“Lo más doloroso del bullying es la indiferencia”

Johanna Alanen y Tiina Makela son referentes del programa KiVa, que busca combatir el acoso escolar en las escuelas, y que ha tenido gran éxito en Finlandia. La clave del método: construir un sistema de apoyo para las víctimas, para que sus compañeros las defiendan.

Docentes de Argentina, España, Alemania y Bélgica en una capacitación del programa, en Finlandia.

En finlandés, “Kiva” quiere decir “amable”. Y es también el nombre de un programa anti bullying desarrollado en la Universidad de Turku, en Finlandia, basado en investigaciones y aplicado en 15 países de Europa y América Latina –entre ellos, en algunas escuelas de Argentina–. La iniciativa ha despertado interés de los gobiernos y sus evaluaciones muestran muy buenos resultados: en las escuelas finlandesas, la cantidad de hostigadores bajó un 50% desde que empezó a aplicarse el programa, en 2009. Johanna Alanen, responsable internacional de KiVa, y Tiina Makela, coordinadora para América Latina y España, estuvieron en Buenos Aires y conversaron con Eduprensa sobre el modo de abordar el bullying que propone el programa.

 

–¿Cuáles son las principales acciones que KiVa implementa en las escuelas para combatir el bullying?

–El programa tiene dos pilares: la prevención y la intervención. Por un lado, Kiva da herramientas al personal de las escuelas para prevenir el bullying;este es el principal objetivo. Por otra parte, brinda orientaciones y herramientas claras para que las escuelas sepan qué hacer cuando hay un caso de bullying. En cada escuela hay “equipos Kiva”, personal entrenado que sabe cómo enfrentar el caso. También ofrecemos monitoreo a las escuelas, para que tengan registro de cuántos casos hay en la institución, si los chicos se sienten seguros o no en la escuela, cómo es el clima escolar. Les proveemos encuestas online para que las escuelas puedan saber cómo les está yendo, y que comparen con años previos, o con otras escuelas Kiva en el país. Son encuestas anuales: hay una para los estudiantes y otra para los docentes. Se les pregunta a los alumnos si están sufriendo bullying, si están hostigando a alguien, etcétera.

–¿En qué consiste la intervención?

–Nunca hablamos sobre un caso de bullying delante de toda la clase. Lo hacemos de una manera confidencial. Porque sabemos que probablemente no sea agradable para la víctima que su caso sea discutido delante de todo el mundo. En vez de eso, tenemos conversaciones privadas, con la víctima por un lado, y con el agresor por el otro.En el caso de que haya varios agresores, conversamos con ellos por separado. El objetivo de estas charlas es que los hostigadores se comprometan a dejar de acosar a la víctima. Los miembros del equipo KiVa ponen el compromiso por escrito y se encargan del seguimiento de esa promesa. Y se vuelven a reunir una semana después, para ver si el compromiso se cumplió o no. La idea es darles a los hostigadores la oportunidad de cambiar su comportamiento.

–¿Se reúne en alguna instancia a la víctima y al victimario?

–No. Si la víctima quiere, se puede hacer. Pero se trata de que la víctima pueda contar su historia en confianza. La idea es mostrarle apoyo a la víctima. Y después se trata de hablar con el agresor y hacerle entender que su comportamiento es inaceptable. Pero no se fuerza al hostigador y al hostigado a reunirse, no es como una mediación. No se los fuerza a hacerse “amigos”, no tienen por qué serlo.

Tiina Makela y Johanna Alanen, referentes de KiVa, el programa finlandés que busca erradicar el acoso escolar.

–El programa pone el foco en la víctima. ¿Cómo se la acompaña?

–La idea principal es que la víctima no debe quedarse sola. A partir de las investigaciones sabemos que, si el chico hostigado tiene al menos un compañero en la clase que lo apoya y lo ayuda, estará menos deprimido y ansioso. Tratamos de impactar en los pares, para que ellos apoyen a la víctima y rechacen el bullying. Tratamos de construir un sistema de apoyo para la víctima.

Trabajamos especialmente con los potenciales defensores. Cada docente debe identificar en su clase qué estudiantes son potenciales defensores y conversar con ellos. Normalmente son estudiantes con estatus alto en su grupo, suelen ser respetados: son líderes positivos. El docente habla con ellos y les pide que traten de acercarse a la víctima, invitarla a jugar con ellos, etcétera. Los potenciales defensores son una parte importante de la intervención. Acá también le preguntamos a la víctima: ¿quiénes te parece que podrían ayudarte? ¿con quiénes te gusta jugar? Tratamos de que los mismos chicos señalen quién podría ser un defensor potencial. Los docentes colaboran porque conocen la dinámica de la clase.

–¿Los líderes no suelen ser justamente los mismos estudiantes que hostigan?

–Hay líderes negativos y positivos. La principal razón detrás del bullying es que alguien quiere poder. Hay chicos que quieren ser populares, ser líderes, y descubren que el bullying es un modo eficiente de tener poder. No hay nada malo con el poder, el problema es el abuso. Nuestras investigaciones muestran que los alumnos más populares no son los alumnos más queridos en la clase. Los hostigadores suelen ser los alumnos más populares, pero no los más queridos por sus pares. Seguramente no sean ellos los defensores de una víctima. Pero los defensores sí estarán probablemente entre los alumnos más queridos, que son líderes positivos.

Las víctimas necesitan al menos una persona que los ayude o les ofrezca apoyo, alguien que reconozca que no está bien lo que está pasando. Eso ya es mucho. Porque lo más duro para las víctimas, según nuestras investigaciones, es que nadie los ayuda. En las entrevistas posteriores dicen que lo más doloroso es que los demás actúan como si todo estuviera bien, como si no estuviera pasando nada. Esa indiferencia es incluso peor que recibir las burlas o los insultos del hostigador.

 

 

 

 

 

 

 

 

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