFoD. De acuerdo con sus impulsores, el documento –que desagrega estas 6 capacidades generales en 30 más específicas– pretende orientar las políticas y prácticas institucionales de la formación docente para acercarla cada vez más a los desafíos reales de la enseñanza y el aprendizaje en las escuelas.

El Marco pretende orientar las políticas y prácticas institucionales de la formación docente para acercarla cada vez más a los desafíos reales de la enseñanza y el aprendizaje, dicen sus impulsores.

“Nos propusimos pensar colaborativamente un marco común de capacidades que promueva una educación inclusiva y respete la especificidad de cada jurisdicción y cada profesorado”, señaló Silvia Polo, representante de Formosa en la Comisión Técnica Federal que elaboró el documento. Según informó el INFoD, el siguiente paso de esta Comisión será definir estrategias de acompañamiento a los institutos en la tarea de enseñar las capacidades acordadas, para lograr la implementación efectiva del Marco.

Una de las premisas del documento es que las capacidades profesionales no se desarrollan de modo espontáneo, sino que “requieren de un largo proceso de construcción que comienza en la formación inicial y se consolida a posteriori, en el puesto de trabajo, a partir de la socialización profesional, las experiencias de formación continua y el acompañamiento de los directivos y los colegas más experimentados”. A su vez, el concepto de capacidad profesional se define como una construcción compleja de “saberes y formas de acción que permiten intervenir en las situaciones educativas además de comprenderlas, interpretarlas o situarlas para llevar adelante la tarea de enseñar, promover aprendizajes de una manera adecuada y eficaz, así como resolver problemas característicos de la docencia”.

El Marco reconoce que estas capacidades se siguen desarrollando a lo largo de toda la carrera profesional, pero deben adquirirse desde la formación inicial: “La formación inicial debe garantizar el logro de las capacidades profesionales en un nivel básico que será ampliado y profundizado posteriormente, a lo largo de la extensa trayectoria laboral prevista para los egresados. Un docente experto tendrá un mayor bagaje de este tipo de capacidades, podrá actuar en una variedad mayor de situaciones e intervenir en ellas con mayores niveles de complejidad”. En este sentido, el documento también estipula que los docentes sean apoyados en su desarrollo profesional por las instituciones, los equipos directivos, los colegas más experimentados y los dispositivos de acompañamiento desarrollados a nivel nacional, jurisdiccional e institucional.

Las capacidades profesionales requieren de un largo proceso de construcción que comienza en la formación inicial y se consolida a posteriori, en el puesto de trabajo, a partir de la socialización profesional.

La idea de definir un marco que establezca qué es un buen docente surge de recomendaciones de organismos internacionales: varios países desarrollados ya lo hicieron. El informe Profesores excelentes del Banco Mundial, publicado en 2014, señalaba: “Los estándares nacionales para la enseñanza, en los que se articula ‘lo que un profesor debe saber y poder hacer’, constituyen un paso importante en el desarrollo de un cuerpo docente más profesional. En los últimos 20 años, la mayor parte de los países de la OCDE han trabajado mucho para elaborar este tipo de parámetros. Los países latinoamericanos que lo han hecho son relativamente pocos”.

El documento del Banco Mundial menciona la excepción de Chile, que en 2003 estableció su Marco para la Buena Enseñanza. Según el Banco Mundial, “elaborar estándares nacionales para la enseñanza es una tarea que lleva tiempo y esfuerzo, pero al establecer formalmente estándares exigentes, se sientan las bases de la calidad educativa”. Chile también tiene un Marco para la Buena Dirección y el Liderazgo Escolar, elaborado en 2004; la Argentina avanza en esa misma dirección.

También en esta línea, un informe reciente del Diálogo Interamericano y la Organización de Estados Iberoamericanos advertía que en la Argentina “no se han explicitado en un marco regulatorio nacional las competencias docentes para cada nivel y modalidad educacional”, aunque “algunas provincias han avanzado (en sus diseños curriculares o fuera de ellos) en la formulación de un diseño descriptivo de ciertas capacidades docentes”. Este nuevo Marco de Referencial parece venir a satisfacer esa demanda, basada en la premisa de que la definición de estándares de la buena enseñanza permitirá establecer expectativas claras sobre qué se espera de los docentes.

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