Para una verdadera inclusión, hay que trabajar en red

La autora rescata el concepto de “práctica entre varios”, tomado del psicoanálisis, para reivindicar el formato de taller, que permite trabajar en equipo y hacer visibles otras capacidades de los alumnos.

La práctica entre varios requiere un equipo que trabaje en red, en el que cada integrante contribuya a sostener al alumno que lo necesite.

Hace un tiempo que escuchamos hablar del concepto de “práctica entre varios”, modelo que se originó en la clínica psicoanalítica para el análisis de los casos. La plasticidad de este modelo permitió que se implementara en las instituciones educativas, donde ha dado óptimos resultados.

La práctica entre varios trata de hacer foco en un caso en particular y, en la escuela, en el niño o niña que tiene dificultades a la hora de aprender o de vincularse con otros.

Para ponerla en juego, se necesita un equipo que trabaje en red, en el que cada integrante sea un elemento de esa red que servirá de entramado para sostener al alumno que lo necesite.

Las escuelas de gestión pública están ávidas de contar con insumos de todo tipo, pero sobre todo del insumo humano. A falta de él, las escuelas gestionan distintas estrategias tratando de incluir a aquellos alumnos y alumnas que, por diferentes razones, no pueden aprender.

Como docentes tenemos dos móviles fundamentales en la tarea de educar: transmitir y enseñar. Y no podemos transmitir cultura ni educación si no nos encontramos comprometidos o implicados.

Implicarse significa aquello que está “plegado” o doblado en el interior de algo que oculta lo que hay en su interior, de forma que lo interior no es visible o perceptible aunque esté ahí. El verbo implicar, del latín implicare, también puede referirse a enredar, envolver, contener o llevar en sí. Por eso se dice que, si una persona está vinculada a algún asunto, está implicada en él.

Es el meterse adentro, en el interior, de manera silenciosa. Necesita del compromiso sostenido, del “envolver”, contener

Cuando los alumnos son atravesados por situaciones de vida difíciles, es la escuela el escenario donde manifiestan sus dificultades. Por su condición de niños, necesitan que un adulto los cuide, los asista, los contenga para ayudarlos a desempeñarse con autonomía en su proceso hacia la adultez. No todos se manifiestan de la misma manera, y la escuela muchas veces les es hostil porque no pueden encuadrarse en las normas ni en los “bordes” delimitados para que puedan aprender.

Estos niños frecuentemente no alcanzan los contenidos mínimos de aprendizaje y presentan bajo rendimiento escolar; la modalidad áulica los expone y muestra sus frustraciones.

Es por eso que el rol docente es tan importante, pero también lo es la función adulta que ese maestro cumple.

Todos los niños tienen potencialidades que frecuentemente manifiestan en algunas áreas curriculares y no en otras. Por ello, trabajar en red con modalidad de taller podría transformar ese ambiente que les es hostil en un ambiente donde se sientan reconocidos y valorados.

En muchas escuelas de la Ciudad de Buenos Aires se trabaja con esta modalidad, destinando dos horas diarias (sobre todo en las escuelas de jornada completa) a trabajar en distintos talleres dictados por los propios docentes o por otros externos, con la finalidad de que los alumnos puedan sentirse alojados y desplegar aquellas capacidades “envueltas”, no visibles a simple vista. Generalmente en estos talleres se produce el encuentro de niños de distintas edades, donde unos ayudan a otros a aprender. Y al reintegrarse a su aula, se comprueba que los niños pueden dialogar, opinar y discutir sin pelear, simplemente porque se sintieron capaces.

Para trabajar en estos talleres se necesitan varios docentes comprometidos, implicados, que trabajen en pos de un objetivo común: la inclusión.

Cuando un alumno es inscripto en la escuela, esto no garantiza que se sienta parte de ella.

La tarea del docente es fundamental para transformar una inscripción institucional en una inscripción social.

La Resolución 174 del CFE, como la Resolución 3278/13, brindaron criterios de inclusión significativos articulando Educación Inicial, Primaria y Especial. La modalidad de taller es una posibilidad concreta de poner en juego tales criterios.

Estos espacios de taller no graduados requieren de una escuela que contemple el verdadero significado de la inclusión, que no se trata de una mera asistencia sino de alojar al otro, con el horizonte fundamental de educar en la diversidad.

 

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