Pablo Princz: “La experiencia de enseñar te forma como líder”

El director ejecutivo de Enseñá por Argentina repasa los desafíos de trabajar de manera articulada con el Estado, cuenta cómo tuvieron que adaptar la propuesta de Teach for All al contexto argentino, y explica por qué todo docente es un líder. La postulación para participar del programa en 2018 está abierta hasta diciembre.

Pablo Princz es director ejecutivo de Enseñá por Argentina. En 2010, quedó seleccionado en la primera convocatoria de la organización.

Desde este año, Pablo Princz es el director ejecutivo de Enseñá por Argentina, la organización que convoca a jóvenes profesionales recién graduados a trabajar por dos años en escuelas en contextos vulnerables, colaborando con el dictado de clases y con proyectos dentro del aula.

Princz trabaja en la fundación desde hace tres años, pero la conoció en 2010, cuando –después de terminar la carrera de Ciencia Política– se postuló a la convocatoria y formó parte de la primera camada de Profesionales de Enseñá por Argentina (PExA). La postulación para participar del programa en 2018 sigue abierta hasta diciembre.

–¿Qué balance hacen de estos 8 años de Enseñá por Argentina y cómo proyectan el futuro?

–Ha sido un crecimiento sostenido en el tiempo. El primer año participaron 14 profesionales, y el año pasado la convocatoria fue de 112. Se multiplicó por 10 en 7 años. Estamos en la Ciudad de Buenos Aires, Salta, Córdoba, Jujuy y provincia de Buenos Aires; firmamos convenios de colaboración con esos cinco ministerios de Educación. Inicialmente nosotros nos acercábamos a escuelas de gestión privada con subvención estatal, y en los últimos años hemos priorizado que los profesionales vayan a escuelas de gestión estatal por medio estos convenios de colaboración.

Nuestra visión es poder estar en todas las provincias argentinas, ser realmente Enseñá “por Argentina”. Eso requiere ir encontrando personas en esas provincias que quieran trabajar con nosotros, porque es clave la articulación con el ministerio de Educación local. Tenemos un diálogo permanente con distintas provincias sobre la posibilidad de llevar el programa en el corto plazo.

–¿Qué desafíos presenta esa articulación con el Estado a nivel provincial y nacional?

–Cuando uno encuentra del otro lado actores que quieren colaborar y entienden el trabajo que hacemos, es una experiencia espectacular. Trabajar con el ministerio de Educación permite llegar a las escuelas que más se pueden beneficiar de un programa como el nuestro, y eso es algo que nosotros no podríamos hacer por nuestros propios medios. Esa articulación nos permite tener una mirada más global y, al mismo tiempo, me parece que les permite a los actores del ministerio de Educación aprender de las experiencias que se generan en el programa. La manera como formamos a los profesionales, los acompañamos y trabajamos con ellos, la manera como evaluamos el trabajo que hacemos en las escuelas; todo eso está al servicio de los actores del sector público con quienes colaboramos. El conocimiento pedagógico que estamos generando no es solo para las personas que participan del programa, sino que está al servicio de todo el sistema.

–La organización forma parte de la red internacional Teach for All, presente en 46 países. ¿Qué adaptaciones tuvieron que hacer para traer el programa al contexto argentino?

–Muchas adaptaciones tienen que ver con entender de qué manera comunicar el programa, entender cuál es el lenguaje que mejor refleja lo que nosotros estamos tratando de lograr. Hay un desafío de comunicación. Por otra parte, en otros países los profesionales ingresan a las escuelas como profesores titulares, mientras que en nuestro caso la mayoría de los profesionales ingresan como co-docentes o como parejas pedagógicas de los profesores a cargo de la materia, es decir, colaboran con otro docente. Esa es otra adaptación local.

“A diferencia de otros países, en nuestro caso la mayoría de los profesionales ingresan como co-docentes o como parejas pedagógicas de los profesores a cargo de la materia, es decir, colaboran con otro docente.”

Después está el desafío de cómo formamos a los profesionales para que se adapten a las líneas pedagógicas que creemos que van a tener más impacto localmente. La manera en la que formamos y acompañamos a los participantes fue desarrollada por nosotros a nivel local. Esa formación termina con un título oficial porque ellos hacen un trayecto en un profesorado universitario o en un instituto de formación docente. Pero, además, hay una formación interna desarrollada por nosotros.

Por otro lado, la gran oportunidad de ser parte de una red global es el aprendizaje: te permite conocer otras experiencias para poder aprender de ellas y nutrir nuestros proyectos locales.

–Existe cierto prejuicio hacia Enseñá por Argentina, sobre todo desde algunos gremios docentes, que ven el programa como una “intromisión” del sector privado en la educación pública, o que perciben en la iniciativa una subestimación de los docentes. ¿Cómo reciben ustedes esas críticas?

