Paula Goltzman: Claves para abordar el uso de drogas con adolescentes

Educar para la autonomía y la responsabilidad, elaborar normas de cuidado grupal, construir una posición adulta que acompañe y sostenga, son algunas de las ideas centrales de "Ideas poderosas", un libro que acaba de publicar la ONG Intercambios sobre la base de varios años de experiencia en el trabajo de campo con adolescentes.

Paula Goltzman forma parte de Intercambios y coordinó la publicación "Ideas poderosas", basada en el trabajo de campo de la ONG con adolescentes.

Paula Goltzman es trabajadora social de la asociación civil Intercambios, una ONG dedicada al estudio y atención de problemas relacionados con las drogas. Goltzman es docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y de la Universidad Nacional de Moreno, y acaba de presentar el libro Ideas poderosas: producción de salud y cuidado en el uso de drogas con adolescentes, escrito junto con María Pía Pawlowicz y Jorgelina Di Iorio, editado por Intercambios y basado en el trabajo de campo con adolescentes.

–¿En qué consiste el trabajo de Intercambios con adolescentes?

–Intercambios tiene 23 años, pero los procesos de intervención con adolescentes tienen 10 años. Las reflexiones del libro tienen un “laboratorio” principal, que es un dispositivo de trabajo con adolescentes vinculado a la producción de salud y la prevención del uso problemático de drogas en González Catán, en el conurbano bonaerense. También surgen de un amplio recorrido de trabajo con pibes en escuelas de distintos contextos socioeconómicos y en organizaciones sociales. En ese trabajo de “amasado” de ideas, de repensarlas, nos gustaba la palabra recalcular. Volviendo de Catán a Capital, en colectivo o en auto, empezábamos a revisar qué había salido bien, qué había salido más o menos, y lo volvíamos a pensar, recalculábamos. Hubo mucho de poner en diálogo con otros adultos y con los propios pibes, para que ellos mismos pudieran “producir salud” en el sentido más amplio de la palabra.

Intercambios: “Ideas Poderosas. Producción de salud y cuidado en el uso de drogas con adolescentes” (2019)

–¿Para quién está pensado el libro?

–Es para adultos que trabajan con adolescentes, sean docentes de escuela, educadores no formales, gente de organizaciones sociales que están en lo cotidiano con los pibes, en comedores, en talleres o en espacios recreativos. El material propone ideas para discutir; en la introducción decimos que confiamos en los lectores para desarmar esas ideas todas las veces que sea necesario.

Otra aclaración importante es que nosotros pensamos el uso de drogas en un sentido amplio, incluyendo las drogas legales como el alcohol. De hecho, el alcohol es mucho más problemático que las drogas ilegales. Los adolescentes a veces hacen experiencias mucho más puntuales, de entrada y salida, con las drogas ilegales. Ahí tenés una diversidad que está marcada por lo geográfico, lo sociocultural, lo económico. El consumo de alcohol, en cambio, está muy naturalizado.

“El alcohol es mucho más problemático que las drogas ilegales. Los adolescentes a veces hacen experiencias mucho más puntuales, de entrada y salida, con las drogas ilegales. El consumo de alcohol, en cambio, está naturalizado”

–El texto hace hincapié en el valor de educar para la autonomía, un concepto que puede entenderse de maneras diversas. ¿Cómo lo piensan ustedes?

Autonomía en este contexto neoliberal puede entenderse como “arreglátelas como puedas”. Nosotros más bien estamos pensando en la idea de responsabilidad, que las decisiones que uno toma tienen efectos en los otros y en el contexto, y además están influenciadas por lo que pasa en ese contexto. La autonomía supone pensar en el ejercicio de la responsabilidad y en la construcción de ese proceso. Esta línea de trabajo no supone desestimar cuando el pibe dice: “Yo hago esto porque quiero”, sino más bien problematizar las consecuencias de eso. Si vamos a lo específico de las drogas, pensar para qué estoy usando una sustancia, qué estoy buscando con eso, si me banco lo que pase después. Muchas de estas ideas no son específicas del campo del uso de drogas, sino que fuimos tomando ideas de marcos conceptuales más globales. El dispositivo de González Catán ya tiene siete años: no estamos hablando de drogas hace siete años, hablamos de un montón de otras cosas que a ellos les pasan, y producimos otras cosas con ellos que no tienen que ver con las drogas, pero sí con ejercicios de responsabilidad, con los procesos de autonomía, con los procesos de acompañarse en grupo.

FUENTE: “Ideas Poderosas. Producción de salud y cuidado en el uso de drogas con adolescentes”

–¿Cómo opera la influencia de lo grupal?

–Es un desafío pensar la cuestión de lo grupal, porque parte de los consumos en la adolescencia se dan en grupo. Me parece que es interesante para los educadores tratar de entender el sentido que para ese grupo tiene el uso de sustancias.

Hay un ejemplo bastante actual que es el del “último primer día“, también llamado UPD (la celebración previa al primer día de clases de los estudiantes del último año de secundaria), que es clave para pensar esto. Una escuela con la que trabajamos armó un desayuno para recibir a los pibes después del festejo del UPD, como un modo de ayudar a sostener el bajón después de toda esa noche de festejo. La escuela acompañó con un conjunto de mensajes de cuidado, en clave de responsabilizarse y de trabajar los riesgos.

En contra de lo que los medios suelen decir (“los adolescentes descontrolados”), los pibes le otorgan el sentido de una temporalidad súper concreta, como un ritual de salida del espacio escolar, que empieza y termina. No es que el “descontrol” es eterno: tiene un tiempo bien claro de duración. Es más un ritual colectivo de salida que esta idea instalada del “descontrol adolescente”.

