Luciana Alonso: “Cuando la transformación surge de la base, no genera resistencia”

Eutopía es una red de directivos, docentes, estudiantes y familias que busca la transformación de la secundaria. Su directora, Luciana Alonso, cuenta cómo imaginaron una nueva experiencia escolar a partir de repensar el currículum, la evaluación, el uso del tiempo y el espacio, la didáctica y los vínculos.

Luciana Alonso es magister en Educación y Tecnología por la UNED de Madrid y directora de Eutopía.

Luciana Alonso es la directora del Proyecto Eutopía, una red de directivos, docentes, estudiantes y familias que busca la transformación de las escuelas secundarias. El proyecto arrancó en 2017 y ya abarca 16 escuelas de la Ciudad de Buenos Aires, con alrededor de 6.000 estudiantes.

La iniciativa es impulsada por la Vicaría Episcopal de Educación del Arzobispado de Buenos Aires, en alianza con Fundación Telefónica Movistar y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). En marzo de 2020 se abrirá la convocatoria para sumar una segunda cohorte de escuelas. En diálogo con Eduprensa, Alonso cuenta de qué se trata la propuesta.

–¿Cómo nace Eutopía?

–Surge de la necesidad de transformar la escuela secundaria en la Ciudad de Buenos Aires. Eutopía significa “buen lugar”, porque creemos que la escuela lo es, solo que está llamada a reinventarse. La cultura está en transformación, pero la escuela permanece intacta: la clase, la rutina, el espacio. Vemos que eso no tiene demasiado sentido en la experiencia de los jóvenes. Eutopía supone un proceso de transformación de la cultura escolar que nace de las escuelas, con vocación de tener impacto en el sistema: queremos aportar a la construcción de políticas públicas, pero con una voz que viene desde la base.

–¿Cómo fue el proceso de implementación?

–Estudiamos algunas experiencias mundiales donde las escuelas empezaron a tener un mayor protagonismo, y vimos que había otras formas de participación social para generar cambios educativos. Hicimos una convocatoria pública para ver quiénes querían levantar la mano e iniciar el camino. Arrancaron 60 escuelas, de las cuales constituimos una muestra de investigación de 16, con un criterio territorial; son escuelas muy heterogéneas. Estuvimos todo un año diseñando prototipos de cambio, y este año lo estamos implementando.

El primer año nos dedicamos a la convocatoria pública, a tener muchos seminarios internacionales, a estudiar qué habían hecho otros países en la región y qué se está haciendo a nivel nacional. Estamos en el marco de Secundaria 2030, aprobada por el Consejo Federal de Educación. Hay movimientos emergentes de distintas provincias. En la Ciudad hay también una transformación impulsada por el Ministerio que viene desde el sistema hacia las bases. Eso también es necesario. Nosotros pedimos la flexibilización de normativa, algunas condiciones que facilitan los procesos de innovación, y estamos teniendo esos diálogos con el Ministerio.

“Eutopía supone un proceso de transformación de la cultura escolar que nace de las escuelas, con vocación de tener impacto en el sistema: queremos aportar a la construcción de políticas públicas, con una voz que viene desde la base”

–¿Cómo cambia la enseñanza las escuelas que participan del proyecto?

–Se está repensando la escuela para que haya un mayor protagonismo del estudiante, que las materias no estén tan compartimentadas en disciplinas sino que los chicos puedan estudiar a partir de problemas reales y logren impacto social, que pueda haber más preguntas poderosas que los motoricen a investigar en función del trabajo por proyectos. Mucho protagonismo del alumno, un reposicionamiento de los vínculos, transformación del rol docente, del rol del alumno y de cómo se construye conocimiento.

