Mindfulness en la escuela: hacia una educación más consciente

Con el respaldo de las neurociencias, crece la tendencia a incorporar en la escuela prácticas de meditación orientadas a ejercitar la atención plena. Los beneficios cognitivos, emocionales y sociales pueden transformar la experiencia educativa para los alumnos y para los docentes, asegura la especialista Andrea Loescher.

Andrea Loescher expuso sobre "Mindfulness en educación" durante las IV Jornadas para Educadores, que se realizaron en el Paseo La Plaza, CABA.

No podés detener las olas, pero podés aprender a surfear”. Esta frase, que bien podría referirse a la crisis económica y política que atraviesa la Argentina, pertenece al médico estadounidense Jon Kabat-Zinn y alude a la importancia de la regulación emocional. El manejo de las emociones es precisamente uno de los principios centrales del mindfulness, una práctica que gana terreno en diferentes ámbitos sociales: entre ellos, la escuela.

“La educación no puede limitarse a los aspectos académicos. Tenemos que darles a los chicos recursos internos para que puedan autogestionarse”, afirmó la profesora de inglés Andrea Loescher en su charla “¿Qué significa ser un docente mindful?”, en el marco de las IV Jornadas para Educadores organizadas por Éxito y Ledesma. Esa idea fue el punto de partida para explicar los beneficios de incorporar mindfulness a la vida cotidiana en las aulas.

¿Qué significa exactamente mindfulness? “Notar lo que está sucediendo mientras está sucediendo”, respondió Loescher, formada en Mindfulness Argentina, Fundación FORO, Fundación INECO y en distintas instituciones de Estados Unidos, y fundadora de The Mindful Lab. Otra definición de Kabat-Zinn, uno de los referentes internacionales del mindfulness, sostiene que se trata de “prestar atención con intención, en el momento presente y sin juzgar”. La clave, sostuvo Loescher, es la atención plena, el hábito de hacer una pausa en medio de la rutina y registrar las propias emociones. En ese sentido, un docente “mindful” (con la mente atenta) sería lo opuesto de un docente “mind full” (con la mente llena).

La clave es la atención plena, el hábito de hacer una pausa en medio de la rutina y registrar las propias emociones. En ese sentido, un docente “mindful” (con la mente atenta) sería lo opuesto de un docente “mind full” (con la mente llena)

La práctica de mindfulness en el aula puede darse de diferentes maneras: por ejemplo, proponiendo un ejercicio de escaneo corporal, que supone desplazar la atención a lo largo del cuerpo, reconociendo las distintas sensaciones corporales. También se puede plantear, a la vuelta del recreo, una breve meditación con los estudiantes sentados: según explican los especialistas, en mindfulness la “meditación” está desprovista de toda connotación religiosa, y debe entenderse como un entrenamiento de la atención. Otra alternativa: un ejercicio de caminata consciente, que supone caminar con la atención puesta en los movimientos de piernas y pies, conectando con el momento presente.

La charla de Andrea Loescher puso el foco en los beneficios que aporta la práctica de mindfulness para docentes y alumnos.

Loescher enfatizó que la práctica de mindfulness cuenta con respaldo de las neurociencias. De hecho, el Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) tiene un Programa de Reducción del Estrés basado en Mindfulness, que se presenta como un entrenamiento mente-cuerpo que consiste en “una serie de encuentros de práctica sistemática de meditación donde las personas aprenden a reconocer sus pensamientos, creencias, sentimientos, como asimismo a conectarse armoniosamente con su cuerpo, a partir del cultivo de la atención plena”. Este tipo de programas son cada vez más utilizados por las empresas “para potenciar el bienestar de sus empleados y ayudarlos a encontrar un equilibrio y motivación internos”, afirman desde INECO; también crece su aplicación en educación.

“Para los chicos, la práctica de mindfulness tiene beneficios en las habilidades cognitivas (atención, concentración y memoria), emocionales y sociales”, aseguró Loescher en su presentación. Para los docentes, los beneficios pueden incluir “reducción del estrés, ansiedad y burnout; reducción del ausentismo; mejor comunicación con los alumnos; mayores habilidades para establecer vínculos sanos y constructivos”, agregó. La exposición también planteó que, en función de estos beneficios y del aval de las neurociencias, países como Canadá, Estados Unidos y Australia evalúan la posibilidad de incorporar mindfulness como contenido obligatorio de la currícula.

“Para los chicos, la práctica de mindfulness tiene beneficios en las habilidades cognitivas (atención, concentración y memoria), emocionales y sociales”, aseguró Loescher

En Argentina, el aval académico al mindfulness crece de la mano del “boom” de las neurociencias. En INECO ofrecen desde hace tiempo capacitaciones virtuales sobre “Mindfulness en las escuelas”. También la Universidad Di Tella prepara un encuentro sobre Neurociencia y Mindfulness, y la Universidad Favaloro dicta cursos sobre el tema, por mencionar algunos ejemplos. Según sus impulsores, los ámbitos de aplicación de estos “entrenamientos” son múltiples.

¿Qué puede ganar un docente con esta práctica? Según Loescher, un docente mindful es aquel que “está completamente presente en la clase, tiene como prioridad conectar con los alumnos, es consciente de sí mismo y del entorno, sabe sostener una escucha atenta de sus estudiantes, y enfrenta su tarea con humor y creatividad”. El combo parece tan agradable como imposible, en aulas asediadas por todo tipo de conflictos: Loescher asegura, sin embargo, que estos aspectos se pueden entrenar y que, con la práctica necesaria, cualquier docente puede volverse mindful.

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