Los rankings educativos pueden conducir a decisiones erradas

Es una de las conclusiones de un estudio publicado en la revista Science. Los autores cuestionan la presentación de los resultados de pruebas estandarizadas como PISA en forma de ranking, porque sostienen que alienta la búsqueda descontextualizada de "fórmulas mágicas" copiadas de países como Finlandia o Singapur.

Es un clásico: las noticias sobre pruebas estandarizadas internacionales como PISA tienden a presentar los resultados en forma de rankings. Esta lógica de competencia deportiva lleva a que cada país (sea latinoamericano, europeo o africano) se compare con aquellos que integran el top 10: en los últimos años, todas las miradas se han dirigido hacia Finlandia y países asiáticos como Singapur o Corea del Sur. En la Argentina, la alarma mediática que encienden esos rankings no suele durar más de una semana, pero en muchos casos conduce a los funcionarios a buscar “fórmulas mágicas” entre las políticas que aplican los países “exitosos”.

Un estudio reciente de Judith Singer (de la Universidad de Harvard) y Henry Braun (de Boston College) para la Academia Nacional de Educación de Estados Unidos encontró que “la obsesión con los rankings, así como los inevitables intentos de imitar algunos rasgos específicos de los sistemas educativos más exitosos, no solo conducen a caminos equivocados, sino que distraen de la atención de otros usos más constructivos de los datos de las evaluaciones”.

La investigación, publicada en la prestigiosa revista Science, plantea que estos rankings hacen mucho ruido pero rara vez dan lugar a decisiones fructíferas. Más bien crean distorsiones, impulsan políticas concebidas de manera sesgada y obturan la posibilidad de usar la información de manera efectiva.

En la Argentina, la alarma mediática que encienden esos rankings no suele durar más de una semana, pero en muchos casos conduce a los funcionarios a buscar “fórmulas mágicas” entre las políticas que aplican los países “exitosos”

Aunque las pruebas estandarizadas ofrecen un marco valioso para entender el desempeño de un sistema educativo, y para motivar una mayor y mejor inversión en educación, el énfasis excesivo en los rankings termina opacando los datos en que esos rankings se sustentan, afirman los autores del estudio.

En septiembre de este año, los estudiantes argentinos de 15 años participarán de una nueva edición de las pruebas PISA, implementadas por la OCDE, un organismo de “países desarrollados” al que la Argentina aspira a ingresar. El énfasis de este año estará puesto en la Lectura, aunque la evaluación abarcará también Matemática y Ciencias. Una de las principales novedades es que la provincia de Córdoba participará como “región asignada”, es decir, contará con una muestra representativa para la jurisdicción, al igual que la Ciudad de Buenos Aires en las dos ediciones previas.

Además, el calendario de evaluaciones internacionales incluye el año que viene el Cuarto Estudio Regional Explicativo y Comparativo (ERCE), aplicado por Unesco en 19 sistemas educativos de América Latina, entre ellos la Argentina. El ERCE evaluará el desempeño de los estudiantes en las áreas de Matemática y Lenguaje para tercer y sexto grado de primaria, así como Ciencias Naturales en sexto grado.

El énfasis excesivo en los rankings termina opacando los datos en que esos rankings se sustentan, afirman los autores del estudio

Mientras los resultados se expresen en forma de rankings, plantean Singer y Braun, los matices quedarán invisibilizados. A la vez, los investigadores reconocen que la lógica de los rankings es funcional al interés periodístico, permite construir titulares y, en ese sentido, ofrece un insumo demasiado tentador como para ignorarlo. Si bien el estudio de la Academia estadounidense apela a la responsabilidad de los medios, su principal foco está en el modo en que las propias organizaciones evaluadoras –como la OCDE– presentan los resultados.

Algunos ejemplos de las distorsiones que los rankings esconden: en las pruebas PISA de 2012, Shanghai obtuvo los mejores resultados en matemática, pero el 27% de los estudiantes habían sido excluidos deliberadamente de la muestra. En Corea del Sur, alrededor de la mitad de los alumnos evaluados había pagado por clases de apoyo privadas: por lo tanto, es difícil asignar sus buenos resultados únicamente al sistema educativo.

Los autores también cuestionan la comparación de resultados de “ciudades Estado” como Singapur, con las realidades de países federales y mucho más complejos, como Estados Unidos, la Argentina o Brasil. Dicho en criollo: los rankings educativos terminan comparando peras con manzanas.

Singer y Braun sugieren 5 estrategias para mejorar el uso de las evaluaciones y lograr un impacto más eficiente en los sistemas educativos. Su primera recomendación apunta a todos los actores involucrados, desde las organizaciones que realizan las evaluaciones hasta los políticos y los medios: los investigadores abogan por minimizar el énfasis en los rankings.

Si bien el estudio de la Academia estadounidense apela a la responsabilidad de los medios, su principal foco está en el modo en que las propias organizaciones evaluadoras –como la OCDE– presentan los resultados

La segunda estrategia sugiere que, al publicarse los resultados de las evaluaciones, estos se vinculen con otras fuentes de información, de modo de favorecer de entrada análisis más matizados y más significativos.

El estudio también apunta a la responsabilidad de investigadores y funcionarios de aprovechar la información de las pruebas, disponibles en formato digital, para recabar datos más precisos y más útiles. Además, se recomienda seguir el progreso académico de los alumnos participantes de las pruebas, vinculando siempre sus desempeños con el contexto, en particular con el nivel socioeconómico de los estudiantes.

Finalmente, los investigadores advierten que, cuando la publicación de resultados de una prueba dispara un reclamo por cambios en las políticas públicas, cualquier decisión debe ser precedida por una consideración seria de los efectos posibles que tendría “importar” una política educativa a un contexto distinto de aquel donde pudo haber sido exitosa.

DESCARGÁ el estudio completo de la Academia Nacional de Educación de EE.UU. (en inglés)

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