Los nuevos actores que ya están transformando la educación

Las organizaciones de la sociedad civil reivindican su capacidad de innovar y de complementar la acción del Estado, sin reemplazarlo. Sus aportes en educación abarcan distintos focos: acompañar la transición al mundo del trabajo, acercar tutores o apoyo pedagógico, brindar formación y recursos, entre otros.

Las OSC asumen que la sociedad civil también es responsable de garantizar el derecho a una educación de calidad para todos los chicos y jóvenes de la Argentina.

En la Argentina, el 59,7% de la población mayor de 18 años dice confiar en las ONG, según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. Es una cifra alta, que se ha mantenido en esos niveles durante los últimos 10 años, y que supera ampliamente el grado de confianza que despiertan otras instituciones, como los sindicatos (17,3%), el Poder Legislativo (18,9%), el Poder Judicial (19,7%), los partidos políticos (9,7%) o los medios de comunicación (39,4%). La confianza social en las ONG (también denominadas OSC, por “organizaciones de la sociedad civil”) es un dato que confirma su importancia como actores sociales, capaces de complementar la acción del Estado –pero no de sustituirlo–.

Mientras algunas voces desconfían de la acción de las ONG en el sistema educativo –los gremios docentes, por ejemplo, suelen interpretar su presencia como un signo de “privatización” o de retroceso del Estado–, las propias organizaciones suelen defender el rol del Estado y reservar para sí mismas la responsabilidad de llegar allí donde el Estado aún no llega. Para muchas de ellas, se trata más bien de asumir un compromiso ciudadano, reconociendo que la sociedad civil también es responsable de garantizar el derecho a una educación de calidad para todos los chicos y jóvenes de la Argentina.

“Las organizaciones de la sociedad civil cumplen un rol clave en el sistema educativo, ya que cuentan con herramientas y un ‘saber hacer’ que posibilita una articulación distintiva y complementaria. Cada una desde su lugar, facilita procesos y recursos (pedagógicos, materiales, institucionales) que buscan consolidar redes de apoyo mutuo con el fin último de lograr espacios de enseñanza-aprendizaje más inclusivos”, explica Anabella Serignese, referente de Desarrollo Comunitario y Niñez de Asociación Conciencia.

Para Silvia Uranga, directora general de la Fundación Pescar, las ONG tienen una doble responsabilidad: generar innovación y, al mismo tiempo, contribuir con el logro de los objetivos del sistema educativo. Uranga aclara: “No podemos entender el tercer sector como un conjunto homogéneo de organizaciones e iniciativas”. En el caso de Pescar, el foco está puesto en fortalecer la transición de los jóvenes del secundario al mundo del trabajo.

“El trabajo desde el tercer sector nos permite hacer foco en una temática en particular y buscar estrategias de abordaje innovadoras. Somos generadores de prácticas que, al no desarrollarse dentro del sistema, tienen un mayor grado de flexibilidad y adaptabilidad. Como parte de este camino, y con experiencias que creemos que pueden ser plausibles de implementar, buscamos generar incidencia para que puedan incorporarse a nivel general”, agrega Silvia. Y destaca la importancia de la “retroalimentación permanente” con los actores del sistema educativo.

Varias organizaciones destacan la capacidad de innovación como un rasgo distintivo de las OSC. “Nuestro rol es acercar oportunidades a la gente, especialmente a los más necesitados o vulnerados, llegando adonde el Estado no logra estar. También generamos conciencia para una participación creativa, innovadora y en valores. Se trata, además, de mediar e integrar lo público y lo privado, creando puentes, achicando distancias”, analiza Pablo Sorrentino, director del Centro Educativo de Manos Abiertas.

Desde Fundación Bunge y Born –que trabaja con una red de 750 escuelas, con un enfoque federal y en coordinación las autoridades educativas provinciales– destacan dos focos principales en la labor de las organizaciones del tercer sector: complemento e innovación.  “Por un lado, las OSC complementan las acciones del Estado acompañando a las escuelas en su tarea diaria y contribuyen con sus conocimientos y recursos a la mejora de la calidad educativa. Por otra parte, por tener una estructura organizacional menor a la del Estado, las organizaciones del tercer sector son naturalmente más ágiles para innovar en los modelos de enseñanza. Además, tienen también mayor capacidad de ‘cercanía’; es decir que pueden establecer una relación más directa con las comunidades educativas y conocer sus necesidades de manera más inmediata”, explican.

Por su parte, María Mérola, directora de Educación y Juventud de Ashoka Argentina, Uruguay y Paraguay, sostiene que el rol del tercer sector es “fomentar innovaciones en las prácticas educativas en pequeña escala, que después puedan transmitirse al sistema en caso de ser exitosas; así como informar e involucrar a la población en general sobre los principales problemas y las oportunidades en la educación, logrando que más personas se involucren y participen”.

Algunas organizaciones perciben que en los años recientes el Estado empezó a reconocer el trabajo de las OSC y a coordinar esfuerzos de manera más articulada. “En el último tiempo veo una mayor confianza del Estado hacia las organizaciones. La clave es la complementariedad: las OSC no pueden reemplazar la responsabilidad del Estado con respecto a la educación –plantea Graciela Sanz de Barranco, directora de Fonbec en Mendoza–. Si las OSC complementan y el Estado confía, se potencia el rol de cada uno. Cuando pongamos la educación en el lugar que se merece, la Argentina va a cambiar de verdad”.

En Cimientos comparten la percepción de que el Estado está más abierto a trabajar en conjunto. El foco de Cimientos es una problemática que para el sistema educativo tradicional aún representa un desafío: en las poblaciones más vulnerables, la ausencia de un modelo a seguir que inspire a los jóvenes a superarse, sumada a las dificultades económicas, genera que muchísimos chicos no logren terminar la escuela secundaria. “Desde hace 20 años, desarrollamos un modelo de acompañamiento que da respuesta a esta problemática, con resultados alentadores”, resume el director ejecutivo, Marcelo Miniati.

“Celebramos que el Estado esté considerando este tipo de intervenciones como parte del sistema educativo y convocando a las organizaciones de la sociedad civil a compartir metodologías, experiencias y conocimientos –sostiene Miniati–. Hoy la educación pública nos plantea grandes desafíos y se necesita de la intervención todos los actores de la sociedad para dar respuesta”.

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