Mariana Maggio: llegó la hora de las habilidades del siglo XXI

Creatividad, pensamiento crítico, comprensión son algunas de las habilidades que el sistema educativo debe enseñar para cumplir su responsabilidad de "pensar por adelantado". Maggio destaca, en este contexto, la necesidad del codiseño de las prácticas de enseñanza y la urgencia de un trabajo más colaborativo entre los docentes.

Mariana Maggio, directora de la Maestría en Tecnología Educativa de la UBA, habló sobre las habilidades del siglo XXI en el Foro Latinoamericano de Educación.

En sus 30 años dedicados a la educación, Mariana Maggio reconoce haber visto numerosas modas educativas. Si bien algunas son pasajeras, otras, en cambio, permanecen “por la solidez de sus construcciones teóricas, por su encarnación en las políticas educativas o, de modo contundente, por las transformaciones que generan”, escribe Maggio en la introducción de Habilidades del siglo XXI. Cuando el futuro es hoy, el documento básico que acaba de presentar en el XIII Foro Latinoamericano de Educación organizado por Fundación Santillana. Como el indica el título, el eje del documento es desentrañar la relevancia de las habilidades del siglo XXI, analizar cómo estas se incorporan a las prácticas de enseñanza, e intentar identificar cuáles son las habilidades imprescindibles que emergerán en las próximas décadas.

“Las niñas y los niños que entran hoy al sistema educativo completarán la educación básica hacia 2030 y trabajarán en la segunda mitad del siglo que, probablemente, será muy diferente a esta desde el punto de vista económico, social y cultural. Educarán a sus hijos para vivir en el siglo XXII. ¿No es hora de que empecemos a pensar en qué habilidades queremos que desarrollen?”, plantea Maggio en el documento. Y agrega que, de esa manera, el sistema educativo se haría cargo de una de sus principales responsabilidades: pensar por adelantado.

Maggio es Doctora en Educación y profesora de Fundamentos de Tecnología Educativa en la UBA, discípula de la pedagoga argentina Edith Litwin. Su primera aclaración es que, en realidad, las habilidades del siglo XXI surgen de los aportes de la psicología cognitiva en el siglo XX. La especialista también menciona distintos marcos que han procurado conceptualizar cuáles son esas habilidades: por ejemplo, las “6C” de Michael Fullan (creatividad, comunicación, ciudadanía, pensamiento crítico, carácter y colaboración), las 5 “mentes del futuro” de Howard Gardner (mente disciplinada, mente sintética, mente creativa, mente respetuosa y mente ética), o el marco más sintético de Sugata Mitra (comprensión, comunicación y computación).

Si bien algunas modas educativas son pasajeras, otras permanecen “por la solidez de sus construcciones teóricas, por su encarnación en las políticas educativas o por las transformaciones que generan”

Durante el Foro, realizado en el Centro Cultural de la Ciencia en la Ciudad de Buenos Aires, Maggio se animó a señalar una habilidad a la que considera prioritaria: el codiseño. Al repensar las prácticas de enseñanza, la especialista subraya la importancia de la colaboración y afirma la necesidad de “empezar un trabajo como colectivo docente que aliente el codiseño de prácticas de enseñanza entre pares poniendo en acto nuestro interés por la colaboración”. Y añade la posibilidad de “empezar a considerar, también, la participación de los estudiantes en el codiseño como vía para que las prácticas ganen relevancia”. Eduprensa entrevistó a Maggio para profundizar en esta y otras de sus ideas.

–¿En qué consiste la idea del codiseño? ¿Por qué la destacás por encima de otras habilidades?

–En la práctica de la materia que enseñamos en Ciencias de la Educación de la UBA, Fundamentos de Tecnología Educativa, en un momento decidimos empezar de cero, reinventar la clase. Reconociendo lo mejor de las tradiciones, pero también que la clase no puede seguir siendo lo que era. El modelo está explotando por todos lados. Los chicos están en la clase y están al mismo tiempo en muchos otros lados. Pero además, hablan sobre la clase entre ellos en grupos de WhatsApp, y ahí nos perdemos una oportunidad tremenda de generar una pedagogía mucho más poderosa. Entonces decidimos alterar el espacio, alterar esa narrativa única y hacer narrativas en paralelo, salir a la calle, estar más afuera que adentro.