“Autonomía en este contexto neoliberal puede entenderse como ‘arreglátelas como puedas’. Nosotros más bien estamos pensando en la idea de responsabilidad, que las decisiones que uno toma tienen efectos en los otros y en el contexto”

–¿Es posible pensar en normas de cuidado grupales?

–Creemos que todavía hay mucho para trabajar sobre las normas de los grupos respecto del uso de sustancias. Ahí hay un campo de intervención infinito para los educadores, que todavía no está explotado en muchas de las experiencias. Sigue habiendo una tendencia a las indicaciones individuales y no a las normas de cuidado grupales. El libro invita a pensar normas de cuidado grupales, que tienen que ver con el uso de drogas pero también con otras cuestiones, por ejemplo la idea de “vamos juntos, volvemos juntos“. Esa es una práctica de cuidado grupal: no dejarse solo. Muchas veces para los adolescentes los riesgos mayores están a la salida de los boliches, cuando las pibas o los pibes se quedan solos. Evitar esas situaciones es una forma de cuidado grupal.

Otras normas tienen que ver con el cuidado del otro, por ejemplo qué hacer cuando tu amigo se pasó de rosca: a quién llamar, cómo cuidarlo, cómo acompañarlo. La norma del “conductor designado” también es una norma de cuidado grupal: para que no se clave siempre el mismo, rotemos para ver quién va a quedar fresco para acompañar al resto. Los grupos naturalmente construyen normas, no siempre explícitas, que forman parte de sus prácticas. Ese es un punto interesante para los adultos para indagar y en todo caso intervenir.

FUENTE: Ideas Poderosas. Producción de salud y cuidado en el uso de drogas con adolescentes”

–El enfoque de la reducción de daños supone reconocer las prácticas reales de los adolescentes. ¿Encuentran resistencia de profesores que perciben esto como un “aval” a esas prácticas?

–Sí, por supuesto. Hay muchos adultos que tienden a sospechar que desde esta perspectiva estamos avalando el uso de sustancia. En realidad estamos posicionados desde un punto que supone reconocer que esto sucede en la adolescencia, reconocer que nos interesa que pase por el más corto tiempo y con el menor riesgo posible, y que parte de ese proceso no pasa por decirles que no a los pibes, sino ponerse de ese lado del mostrador para “denunciar” junto con ellos el riesgo que tiene el uso de drogas. Construir con ellos formas de cuidarnos frente a esos riesgos. La posición contraria muchas veces es decir “no” todo el tiempo. No consumas, no hagas esto. La realidad es que los pibes lo van a hacer igual. Los procesos de experimentación con las drogas, y estoy incluyendo el alcohol, son parte de la normalidad adolescente. ¿Cómo trabajamos para que esa experiencia sea corta en el tiempo y se transite con los menores riesgos posibles? ¿Cómo hacemos para que en esa experiencia haya un ejercicio de la regulación? ¿Cómo hacemos que sea solo una experiencia, y no un hábito, un consumo dependiente?

Los procesos de experimentación con las drogas, y estoy incluyendo el alcohol, son parte de la normalidad adolescente. ¿Cómo trabajamos para que esa experiencia sea corta en el tiempo y se transite con los menores riesgos posibles? ¿Cómo hacemos que sea solo una experiencia, y no un hábito?

Desde el mundo adulto también hay que hacer una revisión de las propias experiencias con el uso de drogas –incluido el alcohol– para poder hablar con los pibes. Todo adulto que quiera trabajar en este tema con los pibes necesita hacer un trabajo con la propia experiencia. Desde ahí se puede construir un diálogo de mucha más cercanía, lejos de discursos hipócritas que los pibes identifican rapidísimo. ¿Qué pasa con los consumos de los adultos? Hay una construcción adulta que dice que el problema son las drogas y los pibes. Y cuando dice eso, se está corriendo del tema. No hay posibilidad de pensar la díada jóvenes-drogas si no pensamos también en los adultos, que somos parte de esa construcción.

Para meterse como adulto a trabajar en este tema, se necesita más un trabajo con la propia posición subjetiva, que un conocimiento súper específico. Repensar con honestidad cuáles son las propias prácticas de uso de drogas, incluyendo el alcohol, las pastillas y los medicamentos. ¿Qué pasó en tu adolescencia con el uso de sustancias? ¿Cuáles son tus experiencias? ¿Nunca experimentaste y te pasaste de mambo? Se trata de revisar la propia posición para entender la posición del otro. No vamos a universalizar y decir que a todo el mundo le pasó, pero sabemos que a muchos sí les pasó.

FUENTE: “Ideas Poderosas. Producción de salud y cuidado en el uso de drogas con adolescentes”

–El libro ofrece varias ideas acerca de lo que puede funcionar para abordar la cuestión del uso de drogas. ¿Qué es lo que ustedes han identificado que no funciona?

–No funciona una mirada adulto-céntrica, no funciona un posicionamiento desde el no, no funciona la no-escucha, no funciona pensar que los pibes no saben. Funciona un adulto que construye una posición adulta, que puede operar como referente. La adolescencia requiere de un adulto que se comprometa, que aloje, que acompañe, que habilite. Esas palabras –habilitar, alojar, acompañar, sostener– definen una posición adulta que sí sirve. No sirve correrse, no sirve no dar la propia opinión, aunque vaya en contra de lo que los pibes están pensando. Sí sirve acompañar, no juzgar, no castigar. Estar disponible, que muchas veces no es sinónimo de estar preparado, sino decir: hablemos y veamos qué sucede con eso. Muchos adultos dicen: yo no me quiero meter con ese tema porque no sé, necesito prepararme. Me parece que, más que prepararse, lo primero que uno necesita es habilitarse.

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