“Si cada uno hace la diferencia, al final obligaremos al sistema a cambiar”

Silvana Corso, la única finalista argentina en la última edición del Global Teacher Prize, explica su visión sobre el liderazgo del director en una escuela inclusiva. También señala las contradicciones del sistema educativo, a la vez que ratifica su convicción de que la educación debe transformarse desde abajo.

Silvana es directora de la Escuela de Educación Media Nº 2 "Rumania" de Villa Real, que se caracteriza por su trabajo inclusivo.

Silvana Corso fue una de las 50 finalistas de la última edición del Global Teacher Prize, el “Premio Nobel” de la educación. Ella es profesora de Historia, magíster en Inclusión Educativa y directora de la Escuela de Educación Media Nº 2 “Rumania”, en el barrio porteño de Villa Real. La escuela se caracteriza por su trabajo inclusivo: la mayoría de sus 500 alumnos provienen de Fuerte Apache, con un contexto social crítico; muchos de ellos tienen discapacidades físicas o psíquicas (desde parálisis cerebral o esquizofrenia, hasta espina bífida).

Con una convicción inquebrantable y con una mirada crítica sobre el sistema educativo, Silvana conversó con Eduprensa sobre el rol del directivo, los contrastes del sistema y la necesidad de transformar las escuelas en el trabajo diario. También reclamó, como lo viene haciendo desde hace tiempo, por los urgentes problemas de infraestructura que enfrenta su escuela. Entre otros, la falta de un ascensor, que resulta imprescindible en una escuela con alumnos con discapacidad motora.

–¿Cómo es la convivencia en la Escuela Rumania, entre alumnos que tienen en común la exclusión (por su origen social o por su discapacidad)?

–En el recreo, lo que abunda es la diferencia. Entonces, en esa diferencia se encuentran con que todos pasan desapercibidos. La convivencia se trabaja, se genera cultura inclusiva. El chico que ingresa al colegio no tiene esos principios incorporados. Durante el primer año es fundamental el trabajo con los tutores y el equipo de preceptores sobre la aceptación del otro. Trabajamos esto con distintas dinámicas, de manera colaborativa, por ejemplo para formar un equipo que respete los tiempos del otro, las singularidades. Proponemos dinámicas de grupo, y primero se las hacemos experimentar a los profes para que puedan elegir la dinámica ideal para su grupo. Hacemos mucha dinámica grupal, mucho trabajo con textos que disparan la reflexión, mucha introspección, mucho trabajo de reconocerse y presentarse al otro. Con eso lográs pertenencia.

Nosotros no tenemos problemas de bullying. Cada tanto hay alguna piña, y la explicación es: “Me miró mal”. No es que hay acoso. El mismo centro de estudiantes trabaja mucho a partir de los principios de la escuela. Tienen una comisión de género, otra de cuidado del edificio.

–Hoy el debate educativo suele destacar la importancia del liderazgo del director. ¿Qué condiciones mínimas tiene que garantizar el sistema para potenciar ese liderazgo?

–Lo primero es que tendría que aggiornarse el sistema mismo. La Ley es clara, pero las resoluciones son contradictorias a la hora de facilitarle al directivo conducir una escuela inclusiva. Hay un montón de barreras para llevar adelante un proyecto que realmente atienda a todos los alumnos. Por ejemplo, si yo quiero atender la singularidad y respetar el recorrido particular de un alumno, la realidad es que la fragmentación y la graduación del sistema te impiden armar un proyecto a la medida de un chico. Si vos le armás un proyecto de dos años para cursar primer año, lo tenés que hacer figurar como repetidor. ¿Y si quiere adelantar? Tengo que hacerle trampa al sistema y hacerlo figurar como un alumno que rinde libre. Un pibe que funciona muy bien, que es disruptivo porque se aburre, ¿por qué no puede adelantar el año?

O cuando querés sacar a los chicos de la escuela: hay tanta burocracia, tanto papelerío. Por ejemplo, un campamento: si justo 30 días antes no entró el pedido, la Dirección de Educación Media de la Ciudad no te firma la salida al campamento. A nosotros nos cuesta tanto lograr coordinar eso. A veces no llegamos a meter todos los papeles 30 días antes. Y hay chicos que por eso se pierden la oportunidad, chicos que tal vez no se fueron nunca ni se van a volver a ir.