Nuestro modelo es una matriz del cambio que tiene 6 elementos que condicionan la experiencia escolar: el currículum, la evaluación, el uso del tiempo, el uso del espacio, las estrategias de enseñanza (la didáctica) y los vínculos. En cuanto a la evaluación, por ejemplo, tendríamos que repensar qué significa la nota en la vida de un alumno y si podemos aportar a que los chicos empiecen a hacer conscientes procesos de autoevaluación que les permitan reconocer qué aprendieron y qué les falta. Desde ahí, plantear una evaluación para el aprendizaje y no tanto “de” los aprendizajes, poniendo el acento en el proceso más que en los resultados.

–¿Cuál es la participación de la UBA en la evaluación del impacto del proyecto?

–Uno de los desafíos es evaluar qué aprendizaje se puede construir a partir de esta experiencia. Uno puede mirar por ejemplo a los jesuitas de Barcelona, pero no somos de la idea de “customizar” un modelo. Tenemos que construir el propio, a partir de nuestra cultura. Estudiamos muchos modelos y a partir de ahí nos animamos a construir un marco referencial propio, con ayuda de especialistas, entre ellas Mariana Maggio, directora de la Maestría en Tecnología Educativa de la UBA. Mariana y su equipo de la carrera de Ciencias de la Educación están haciendo el proceso de evaluación e investigación, con el objetivo de construir un modelo propio a partir de Eutopía. Todo va a ser publicado y puesto a disposición para que les sirva a otros. Estamos generando un modelo de modelos: no hacemos en todas las escuelas lo mismo, sino que construimos un modelo que pone en juego la autonomía de cada escuela.

–Además de Horizonte 2020, ¿qué otras experiencias internacionales observaron?

–Nos inspira el proceso de Escola Nova 21 en Barcelona, apoyado por la Unesco. Ellos tomaron 25 escuelas “de avanzada”, que estaban haciendo algo distinto, las reunieron, y empezaron un movimiento en red en el que estas 25 van acompañando a un segundo conjunto de escuelas, y así sucesivamente. Se fueron expandiendo, y ahora es una red de 400 escuelas. El gobierno de Barcelona terminó subsumiendo el proyecto.

Nos interesa Escola Nova 21 porque es público: ahí tenés mezcladas escuelas confesionales, laicas, estatales, privadas, están todos. Eutopía es público, siempre nació con esa vocación. La muestra actual quedó compuesta por escuelas privadas y religiosas porque no hubo posibilidad de que adhiriera una estatal, pero tenemos esperanza de que en la segunda cohorte sí suceda eso. Estamos en diálogo con otras escuelas y otras comunidades porque aspiramos a un cambio cultural a otra escala, creemos que las escuelas podemos trabajar juntas por la educación. Se tienen que involucrar todos: las escuelas, el sistema, el tercer sector, las empresas, las familias.

“Nuestra matriz del cambio tiene 6 elementos que condicionan la experiencia escolar: el currículum, la evaluación, el uso del tiempo, el uso del espacio, las estrategias de enseñanza (la didáctica) y los vínculos”

–¿Cómo involucraron a las familias?

–El primer año hicimos una suerte de grupos focales en las escuelas para habilitar espacios para la escucha y abrir un horizonte de qué escuela queremos, qué cosas de la escuela no están teniendo demasiado sentido y poder imaginar otra escuela posible. En ese proceso de hacernos preguntas tuvieron lugar las familias, además de los directivos y los docentes.

En el segundo año, durante el diseño, compartimos con las familias lo que íbamos a implementar para recibir su retroalimentación. Se los hizo muy partícipes, se los escuchó y se buscó generar adhesión.

Este año, en muchas escuelas los papás participan de los proyectos, ya sea por dominio de algún campo específico profesional, o porque les interesa ayudar. Muchos de los proyectos tienen impacto social y se asocian al compromiso con determinadas comunidades, es una línea de trabajo de aprendizaje solidario basado en problemas. Hay papás que se enganchan desde ese lugar y acompañan a los chicos en las actividades, en la clase o afuera.

–¿Cómo respondieron a las posibles resistencias de los docentes?

