Martín Padulla: “Necesitamos aprender a desaprender para reaprender”

Especialista en empleo juvenil y el futuro del trabajo en América Latina, Padulla sostiene que el sistema educativo debe "anticiparse a la demanda laboral" y poner el foco en las habilidades socioemocionales, el trabajo en equipo y la resiliencia. Además, asegura que las fronteras entre educación y trabajo serán cada vez más difusas.

Martín Padulla es director de Staffing América Latina, una plataforma colaborativa global que investiga los mercados laborales, la empleabilidad, el empleo juvenil y el futuro del trabajo en la región.

“Hay que poner a la persona en el centro de la escena y fortalecer su empleabilidad, generar un sistema robusto y eficiente que realmente cree capital humano”, sostiene Martin Padulla, sociólogo y magister en Administración de Empresas, consultor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y director de Staffing América Latina, una plataforma que investiga los mercados laborales, el empleo juvenil y el futuro del trabajo en la región.

En diálogo con Eduprensa, asegura que hoy “el desafío es procurar anticiparse a la demanda, fortaleciendo a nuestros jóvenes para que sean protagonistas del mercado de trabajo”, algo que solo se logrará “con pertinencia y recalculando el concepto de trabajo, integrándolo con una idea de educación basada en la formación continua”.

–La reforma de la secundaria en la Ciudad de Buenos Aires puso en discusión la relación entre educación y trabajo. ¿Cómo debería abordarse esa relación?

–Yo suelo hacer una analogía: creo que hay que calibrar nuevamente el GPS y recalcular los conceptos de educación y trabajo. Estamos en la cuarta Revolución Industrial, que es absolutamente disruptiva, y que tiene como principal atributo la convergencia de varias tecnologías que empiezan a hacer más difusas las fronteras entre lo biológico y lo digital, y entre educación y trabajo. Si uno no calibra bien el destino, que al final del camino es el trabajo, ese camino puede ser el equivocado.

El sistema educativo hoy está conectándose con un concepto de trabajo que no es el del siglo XXI. Durante mucho tiempo el talento iba detrás del capital productivo, ya sea para conseguir un empleo o para conseguir financiamiento para emprender. Hoy esta ecuación se revirtió. El capital productivo va adonde encuentra dos elementos medulares: un buen clima de negocios y talento pertinente. Quizás el cambio más profundo que se viene es que la interacción social ya no será solo entre humanos, sino entre humanos y robots. Esto ya existe en algunos sectores, y requiere un replanteo muy profundo de la educación.

“Quizás el cambio más profundo que se viene es que la interacción social ya no será solo entre humanos, sino entre humanos y robots. Esto requiere un replanteo muy profundo de la educación.”

–En cierto momento se consideró que repartir netbooks en las escuelas era un modo de saldar la brecha tecnológica. ¿Cómo debería ser una incorporación de la tecnología que le permita a la escuela ponerse al día con los desafíos del futuro?

–Estamos muy lejos de resolver el problema si pensamos que alcanza con distribuir netbooks. Hay una foto icónica sacada en Nueva York en los años 30, donde se ve a unos trabajadores de la construcción sentados en una viga muy alta, en un rascacielos, almorzando. Esa foto muestra la realidad del mundo del trabajo en la primera mitad del siglo XX. Hay otra foto en la que los obreros aparecen reemplazados por robots: algunos creen que se acercan al escenario del siglo XXI incorporando robótica y tecnología al mismo paisaje, o sea, incorporando disrupción a lo obsoleto.

Me parece que con las netbooks pasa lo mismo. Obviamente son una condición necesaria, pero lo importante es empezar a trabajar más en lo conceptual. El desafío mayor es la formación docente. Las netbooks son solo una herramienta; lo rico está en las metodologías. ¿Cómo hacemos para estar a la altura de las nuevas generaciones, del modo en que los chicos aprenden, se interesan, se motivan, se emocionan?

Si fuimos capaces de generar 5 premios Nobel, hoy tenemos que ser capaces de generar talento 4.0, relacionado con esta cuarta Revolución Industrial. Si uno analiza las cuatro revoluciones industriales, al final de cada proceso siempre trabajó más gente. Esto para desmentir esa idea de que los robots se van a quedar con nuestros trabajos. Después de cada uno de esos hitos disruptivos hubo más gente trabajando. Pero la historia también muestra que fue necesario poner en juego habilidades diferentes de las del siglo anterior. No podemos formar a potenciales trabajadores que estén desactualizados en cuanto a conocimientos y pertinencia. Es clave tratar de anticipar la demanda y formar en consecuencia.

 

“Almuerzo sobre un rascacielos” es una célebre fotografía en blanco y negro sacada en 1932, durante la construcción del Edificio RCA en el Rockefeller Center de Nueva York. Fuente: Wikimedia
Para Padulla, esta imagen ilustra aquellos casos en que “se introduce robótica e inteligencia artificial al mismo paisaje”. El especialista sostiene que es un error “agregar disrupción a lo obsoleto, cuando en realidad el cambio es mucho más profundo”.

–En educación suele hablarse de las habilidades del siglo XXI. ¿Cuáles son las habilidades que requerirán los trabajos del futuro?