Mi preocupación es cumplir la Ley, que está por encima de las resoluciones: la ley dice que la escuela es para todos, que tenemos que garantizar el derecho a la educación y no perder a los pibes.

–¿Cómo fue la vuelta a tu escuela después de haber quedado entre los 50 mejores docentes del mundo y haber participado del Foro Global de Educación y Capacidades en Dubai?

–Mi vuelta fue rara, porque venía de Dubai, de un mundo increíble, y ni bien llegué terminé en Plaza de Mayo porque estaba la Marcha Federal. El contraste fue fuerte: me bajé del avión y me fui a la marcha.

La escuela estaba necesitando un montón de cosas. En diciembre (cuando se conoció la nominación al premio), nos prometieron que las iban a resolver, y cuando pasó la noticia, pasaron también las promesas. Ahora seguimos teniendo problemas de accesibilidad en el edificio, seguimos teniendo un agujero donde iba a haber un ascensor. A veces lo tapamos creativamente y hacemos unos murales muy bonitos, y otras veces lo dejamos más expuesto. Necesitamos ese ascensor por el tipo de población que tiene la escuela.

También tenemos unos baños que pierden e inundan la secretaría que está abajo, dos aulas que no se terminaron, la casa de la casera se llueve toda, entonces ella tampoco se termina de mudar… Además, estuvieron cinco años para terminar el bufet; ahora estamos esperando que en algún momento lo habiliten. Y la calefacción funciona por sectores. En invierno tenemos zonas de la escuela sin calefacción.

–Una de las tareas fundamentales del directivo es el desarrollo profesional docente. ¿Cómo ves la carrera docente? ¿Cómo se la podría mejorar?

–La realidad es que, al terminar el profesorado, no salen preparados para el aula real. Y el sistema enseguida los pone en una vorágine de acumular puntaje, hacer cursos de cualquier cosa para titularizar. Es entendible. Pero tendrían que tener una orientación. Cuando entra un docente jovencito a la escuela, siempre le digo: una cosa es la carrera docente para titularizar, y otra cosa es tu formación. No siempre coinciden los cursos donde te anotás, con la calidad y con lo que necesitás. Si coinciden, bárbaro. Si no coinciden, no dejes de formarte. Claro, hacés el curso de la germinación de porotos porque te da 0,45 puntos, mientras que los congresos, si no exponés, no te dan puntaje. Yo les digo que no dejen de ir a los congresos, porque ahí aprendés más que en un curso. Yo vivo de congreso en congreso, y después me hacen todos los descuentos. Casi me descuentan los días por haber participado del Foro en Dubai, pero finalmente no me descontaron.

No es la primera vez que me pasa. Por ejemplo, viajé a Cuba para participar de un Taller Mundial de Educación Inclusiva. Dirijo una escuela que trabaja con un proyecto inclusivo; fui a una capacitación internacional, para exponer sobre educación inclusiva. Vuelvo, y me descuentan los días. En ese momento estaba Esteban Bullrich como ministro de Educación de la Ciudad. Le escribí una carta, le mandé mi currículum y le pregunté qué tipo de directivos quería en sus escuelas. Después de eso, dieron marcha atrás: solo me descontaron el día en que viajé.

–¿Cómo es el egresado de la Escuela Rumania?

–Formamos ciudadanos comprometidos con el otro, capaces de transformar la sociedad. Eso nos enorgullece. A cualquier lugar donde voy, yo voy a denunciar y a protestar, porque corresponde. Pero eso no me impide avanzar. No estoy atrincherada, porque primero están los chicos. Yo resisto en el discurso, pero avanzo. Si me voy a quedar esperando que el sistema cambie, se pasan generaciones de pibes. Si vas a poner el sistema como excusa, dedicate a otra cosa. Porque el sistema históricamente no respondió. Para mí hay que transformar el sistema desde la base. Hay que crear otra escuela. Yo siempre digo: la revolución la iniciamos en las escuelas, y así podemos llegar a cambiar el sistema. Si cada uno hace la diferencia en su escuela, al final vamos a obligar al sistema a cambiar. No podemos esperar a que el sistema cambie.

 

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