Todo eso funcionó maravillosamente. Pero en la medida en que eso empezó a pasar, nos dimos cuenta de que los chicos tenían muchas cosas para decir. Entonces ampliamos el desafío y nos preguntamos: ¿qué pasa si les decimos que ellos pueden crear esta clase?, ¿qué pasa si ellos definen cómo va a ser la evaluación? Empezaron a pasar cosas increíbles. Nos dimos cuenta, además, de que al abrir la oportunidad del codiseño, los chicos aprenden contenidos de la materia de una manera mucho más interesante y mucho más rápida, porque se sienten corresponsables de lo que sucede en el aula.

“Al abrir la oportunidad del codiseño, los chicos aprenden contenidos de la materia de una manera mucho más interesante y mucho más rápida, porque se sienten corresponsables de lo que sucede en el aula”

De cara a un mundo que va a crear tanto conocimiento, la escuela tiene que volver a pensarse como un lugar donde se construye conocimiento, donde se diseñan propuestas. Y los estudiantes –que son sujetos culturales en un punto bastante extraños para nosotros, porque viven inmersos en estos entornos tecnológicos que los tienen totalmente atrapados– encuentran en esta posibilidad la chance de convertirse en sujetos críticos. Salen de la inmersión y se comprometen. Entonces empieza a armarse una escena de la enseñanza mucho más poderosa.

–Tu trabajo también relativiza la idea de que las “habilidades del siglo XXI” sean una novedad, ya que fueron pensadas en el siglo XX.

–Yo me centro en algunas habilidades que tienen que ver con la comprensión, la creatividad, el pensamiento crítico. Por más que el cambio se acelere y las cosas sigan transformándose de una manera que no sabemos cómo será, esas habilidades genéricas van a sostener nuestras posibilidades de criticar, de crear, de entender qué están haciendo con nuestra información, de poder interpelar una presunta verdad y encontrar qué hay en el trasfondo. Me parece que hay que seguir apostando a esas habilidades genéricas.

Maggio estuvo a cargo de la presentación del documento básico del XIII Foro Latinoamericano de Educación.

–Algunas voces cuestionan el debate sobre las habilidades del siglo XXI porque plantean que la escuela no está pudiendo enseñar comprensión lectora y cálculos matemáticos básicos. ¿Hay una tensión ahí?

–Yo creo que tenemos deudas, sí. Pero cuando vos ponés en la escena de la clase una propuesta que es atractiva de cara a los estudiantes, con la que ellos sienten que conectan, entonces la comprensión se vuelve posible. Creo que es un riesgo enorme seguir quejándonos y haciendo lo mismo. El otro día una estudiante mía del profesorado popular de la Villa 31, donde enseño también Tecnología, me decía que su hijo de segundo grado el año pasado tuvo una maestra que hacía producciones multimediales y trabajaba con las cosas que los chicos tenían que aprender. Estas producciones llegaban a las casas, los padres y las madres entendían lo que los chicos estaban haciendo, lo podían seguir. ¿Qué pasaba con el chico? No quería faltar a la escuela. ¿Qué le pasa este año? Tiene un profesor que se para y explica. El chico entendió la diferencia, y no quiere ir. Imaginate: un chico de 7 años que entiende la diferencia entre una propuesta donde es invitado a construir y en la que entiende los temas que tiene que entender, porque él es parte de esa construcción, y otra propuesta en la que el profesor insistentemente sigue adelante con un modelo que ya sabe que no funciona.

“Cuando ponés en la escena de la clase una propuesta que es atractiva de cara a los estudiantes, con la que ellos sienten que conectan, entonces la comprensión se vuelve posible”

Hoy, a diferencia de lo que pasaba antes, los chicos se dan cuenta. Y empiezan a quejarse. Hay algo que se está resquebrajando. Por eso me parece que esta es una oportunidad interesantísima para volver a pensar: ¿queremos favorecer en serio las habilidades del siglo XXI? Entonces tenemos que pensar qué hacemos en el aula, reconocer las buenas prácticas, generar condiciones para que la transformación sea posible. Eso implica valorar a los docentes, respetarlos, acompañarlos, generar condiciones institucionales, salariales, profesionales que los sostengan, y apostar a que realmente podemos hacer una educación que sea inclusiva. El problema no pasa por la queja porque no hay comprensión: el problema es que el chico que no entendió en tercer grado, en cuarto, en quinto, lo más probable es que no termine la primaria. Ese es el problema, y esa es nuestra responsabilidad.

