Silvia Uranga: “Debemos preparar a los jóvenes para aceptar la incertidumbre”

La directora de Fundación Pescar analiza los desafíos de articular el mundo de la escuela y la empresa. Los Centros Pescar ofrecen a los jóvenes en el último año de la secundaria una formación que combina habilidades blandas y competencias técnico-profesionales, con buenos resultados: superan el 75% de inserción laboral.

Silvia Uranga es directora general de Fundación Pescar, cuyo objetivo es contribuir a fortalecer el vínculo entre educación y empleo.

Silvia Uranga es directora de Fundación Pescar, una organización de origen brasileño que les brinda a jóvenes de sectores vulnerables herramientas para facilitar su inserción laboral. La clave de la formación que reciben quienes participan de los programas de Pescar es una combinación de habilidades blandas y competencias técnico-profesionales. La Fundación construye puentes entre el mundo de la escuela y la empresa: durante el último año de la secundaria, los chicos asisten a contraturno a centros de formación dentro de las empresas, donde aprenden a desenvolverse en un ámbito nuevo para ellos. Actualmente hay Centros Pescar en 8 provincias: Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Salta, provincia y ciudad de Buenos Aires, Tierra del Fuego y Tucumán.

–¿Cuál es el objetivo de Fundación Pescar dentro del sistema educativo?

–Pescar nació en Brasil hace 40 años. El modelo se basa en Centros que funcionan fuera de la escuela, dentro de una empresa o cerca de ella. Ahí los chicos se capacitan durante 6 o 9 meses, tienen un 40% de formación personal o competencias para la vida, un 40% de formación profesional y un 20% de uso de las tecnologías. El área de formación técnico-profesional incluye rotaciones por las distintas áreas de la empresa. La currícula se basa en las unidades de negocio de la empresa y en aportar habilidades blandas a la formación personal. Toda esa capacitación se enfoca en un proyecto de vida que sea viable para cada chico.

–¿Cómo es la articulación con las empresas?

–La empresa se compromete a tener un aula acomodada para los chicos, a pagar un orientador que los acompaña desde que entran hasta que se van. Ese orientador puede ser un docente, psicólogo o psicopedagogo. A esa persona nosotros la capacitamos y la seguimos en toda la implementación del curso y la gestión del programa. Además hay un articulador: un voluntario de la empresa que se pone el programa al hombro y trabaja con el orientador. Si bien los chicos no reciben dinero, se les paga todo: viaje, almuerzo, seguro, uniforme, materiales.

–¿Cuál es el rol de las escuelas en esa articulación?

–La metodología de inscripción es la siguiente: una vez que tenemos la empresa, vamos a las escuelas de alrededor, hablamos con los directivos y, si nos dejan entrar, les contamos a los jóvenes en qué consiste el programa. Ellos se anotan libremente, porque es a contraturno de la escuela. Después de eso hacemos una entrevista personal donde evaluamos, entre otras cuestiones, la actitud para sostener el programa y los recursos económicos. La escuela no los selecciona: la selección la hacemos nosotros. Los chicos llegan por su propia voluntad: por la libertad de querer progresar.

Después de las capacitaciones, los chicos vuelven a las escuelas con herramientas y conductas nuevas, con más habilidades de trabajo en equipo, escucha, respeto. Y comparten lo que aprenden dentro del Centro Pescar con el resto de sus compañeros.

No hay un período específico de inscripción: la página siempre está abierta, nosotros nos fijamos si hay inscriptos y les avisamos cuando hay un Centro cerca. Un chico puede anotarse por su propia iniciativa, no necesariamente a través de su escuela. A los 16 o 17 años hay muchos chicos que son padres; ya tienen que poder ejercer su libertad, que a su vez les genera responsabilidades.

–¿Qué pasa una vez que los chicos completan la formación?

–Les hacemos un seguimiento de dos años después que terminan la escuela. Nos parece fundamental que, cuando ellos terminen, encuentren su primer trabajo. Puede ser temporario o no, pero lo importante es que tengan un trabajo digno y aprendan a sostenerlo. En el interior, algunos chicos trabajan durante el verano para sostener sus estudios durante el resto del año. Este es un programa de inclusión social, pero una inclusión social sobre la base del esfuerzo de cada persona. Los acompañamos durante los dos años siguientes porque sabemos que no es tan fácil: por ahí van a entrevistas y se desaniman. Hoy tenemos un 75% de inserción laboral efectiva; el 60% de nuestros egresados estudia y trabaja.

–La reforma educativa que propuso la Ciudad de Buenos Aires, con fuerte foco en lo laboral, generó mucha polémica este año. Según la experiencia de Pescar, ¿qué le aporta a un chico el acercamiento al mundo del trabajo?

–Para mí lo más importante es que pasen el “cerco” de la empresa. Ellos van y son uno más: comparten el almuerzo, el día de trabajo, las vivencias de los empleados. Ven las nuevas formas de trabajo, más autónomas, que obligan a que cada uno se ponga sus propios límites y sea responsable en su gestión.

Nosotros tratamos de que los chicos sean conscientes de la necesidad de aprender permanentemente. Insistimos en el uso de las nuevas tecnologías, les enseñamos cómo presentarse en una entrevista, para qué sirve el currículum. También enfatizamos la importancia de las relaciones, a quién pedir ayuda, cómo trabajar en equipo. Me parece fundamental que los jóvenes tengan esa posibilidad, sobre la base de la libertad: que ellos puedan elegir adónde van, y que tengan un espectro más amplio de opciones.

Es importante que los jóvenes estén preparados para aceptar la incertidumbre y estén abiertos a seguir aprendiendo. Si sos responsable, si sabés trabajar en equipo, si tenés la autoestima alta, si sabés pedir ayuda y si tenés la capacidad de aprender a aprender, tenés las herramientas necesarias para construir tu futuro.

–El Consejo Federal de Educación acaba de aprobar la Secundaria 2030. ¿Cuáles son para vos los cambios más urgentes que necesita la secundaria?

–Creo que hay que priorizar la formación de la persona, las habilidades para el siglo XXI: ser autónomo, tener pensamiento crítico y constructivo, tener autoestima, saber comunicar. Trabajar esto de manera transversal a las materias, en equipo. Y acompañar eso con conocimientos que sean útiles para su futuro. Generar en los chicos la idea de que vos lográs tu futuro por vos mismo, algo que no es tan claro porque en la escuela todo se hace en grupo.

Nosotros trabajamos con muchas escuelas y enseguida te das cuenta cuando hay un director y un equipo de docentes que ama la educación: la escuela es otra cosa. Con los mismos recursos, o con menos recursos que otras. Transitan las distintas reformas educativas, porque lo más importante es el espíritu que ponen los directivos y el proyecto institucional de la escuela; eso se ve en los resultados de los chicos.

 

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