Los directores argentinos, con bajo nivel de autonomía

El margen de acción de los directivos en las escuelas públicas se limita a la gestión de recursos materiales y financieros, según un relevamiento de la OEI. En otros países de la región, en cambio, sus atribuciones abarcan la gestión del personal y la modificación y adaptación de la currícula.

En nueve países de América Latina (entre ellos, Colombia, Uruguay y Ecuador), un director escolar cuenta con autonomía administrativa en la gestión del personal de su escuela, es decir, sus atribuciones incluyen la posibilidad de contratación y cese de docentes. En otros tantos países –entre los que figuran Chile y Perú–, los directores gozan de autonomía para la gestión pedagógica relativa al diseño del currículo, o sea que tienen –al menos, en los papeles– atribuciones para modificar y adaptar los planes de estudios. En la Argentina, en cambio, la autonomía de los directores se circunscribe a la gestión de recursos materiales y financieros.

El dato figura en el informe Desarrollo profesional y liderazgo de directores escolares en Iberoamérica, elaborado por el Instituto de Evaluación de la OEI (IESME) en colaboración con los Institutos de Evaluación y Estadística de Brasil (INEP), España (INEE) y México (INEE), en el que se compara la situación profesional de los directivos en la región.

Autonomía de los directivos de centros escolares en cuatro aspectos de la gestión escolar. Fuente: OEI (2017)

La autonomía escolar suele ser objeto de posiciones encontradas en el sistema educativo: mientras algunos actores la defienden como una estrategia fundamental para la mejora de los aprendizajes, otras voces advierten que puede implicar una “retirada” del Estado. En un sentido positivo, la autonomía puede referirse al hecho de “que cada centro escolar debe ser concebido y administrado como un proyecto institucional, con sentido de proyecto, identidad propia y capacidad de gestión autónoma”, explica Marcela Gajardo en una investigación sobre el tema. Pero en un sentido negativo, el concepto de autonomía puede ser entendido como una “descarga” de las responsabilidades del Estado en las escuelas y sus comunidades.

En un documento de IIPE-UNESCO que analizaba los procesos de descentralización en los noventa, por ejemplo, Margarita Poggi advertía sobre la “desresponsabilización del Estado”: “Esa gestión descentralizada puede suponer tanto un mecanismo más sutil de control, como una atribución exclusiva de las responsabilidades a las escuelas por los procesos y resultados en términos de aprendizajes de los alumnos”. En este sentido, el documento afirma que “la declaración de autonomía sin recursos suficientes se transforma en un abandono en la práctica”.

En los últimos años, los países de la OCDE han tendido a avanzar en otorgar mayor grado de autonomía a los directores, pero acompañando esa decisión con apoyo adecuado a su trabajo y desarrollo profesional. Estos procesos fueron de la mano de la definición de marcos de referencia conceptual que explicitan las características, tareas y responsabilidades para un liderazgo escolar efectivo.

“La gestión escolar ha dejado de referirse solo al conjunto de actividades administrativas y de organización de recursos para incluir su impacto en la práctica docente, el desarrollo académico de los estudiantes e impulsar la participación social en la educación”, sostiene el informe de la OEI. En el sistema educativo argentino, sin embargo, las tareas administrativas siguen siendo las que predominan: un director de escuela dedica, en promedio, el 40% de su tiempo a labores administrativas.

Requisitos mínimos para el acceso a la dirección en escuelas públicas

Avanzar en la redefinición de las responsabilidades del liderazgo escolar exigiría no solo garantizar los apoyos estatales necesarios, sino también repensar los modos de acceder al cargo. En ese sentido, en la Argentina actualmente el principal requisito se refiere a la cantidad de años de antigüedad docente (aunque existen diferencias entre las provincias). Otros países iberoamericanos, en cambio, prevén la aprobación de un examen (es el caso de México, Colombia y Perú, entre otros). Mientras que en España, Bolivia o Uruguay el candidato al cargo directivo debe presentar un proyecto institucional. Además, en España y Portugal la propia comunidad escolar participa de la elección del director, un mecanismo que solo es implementado en 4 países de la región.

También existen diferencias entre los países iberoamericanos con respecto al tipo de formación exigida a un director escolar. En la Argentina no se exige a los aspirantes ninguna formación específica previa, mientras que otros países han establecido como requisito obligatorio la capacitación en liderazgo pedagógico (Chile), comunicación y relaciones interpersonales, actividades de investigación (Costa Rica, Ecuador), visitas de observación a otras escuelas (Cuba, Paraguay), tácticas de trabajo en equipo y estrategias de resolución de conflictos (Uruguay, España).

La formación inicial de los directores. Países que la contemplan como requisito obligatorio o voluntario y medidas que contempla cada uno de ellos

Existe cierto consenso en torno a la idea de que un buen director debe ser un “líder”. Pero ¿qué significa eso? Según el informe, un director que ejerce el liderazgo es aquel que tiene una “visión” de su escuela y la concreta en un proyecto viable; involucra a la comunidad escolar, familias y profesores en el desarrollo del proyecto institucional; motiva y anima al equipo docente, y se gana su confianza; en definitiva: logra sacar lo mejor de cada docente.

Sobre esta dimensión crucial del rol directivo, el documento de la OEI sostiene: “El liderazgo tiene algo de innato, dependiendo de ciertas características de la persona, pero sobre todo es una capacidad que se puede aprender y desarrollar. Hoy en día se considera que la figura de un líder individual como único referente de la organización debe dar paso a un modelo de liderazgo distribuido entre las personas implicadas en el funcionamiento de la escuela”.

1 Comment

  1. En Argentina, precisamente en la provincia de Entre Ríos, se han realizado concursos de oposición para cargos directivos, con la finalidad de una mejor preparación para ejercer el rol, procurando mejorar las prácticas institucionales.
    Sería oportuno aclarar, también, eso en la nota. Desde hace unos años se viene trabajando en el acompañamiento a equipos directivos para lograr esa mejora

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