Uno de cada 3 alumnos no alcanza buenos resultados en Ciencias Naturales

Uno de cada tres estudiantes argentinos (32,5%) de 6° grado de primaria obtuvieron desempeños básicos o por debajo de básicos en la prueba Aprender 2017. Hay disparidades entre provincias, niveles socioeconómicos y sector de gestión. Las evaluaciones internacionales arrojan resultados aún más bajos.

CRÉDITO: CCDC / Flickr

La alfabetización científica es considerada, en los sistemas educativos de todo el mundo, una meta fundamental en la formación de ciudadanos preparados para desenvolverse en la sociedad actual, atravesada por los avances científicos y tecnológicos. Sin embargo, en Argentina 1 de cada 3 estudiantes de primaria no alcanzaron el nivel satisfactorio en Ciencias Naturales en la última prueba Aprender.

Los datos surgen del informe “¿Qué nos dicen los resultados de Aprender en Ciencias Naturales?” del Observatorio Argentinos por la Educación, con autoría de Melina Furman, investigadora y docente de la Universidad de San Andrés. El informe hace foco en los resultados de las evaluaciones Aprender 2017 de nivel primario y analiza las disparidades entre provincias, niveles socioeconómicos y sector de gestión (estatal o privado).

“Los resultados de Aprender nos muestran que, en términos generales, buena parte de los chicos y chicas terminan la primaria habiendo alcanzado aprendizajes fundamentales en Ciencias Naturales –explica Furman–. Esto es importante, porque el pensamiento curioso y sistemático que caracteriza a las ciencias nos ayuda a tomar mejores decisiones y participar en debates sobre salud, medioambiente y tantos otros temas que hoy están atravesados por los avances científicos y tecnológicos”.

FUENTE: Observatorio Argentinos por la Educación

Los datos indican que, a medida que el estrato socioeconómico de los alumnos es más bajo, se incrementa el porcentaje de niños y niñas en los niveles más bajos de desempeño. En el estrato socioeconómico alto, el 82,3% de los estudiantes (un 14,8% por encima del promedio nacional) alcanza el nivel satisfactorio o avanzado, mientras que en el estrato bajo, solo el 52,0% de los alumnos (un 15,5% por debajo del promedio nacional) logran esos niveles.

El sector de gestión privada presenta, en promedio, mejores desempeños que el estatal. En las escuelas de gestión privada, 8 de cada 10 estudiantes (83,7%) obtuvieron los mejores niveles de desempeño, mientras que en el sector de gestión estatal son 6 de cada 10 (61,5%). Las disparidades se mantienen al contemplar el nivel socioeconómico: entre los estudiantes del estrato alto, en el sector de gestión estatal, 7 de cada 10 se ubican en los mejores niveles de desempeño; en el sector de gestión privado, son casi 9 de cada 10.

“Llama mucho la atención el hecho de que un porcentaje tan alto de los alumnos (67,5%) alcance los niveles satisfactorio y avanzado. Los resultados de las pruebas PISA y los de la prueba TERCE muestran rendimientos mucho peores con relación a las ciencias. En el último caso, solo el 20% de los alumnos se encuentra en niveles equivalentes –advierte Guillermo Jaim Etcheverry, presidente de la Academia Nacional de Educación–. Más allá de esta consideración, el estudio confirma, como lo han mostrado evaluaciones anteriores, que los resultados son mejores en alumnos de familias de mayor nivel socioeconómico y en aquellos que concurren a escuelas de gestión privada”.

FUENTE: Observatorio Argentinos por la Educación

Los resultados de la prueba regional TERCE (que evaluó Ciencias Naturales en 6° grado en 2013) muestran rendimientos mucho peores con relación a las ciencias. TERCE define 5 niveles de desempeño: del I al IV y por debajo de I. Solo el 18,09% de los alumnos argentinos se ubicaron en los dos niveles más altos (III y IV) en TERCE 2013. La enorme mayoría de los alumnos de 6° grado llega como máximo al nivel 2, que les exige reconocer relaciones de causalidad, clasificar seres vivos, acceder a información presentada en distintos formatos y ordenarla. Solo hay un 1,8% en el nivel 4, el más alto, que requiere más abstracción y formalización, y exige por ejemplo identificar los conocimientos científicos involucrados en una situación problemática.

En cuanto a las disparidades provinciales, los datos de Aprender 2017 muestran que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, La Pampa y Córdoba obtuvieron el mayor porcentaje de estudiantes en los mejores niveles de desempeño (79,3%; 76,9% y 75,7%; respectivamente). En el otro extremo se encuentran Chaco, Santiago del Estero y Catamarca (55,5%; 56,0%; y 57,7%; respectivamente). En todas las provincias, a medida que se hace foco en desempeños de alumnos de estratos económicos más altos, los resultados son mejores.

“Si queremos mejorar la educación, tenemos que tener un diagnóstico fiel y genuino, aunque a veces duela”, plantea Diego Golombek, investigador del Conicet y profesor de la Universidad Nacional de Quilmes.

FUENTE: Observatorio Argentinos por la Educación

“Siete de cada 10 alumnos de primaria tienen un buen nivel en Ciencias Naturales… Antes de iniciar los festejos, es imprescindible romper ese número, descomponerlo. Y aquí aparecen los fantasmas: ese porcentaje de alumnos que están bien no es nada homogéneo; depende, sobre todo, del nivel socioeconómico de las familias, de la provincia en que se mida, del tipo de gestión pública o privada”, agrega Golombek. Y resume: “Ese 70%, entonces, es ilusorio: es un alumno promedio que no existe, que mezcla realidades extremadamente diversas. Queremos una educación excelente, claro que sí… pero también más justa, más equitativa, más para todos”.

Para mejorar estos resultados, otro informe elaborado por Melina Furman, Mariana Luzuriaga, Inés Taylor, María Victoria Anauati y María Eugenia Podestá (investigadoras de la Universidad de San Andrés – UdeSA) encontró que en las escuelas primarias públicas de la Ciudad de Buenos Aires suele dedicarse las Ciencias Naturales menos de la mitad de las horas previstas por la currícula. Y en ese tiempo predominan las actividades de lectura y búsqueda de información, en vez de tareas propias del quehacer científico.

Por eso, el estudio sugiere aumentar las horas de clase destinadas a la enseñanza de las ciencias, además de modificar el tipo de actividades que se proponen en el aula, dando más espacio a actividades de observación y experimentación sobre objetos y procesos naturales, formulación de conclusiones, debates o actividades de metacognición. Otro desafío es fortalecer la formación docente.

Furman concluye: “Si miramos los datos en clave de equidad, vemos que los estudiantes que provienen de familias con menores recursos siguen siendo aquellos con menores oportunidades y, por lo tanto, con desempeños más bajos. Los resultados nos vuelven a mostrar la necesidad urgente de fortalecer la educación en contextos de pobreza, donde todavía muchos niños y niñas salen de la escuela con menos herramientas para la vida que sus pares de familias más favorecidas. Nos vuelven a revelar las desigualdades de origen que la escuela no está pudiendo revertir”.

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