¿Quién rinde cuentas por la calidad de la educación?

La posibilidad de que el Gobierno decida publicar los resultados de las evaluaciones nacionales por escuela obliga a revisar la experiencia internacional. Un informe reciente de Unesco advierte que los rankings de escuelas pueden generar competencia e incentivos equivocados. También subraya que la educación es "una responsabilidad compartida".

Si los actores del sistema carecen de un verdadero compromiso y de información, recursos y capacidades adecuados, resulta difícil implementar sistemas de rendición de cuentas. Crédito: UNESCO - GEM 2017/8

En la apertura de la Asamblea Legislativa de este año, el presidente Mauricio Macri defendió la necesidad de difundir los resultados del operativo Aprender por escuela. “Hoy está prohibido por ley que se publiquen los resultados por escuela y eso no tiene sentido. Por eso les pido que este año avancemos para cambiar esa norma”, dijo Macri a los legisladores. La publicación de esos resultados podría dar lugar a la elaboración de rankings de las “mejores” y las “peores” instituciones, una medida destinada a generar polémica en el sistema educativo.

El Presidente se refería al artículo 97 de la Ley 26.206 de Educación Nacional, que obliga al Estado a hacer públicos “los datos e indicadores que contribuyan a facilitar la transparencia, la buena gestión de la educación y la investigación educativa”, con una condición: resguardar “la identidad de los alumnos, docentes e instituciones educativas, a fin de evitar cualquier forma de estigmatización”.

La publicación de resultados por escuela podría dar lugar a la elaboración de rankings de las “mejores” y las “peores” instituciones, una medida destinada a generar polémica en el sistema educativo.

La mayoría de los especialistas en educación coinciden en que la elaboración de rankings de escuelas implicaría que, en nombre de la “transparencia”, los datos de desempeño de los alumnos se vuelvan una herramienta de presión, de castigo o de profundización de las desigualdades entre instituciones: ¿qué familia querrá elegir las escuelas con peores calificaciones? En otros países de la región como Chile, México, Colombia y Brasil sí se publican estos rankings, aunque en algunos ya se está discutiendo la utilidad de este mecanismo, que tiende a responsabilizar a las escuelas por los desempeños de los alumnos.

En Chile, los resultados del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) se presentan con los colores de un semáforo. El Congreso chileno está discutiendo la prohibición de los rankings por escuelas.

“Al no aislar el resultado de cada escuela de su contexto social, los rankings dicen poco sobre las escuelas, pese a que las designan como fuente de un resultado”, planteó Axel Rivas, investigador de CIPPEC, en su libro América Latina después de PISA. Rivas se pregunta en qué medida “el resultado daña la autoestima de las escuelas, cuánto las estigmatiza y les impide mejorar por la asunción de una nota como destino”, o si, por otro lado, “las ayuda, las presiona para ponerse a trabajar, las identifica socialmente para que sean fuente de reclamo y se hagan responsables por sus resultados“. Según Rivas, estas preguntas “no tienen respuestas unívocas”, sino que ponen en juego “criterios  ideológicos, éticos y derechos en pugna”.

Un informe reciente de Unesco, titulado Rendir cuentas en el ámbito de la educación, advierte precisamente sobre el riesgo de responsabilizar a las personas o a las escuelas por resultados que escapan a su control. “Una dificultad es que esos resultados implican responsabilidades compartidas que requieren que cada uno haga lo que debe. No se puede responsabilizar a las personas por un resultado que depende también de la actuación de otros“, plantea el documento.

“Al no aislar el resultado de cada escuela de su contexto social, los rankings dicen poco sobre las escuelas, pese a que las designan como fuente de un resultado”, plantea Axel Rivas, investigador de CIPPEC.

“Para que los sistemas de rendición de cuentas contribuyan a afianzar los sistemas educativos, estos deben planearse e implementarse con propósitos formativos –continúa el informe–. Será necesario que brinden un apoyo específico para quienes más lo necesitan, fortalezcan las capacidades en todo el sistema y proporcionen retroalimentación oportuna y útil que sirva de base para las modificaciones necesarias”.

Otra consecuencia no deseada de la elaboración de rankings de escuelas es la cobertura mediática, que suele plantear una lógica de ganadores y perdedores, contribuyendo a un uso estigmatizador de los datos. “Cuando los medios de comunicación no tienen las capacidades necesarias y no son políticamente imparciales, baja el nivel del diálogo público sobre la educación y se expone al público al sensacionalismo y al mínimo común denominador”, plantean desde Unesco.

El organismo de la ONU señala que “hay pocas pruebas de que la rendición de cuentas basada en el desempeño, que se centra más en los resultados que en los aportes y emplea incentivos limitados, mejore los sistemas educativos”. Por eso, algunos países que confeccionaban rankings de escuelas están dejando de lado esa herramienta.

“Cuando los medios de comunicación no tienen las capacidades necesarias y no son políticamente imparciales, baja el nivel del diálogo público sobre la educación“, sostiene el informe de Unesco.

Desde Unesco enfatizan que la responsabilidad por la educación siempre es compartida, y subrayan que la rendición de cuentas comienza por los gobiernos, cuyo principal deber es garantizar el derecho de todos los chicos y chicas a aprender.

Crédito: UNESCO – GEM 2017/8

En consecuencia, defienden una política educativa que involucre a todos los actores del sistema: “Los gobiernos deben crear un espacio para un compromiso significativo y representativo orientado a generar confianza y una comprensión común de las responsabilidades respectivas con todas las partes interesadas de la educación”. Esto incluye a todos los niveles gubernamentales (Nación, provincias y municipios), las autoridades legislativas y judiciales, las escuelas, los docentes, los padres, los alumnos, la sociedad civil, los sindicatos de docentes, el sector privado y las organizaciones internacionales.

Publicar información de desempeño por escuela no solo daría lugar a la estigmatización de las escuelas más vulnerables, sino que también puede generar incentivos equivocados que alienten la competencia entre instituciones.

“Los gobiernos deben concebir mecanismos de rendición de cuentas relativos a las escuelas y los docentes que presten apoyo y sean formativos, y evitar mecanismos de sanciones, en especial los basados en mediciones estrictas del desempeño”, sostienen los expertos de Unesco. Y agregan: “Utilizar los resultados de las pruebas de los alumnos para sancionar a las escuelas o evaluar a los docentes puede suscitar un entorno competitivo perjudicial, reducir los planes de estudio, orientar la enseñanza en función de los exámenes, desmotivar a los docentes y desfavorecer a los alumnos más vulnerables, todo lo cual menoscaba la calidad de la educación y el aprendizaje de los alumnos en general”.

 

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