Cuando la transformación es emergente desde la base, no genera la misma resistencia que cuando te la imponen. Los que estamos en la escuela sabemos que hay cosas que no están funcionando. Basta con solamente mirar a tus alumnos. ¿Los estamos ayudando a pensar, a ser creativos, a que se sepan comunicar bien? Cuando ves que tus alumnos se aburren, que esto así no va más… Todos somos conscientes de eso.

El primer año fue hacernos preguntas. ¿Qué vale la pena seguir enseñando? ¿Cómo debería ser la escuela? ¿Cómo hacer algo distinto? Empezamos con 16 directivos, un grupo de “valientes”. ¿Qué puede pasar tan grave? ¿Cuánto más grave puede ser la situación? Entonces, ensayémoslo. Cuando encontrás a varios que conectan con la vocación y tienen este espíritu emprendedor, ellos empiezan a motorizar un liderazgo muy fuerte sobre la propia comunidad. Replican con sus docentes lo que nosotros hicimos con ellos.

Luego esos docentes les cuentan a los otros lo que están transitando, cómo están evaluando, cómo eligen los contenidos en función de problemas. Esa experiencia del entusiasmo de los otros, y de ver que está funcionando y que otro lo está haciendo, finalmente genera un proceso de identificación en las comunidades. Son procesos que llevan tiempo, en este caso tres años.

“Cuando la transformación es emergente desde la base, no genera la misma resistencia que cuando te la imponen. Los que estamos en la escuela sabemos que hay cosas que no están funcionando. Basta con mirar a tus alumnos”

–¿Qué feedback están recibiendo de los alumnos?

–En el primer año convocamos a 5 chicos por escuela a “inventar” la escuela, los llamamos “inventores”. Hicimos actividades de pensamiento de diseño con ellos. Ellos iban a la escuela y relevaban las ideas de sus compañeros. Después hubo que analizar esa muestra. El segundo año les pedimos un autorretrato del cambio: con cámaras analógicas fotografiaron escenas de la vida escolar que los conflictuaban, para que mostraran lo que querían cambiar. Este año tienen que registrar el cambio con una producción audiovisual. También hay instancias de evaluación donde ellos toman la palabra y dan su feedback. Tienen mucha participación, están muy involucrados y tienen las expectativas muy altas. Entonces tenemos ese desafío de no defraudarlos.

–¿Qué debería cambiar en las normativas que rigen el sistema para que la transformación sea posible en todas las escuelas?

–Al conformar la muestra de escuelas, uno de los criterios era que hubiera un equipo de conducción estable por al menos tres años. Poder consolidar una conducción es fundamental, aunque el liderazgo es rotativo. Hay momentos en que asumen el liderazgo muy buenos profesores impulsores. Después de un tiempo, se empiezan a reconocer otras formas de liderar. Los directivos también se transforman en su modo de conducir la escuela, en su forma de organizar el tiempo. Muchas veces se la pasan “atajando penales” y no tienen tiempo de pensar la propia escuela.

Entre los directivos ya hay una comunidad profesional de práctica reflexiva. Son escuelas que podrían estar compitiendo, algunas son del mismo barrio, y sin embargo hay un entramado, un ejercicio profesional entre colegas, en el que cada uno puede ayudar a que la escuela del otro sea mejor. Las cosas que hacen unos les sirven a otros. Empezar a trabajar el diálogo entre escuelas, en la horizontalidad, en la construcción de acuerdos, es clave. El sistema lo puede promover.

En cuanto a la normativa, creo que hay que hacer una revisión del régimen académico que regula la acreditación de los aprendizajes y la promoción. También pienso que hay determinadas condiciones laborales que son necesarias, sobre todo el reconocimiento de las horas de trabajo docente, mayor permanencia, horas institucionales para que los docentes puedan encontrarse y trabajar con otros. La escuela generalmente no contempla estos espacios.

En síntesis, me parece que hay tres cuestiones clave: trabajar en red entre escuelas, el régimen académico y las condiciones laborales.

Sé el primero en comentar

Su dirección de correo no será publicada.


*