–Entendemos que para algunas personas puede ser confuso por qué estamos en las escuelas. Muchas veces hay ideas erróneas, como pensar que los profesionales son voluntarios, que no están formados o que no tienen las competencias necesarias para estar en el aula y enseñar. Nosotros estamos llevando profesionales que creemos que tienen las capacidades que se requieren para poder hacer un aporte en el aula, que están transitando un proceso de formación, que reciben acompañamiento, que están estudiando pedagogía en instituciones públicas y privadas avaladas oficialmente. No tenemos la intención de sacarle el trabajo a nadie ni tenemos una agenda de política pública detrás. Creemos que el mejor aporte que podemos hacer a la educación es comprometer líderes que quieran trabajar para mejorar el país en el que vivimos, y que tengan como experiencia fundante haber conocido la educación desde su corazón, que es el aula.

Creemos que esa experiencia del aula le aporta al profesional la convicción de que el cambio es posible, y de que los estudiantes pueden construir para ellos y sus familias un futuro diferente. Esa mentalidad creemos que es fundamental, y es lo que sentimos que podemos aportar. A los profesionales que pasan por el programa, la experiencia les permite valorar muchísimo el rol docente, valorar la potencialidad que tiene estar en el aula enseñando a estudiantes, sobre todo a los de contextos más vulnerables, que son los que más necesitan recibir una educación de calidad.

“Creemos que el mejor aporte que podemos hacer a la educación es comprometer líderes que quieran trabajar para mejorar el país en el que vivimos, y que tengan como experiencia fundante haber conocido la educación desde su corazón, que es el aula.”

Nosotros elegimos que nuestros profesionales tengan la experiencia de enseñar porque creemos que es la mejor experiencia, la que aporta más valor, la que permite la mayor transformación, la que más te forja como líder. Hoy, después de haber hecho el programa, tengo todavía más admiración por quienes eligen todos los días el oficio de enseñar. No estamos deslegitimando el rol docente: estamos tratando de hacer todo lo contrario, intentando poner a la docencia como un oficio que realmente sea atractivo y aspiracional para los profesionales que deciden dedicarle al menos dos años de su vida. Estamos logrando que, para aquellos que quedan seleccionados en el programa, que son menos del 7% de los postulantes, sea un privilegio poder llevar adelante una tarea tan noble y de tanto impacto.

–En Enseñá por Argentina conciben al docente como un líder. ¿Qué implica entender al docente de esa manera?

–Cualquier persona que pasó por la experiencia de enseñar a otros podría reconocer que en la figura de autoridad de quien enseña está esa posibilidad de influir en los estudiantes. Pensar al docente como líder tiene que ver con reconocer su capacidad de empoderar a la persona que tiene delante: dándole herramientas, haciéndole descubrir su propio potencial, motivándola para que quiera aprender y progresar. Por eso lo pensamos como líder, como alguien que puede movilizar al otro.

Ese es quizás el aporte más importante que podemos hacer, porque una de las cosas que más tienen que cambiar dentro del sistema educativo son las creencias de los adultos sobre la potencialidad que tienen los estudiantes de construir un futuro distinto para ellos y para sus familias y sus comunidades. Está probado el efecto de las expectativas en educación. Si uno tiene bajas expectativas sobre la persona que tiene enfrente, eso lleva a ofrecerle una enseñanza que se adecúa a esas bajas expectativas. Es un círculo vicioso: el famoso efecto Pigmalión. Es fundamental cambiar las mentalidades, las creencias que tenemos sobre los estudiantes que están en contextos vulnerables. Eso no significa desconocer que una persona que está en un contexto de vulnerabilidad social tiene muchísimos más desafíos que cualquier otra para lograr los objetivos que se proponga. Pero no por eso podemos creer o hacerle creer a esa persona que no va a poder.

“Pensar al docente como líder tiene que ver con reconocer su capacidad de empoderar a la persona que tiene delante: dándole herramientas, haciéndole descubrir su propio potencial, motivándola para que quiera aprender y progresar.”

–La convocatoria para 2018 sigue abierta hasta diciembre. ¿Cómo es el perfil de los candidatos que buscan?

–Buscamos personas que puedan demostrar que tienen aptitudes para liderar, con la vocación de querer transformar la realidad social. Que crean en la educación como motor de cambio social, que quieran comprometerse con la educación no solo por dos años, sino en el largo plazo. El programa dura dos años pero, una vez terminada la experiencia, esperamos que quieran seguir contribuyendo a construir este movimiento que busca aportar a mejorar la educación desde distintos ámbitos sociales. Tenemos un proceso de selección muy riguroso, para detectar realmente a las personas que tengan las competencias para liderar y para aprender el oficio de enseñar, y al mismo tiempo que tengan las creencias adecuadas sobre los estudiantes y las comunidades en las que van a desempeñarse una vez que ingresen en el programa. Y que crean en la construcción colectiva, porque esto se tiene que construir en conjunto con la comunidad escolar.

1 Comment

  1. Leí el artículo y me parece muy importante. Soy Profesora para la Enseñanza Primaria y tengo 13 años de antigüedad en el aula.
    Realmente comparto que la educación es el gran motor social y la única manera de acceder a una mejor calidad de vida en contextos vulnerables.

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