–¿Es posible esta transformación de la clase sin una transformación de las condiciones de trabajo de los docentes, por ejemplo en un escenario con alto porcentaje de profesores taxi en secundaria? ¿La política educativa puede hablar de innovación sin hablar de esto?

–Mi posición es que no puede. Ahora, es cierto que mientras se discuten las condiciones –y se generan condiciones para discutir las condiciones– también hay algo interesante que pasa cuando los docentes empezamos a trabajar como colectivo. Uno está poco tiempo en las instituciones, pero si uno construye una red y empieza a hacer proyectos más articulados en el interín, hasta que mejoren las condiciones y los docentes puedan tener dedicación exclusiva a una institución, creo que pueden empezar a aparecer proyectos de colaboración entre docentes, entre materias, que tengan más sentido y que además, al ser construidos por el colectivo, también les den a los docentes un mejor piso para discutir las condiciones. Eso gana fuerza en todos los ámbitos: político, pedagógico, institucional. Las experiencias que estamos viendo que más nos interesan son las que ponen a colaborar a los docentes y a las escuelas entre sí. Ahí hay una fuerza que también tiene que ver con la contemporaneidad, que es la fuerza de la red y la inteligencia colectiva.

“Las experiencias que más nos interesan son las que ponen a colaborar a los docentes y a las escuelas entre sí. Ahí hay una fuerza que tiene que ver con la contemporaneidad, que es la fuerza de la red y la inteligencia colectiva”

–A la hora de llevar estas habilidades a la clase y planificar, ¿qué debería priorizar el docente? ¿Los contenidos, las habilidades, o las dos cuestiones?

–Hay algo que para mí orienta el sentido de nuestra práctica: las finalidades educativas, que probablemente articulan estas cuestiones. ¿Qué es lo que tengo que enseñar? ¿Qué tienen que favorecer mis propuestas? Ahí emerge, según el momento y según el nivel, una trama que tiene que ver con el contenido, pero que también tiene que ver con las habilidades, con lo moral, con lo político. ¿Qué sujeto estoy formando? Cuando yo me pienso formando un tecnólogo educativo, que es lo que yo hago, pienso qué tipo de profesional quiero que sea. Eso implica que obre con un sentido moral, pero también que sea capaz de juzgar los últimos desarrollos de las tecnologías y que entienda que hay lugares del sentido común archi repetidos en el campo (por ejemplo, que “la inclusión de tecnología debería mejorar el aprendizaje de manera medible”) que son falsos. Creo que la prioridad es preguntarse quién es ese sujeto que quiero formar, en una perspectiva de campo que tiene aspectos teóricos, epistemológicos, críticos, sociales, profesionales. Eso está muy bien escrito por Alicia de Alba en un libro maravilloso que se llama Currículum: crisis, mito y perspectivas.

–La resolución del Consejo Federal de Educación sobre la Secundaria 2030 incorpora este enfoque de habilidades o capacidades. ¿Pueden servir estos documentos para impulsar el cambio?

–El cambio nunca vino de la reforma de los documentos. Yo creo que hay que poner en serio el foco en la formación docente, en fortalecer el lugar de los institutos, en entender qué cosas están haciendo bien los institutos en el ámbito de la formación y en el plano de la práctica. También creo que hay que hacer un trabajo que, en un contexto de confianza y de fortalecimiento, permita entender qué cosas hay que cambiar. Yo me imagino en este sentido el trabajo de las instituciones formadoras como un lugar de incubación, de creación, de codiseño. Porque si no después, cuando los profesores llegan al sistema, ¿cómo hacen esa pedagogía contemporánea? Eso es lo que hay que trabajar en el ámbito de la formación. En muchos casos ya se está haciendo, y hay que generar condiciones para que eso pase. En este momento particular, quisiera subrayar que es importante invitar a que en la mesa nos sentemos todos, pensando que los consensos son difíciles pero necesarios, y que los cambios que se pueden sostener en el tiempo devienen de acuerdos políticos, no de una visión técnica plasmada en un documento. Eso también es codiseño: con los gremios, con las universidades, con los trabajadores.

 

DESCARGÁ el documento “Habilidades del siglo XXI. Cuando el futuro es hoy” (Fund. Santillana)

1 Comment

  1. Fantasticala nota!!! El mejor capital que tenemos son los cerebros y sus capacidades para desarrollo. A modo de sigerencia les pido por favor ganen tiempo y enseñen a los noños y jovenes a desarrollar Bitcoin y blockchain esa es la base del futuro , que de hecho estamos 8 años atrasados, con respecto al mundo.

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