–Algunas las conocemos y otras no, porque todavía no existen las necesidades que van a requerirlas. Pero sí sabemos que el sistema educativo tendría que ser más dinámico, más colaborativo, más vinculado con el trabajo en equipo, menos enciclopédico, más conectado con las emociones y las experiencias. Tengo cuatro hijos y, cuando me traen los boletines, mi fantasía siempre es encontrar alguna asignatura relacionada con el rendimiento del curso. Me parece que esto es clave: ¿cómo funciona ese equipo de trabajo que es el curso? Otra variable importante tiene que ver con las competencias STEM (en inglés: ciencia, tecnología, ingeniería y matemática). Además de las habilidades socioemocionales, que son las más difíciles de reemplazar con robótica.

Será necesario aprender durante toda la vida. Pero ya no con un concepto de aprendizaje acumulativo, sino aprender a desaprender para reaprender. La velocidad de las transformaciones, que es la característica distintiva de este cambio de época, hace que ni siquiera podamos vislumbrar muchas de las habilidades y competencias que serán requeridas.

“El sistema educativo tendría que ser más dinámico, más colaborativo, más vinculado con el trabajo en equipo, menos enciclopédico, más conectado con las emociones y las experiencias.”

–¿Cómo hace un docente que lleva 15 o 20 años en la escuela para desaprender, para deshacerse de sus hábitos de enseñanza e incorporar una mirada nueva?

–Aprender a desaprender para reaprender es un desafío para todos los ciudadanos, trabajen de lo que trabajen. Y para los docentes, es fundamental. Esto no quiere decir hacer borrón y cuenta nueva de lo anterior. Hay cosas muy valiosas en la educación tradicional, hay que tomar lo mejor de sus pilares básicos. Pero sí es fundamental tener una apertura para poder incorporar lo nuevo. Yo digo que a todo negocio le llega su Uber: esa disrupción que cambia las reglas del juego. Pero además, llega cada vez más rápido.

El sistema educativo no puede soslayar esto. Hay que fomentar la creatividad, el pensamiento crítico, el design thinking (pensamiento de diseño), las habilidades socioeomocionales, la resiliencia. ¿Cómo hacemos jugar la cuestión de las calificaciones, la bandera y el mérito, con la idea de que fracasar en realidad no es malo, sino que forma parte del aprendizaje? Necesitamos afinar y encauzar el debate, empezar a discutir los temas relacionados con el futuro.

–¿Cómo hacemos para debatir sobre el futuro, cuando algunos actores ni siquiera aceptan la idea de que el sistema educativo deba preparar para el mundo del trabajo?

–Es cierto, hay actores que lo ven como una mercantilización. El debate sobre el futuro del trabajo es un debate sobre el futuro de la sociedad. Para mí la educación es el factor por excelencia de movilidad social ascendente y de inclusión. ¿Cómo podemos pensar la inclusión sin relacionarla con el trabajo? La clásica relación laboral del siglo XX, con un contrato laboral por tiempo indefinido, hoy representa el 27% del empleo global. Ya no es ni clásica ni típica. Hoy hay diversas formas de trabajo. Con esto no estoy hablando de flexibilización laboral: estoy describiendo una realidad.

Hay que encontrar los modelos que permitan a las empresas desarrollarse en esta economía diferente. En los países de la OCDE, estas empresas jóvenes y disruptivas crearon el 50% del empleo el año pasado. El punto es cómo generás el talento pertinente para desarrollarse en esas empresas o para crearlas. Los jóvenes quieren trabajar en empresas que tengan un propósito. Para ellos es más lábil la frontera entre lo laboral y lo personal, no están tan disociados como generaciones anteriores.

“El debate sobre el futuro del trabajo es un debate sobre el futuro de la sociedad. La clásica relación laboral del siglo XX, con un contrato laboral por tiempo indefinido, hoy representa el 27% del empleo global. Ya no es ni clásica ni típica.”

El desafío tiene que ver justamente con la inclusión de los jóvenes. Necesitamos orientar el debate hacia la construcción de mercados laborales más modernos, más dinámicos, más inclusivos, basados en un sistema muy robusto de formación que esté presente durante toda la vida, y que busque de manera sistemática la pertinencia, es decir, la reducción de la brecha entre lo que genera el sistema educativo y lo que demanda el mercado laboral.

–¿Hasta que punto existe una conciencia social sobre estos desafíos futuros?

–Por un lado tenés a los apocalípticos que hablan del “fin del trabajo” y dicen que los robots se van a quedar con todo. Esa mirada solo genera parálisis e inacción. En los foros globales, nadie sostiene que los CEO del futuro serán robots. Entre otras razones, porque los robots no serán los que compren los productos y servicios que generen esas organizaciones. Corea del Sur es el país con más cantidad de robots cada 10.000 trabajadores, y tiene un desempleo de 3,7%. Ellos hicieron una revolución educativa, y en 30 años pasaron literalmente de pobres a ricos, de un PBI per cápita de 8.000 a 20.000 dólares. Se basaron en tecnología, inglés y habilidades socioemocionales.

La otra mirada es la de los optimistas tóxicos, que se puede graficar con los peajes de las autopistas. Hay puestos de trabajo que ya no existen en muchos lugares del mundo. No son puestos de trabajo amenazados: son puestos que ya tienen el certificado de defunción. Hay gente que se dedica a defender estos puestos. Yo creo que el perjuicio es monumental, porque se pierde tiempo en la reconversión de esos trabajadores, y se obtura la posibilidad del crecimiento de otras empresas, más disruptivas, que son las que generan más trabajo. La supuesta “defensa” de esos puestos de trabajo, en realidad está obturando la posibilidad de crear más trabajo. Es como si, en su momento, hubieras querido parar a Ford con la idea de que ibas a construir más carros tirados por caballos.

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