Las mujeres tienen más acceso a la educación, pero menos al trabajo

En 2010 había solo 90 varones por cada 100 mujeres en el nivel secundario en Argentina. Diez años antes, la proporción era 95-100, según datos de Unesco. Sin embargo, el mayor acceso de las mujeres jóvenes a la educación –también conocido como brecha de género "invertida"– no se traduce aún en una participación más igualitaria en el mercado laboral.

En los últimos 20 años se profundizó en el sistema educativo argentino una “inversión” de la brecha de género: en la escuela secundaria hay más mujeres que varones. Mientras que el 80% de las chicas de entre 15 y 19 años están en la escuela, solo el 67% de los varones de esa edad asisten al colegio. Según datos de la OCDE, en el país termina la escuela el 69% de las chicas, pero solo 49% de los chicos.

La brecha se repite en los países desarrollados y en varios países de ingresos medios, aunque en la Argentina adquiere una magnitud más significativa que en otros sistemas educativos. Paradójicamente, ese mayor acceso de las jóvenes a la educación no se traduce en una mayor participación laboral femenina: los varones siguen teniendo mayores oportunidades de inserción en el mercado de trabajo.

Con una diferencia del 12,6% a favor de las mujeres, la Argentina supera por bastante margen la brecha de países como Israel (8%), Irlanda (5,6%) y Nueva Zelanda (5,1%), de acuerdo con cifras de la OCDE. En la comparación latinoamericana, Brasil (1,3%), Chile (1,8%) y México (0,3%) casi no registran diferencias entre la matrícula femenina y la masculina. Mientras que Colombia tiene en sus aulas secundarias más varones que mujeres (-0,2%). En los países desarrollados, la diferencia promedio es 2,2% a favor de las mujeres.

La inversión de la brecha de género educativa se repite en los países desarrollados y en varios países de ingresos medios, aunque en la Argentina adquiere una magnitud más significativa que en otros sistemas educativos.

Alcanzar la paridad de género –igual proporción de chicos y chicas en las aulas– era uno de los objetivos prioritarios que los países nucleados en Unesco se habían propuesto para 2015. Sin embargo, desde el organismo estimaron que solo el 56% de los países cumpliría ese objetivo. A contramano de las realidades de países africanos y asiáticos, en América Latina la desigualdad en la tasa de escolarización se da en detrimento de los varones.

En la región “la tendencia es que la disparidad de género en el acceso a la educación perjudique a los hombres, especialmente en la educación secundaria”, sostiene el documento, titulado Enseñanza y aprendizaje. Lograr la calidad para todos. Y sigue: “En Argentina la situación se ha deteriorado rápido: mientras en 1999 había 95 hombres por cada 100 mujeres en secundaria, en 2010 había solo 90”.

La inversión de la brecha de género en educación no ofrece motivos para celebrar. Por un lado, porque obliga a revisar los motivos por los cuales los adolescentes varones están abandonando el sistema educativo, en muchos casos para insertarse en el mercado laboral. Algunos estudios sobre el tema, como el de Bossavie y Kanninen que acaba de publicar el Banco Mundial, mencionan los bajos desempeños académicos de los varones como un factor que incide fuertemente sobre esta brecha.

El mayor acceso de las mujeres jóvenes a la educación no se traduce, aún, en una participación más igualitaria en el mercado laboral.

Por el otro, esta inversión de la brecha no es una buena noticia porque el mayor acceso de las mujeres jóvenes a la educación no se traduce, aún, en una participación más igualitaria en el mercado laboral. “El análisis de las tendencias ocupacionales y educativas arroja que mujeres y varones siguen concentrándose en sectores diferentes del mercado laboral, como la educación (mujeres) y las tecnologías de información y comunicación (varones), habitualmente con diferentes niveles de estatus, remuneración y seguridad”, describe el informe de Monitoreo de la Educación Global (GEM, por sus siglas en inglés) de Unesco.

Según datos de la OIT, esa segregación laboral era decreciente hasta la década de 1990, pero desde entonces se ha profundizado, lo que incrementó las desigualdades salariales en favor de los hombres.

Por otra parte, la proporción de jóvenes que no están empleados y no cursan estudios es más alta entre las mujeres jóvenes (30% frente al 11% de los hombres jóvenes). En contraste con los países de la OCDE, donde la probabilidad de ser “ni-ni” es la misma para hombres y mujeres jóvenes, en América Latina 3 de cada 4 jóvenes “ni-ni” son mujeres. De todos modos, la categoría de “ni-ni” es crecientemente criticada porque invisbiliza el trabajo doméstico que suelen realizar las mujeres. Según el informe Juventud, competencias y emprendimiento de CEPAL, “la combinación de los roles de género existentes, la escasez de guarderías infantiles y la fecundidad temprana contribuyen a la baja participación de las mujeres jóvenes en la fuerza laboral”.

 

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